Significado de SIDA

Análisis de sangre para confirmar la presencia o no del SIDA en el organismo

¿Qué es el SIDA?

La palabra SIDA corresponde a las siglas de síndrome de inmunodeficiencia adquirida. Constituye un grupo de enfermedades asociadas con la infección por el virus de inmunodeficiencia humana (VIH), las cuales son reflejo de una falla en la función de los linfocitos T, un grupo de células del sistema inmune involucradas en las actividades de defensa.

Epidemiología del VIH

La infección por el VIH ha alcanzado la magnitud de pandemia, existiendo casos en todos los países, la gran mayoría en África.

Se estima que en mundo 37 millones de personas están infectadas por el virus. Cada año se diagnostica un promedio de 2 millones de nuevos casos de infección por VIH y mueren unas 900.000 personas por SIDA.

Identificación de los agentes causales: VIH-1 y VIH-2

El SIDA es debido a la infección por un retrovirus, el virus de inmunodeficiencia humana (VIH). Este microorganismo fue identificado en 1983, aislándose dos tipos: el VIH-1 y el VIH-2. El agente causante del SIDA más común a nivel mundial y especialmente a nivel occidental es el VIH-1.

Una vez que el virus ingresa al organismo se une a un tipo de células de la sangre, los linfocitos, en especial a los linfocitos CD4. Allí se replica dando origen a nuevos virus que pasan a la sangre para continuar este ciclo. Cuando se afecta el funcionamiento de estas células aparecen las enfermedades que caracterizan al SIDA.

Transmisión de VIH

El VIH es un virus de trasmisión sexual. Los primeros casos, descritos en los años 80, ocurrieron en hombres homosexuales. Actualmente la mayor tasa de transmisión ocurre entre heterosexuales.

El virus se puede encontrar en el semen, en el cuello del útero y en las secreciones vaginales, siendo mayores sus concentraciones cuando existen procesos inflamatorios relacionados con otras enfermedades de transmisión sexual, en donde puede haber lesiones de las mucosas como úlceras que facilitan la entrada del VIH al organismo. Otro factor que influye en el riesgo de adquirir este virus es la circuncisión. Los varones que conservan el prepucio tienen un mayor riesgo de desarrollar la infección.

Otras formas de transmisión incluyen las transfusiones sanguíneas, la recepción de órganos o tejidos infectados y el uso de drogas, en especial cuando estas se administran por vía intravenosa y se comparten agujas y jeringas. Se ha comprobado que la administración de este tipo de drogas por vía subcutánea e intramuscular también aumenta el riesgo de adquirir la infección. Esta transmisión por punción es un riesgo latente en los profesionales de la salud, como consecuencia de accidentes al momento de efectuar procedimientos en pacientes infectados.

Un punto especial es la transmisión de la madre al hijo. El virus puede ser transmitido al feto durante el embarazo, durante el parto e incluso con la lactancia. Por esta razón no es recomendable que las madres infectadas amamanten a sus hijos.

Si bien se ha aislado el virus en la saliva de algunas personas enfermas, no hay evidencia que indique que la enfermedad pueda ser transmitida por esta vía. Lo mismo ocurre con otras secreciones como las lágrimas, el sudor o la orina.

Fases y características principales

La infección por el VIH disminuye la población de linfocitos del tipo T, estas células son las encargadas de activar las respuestas del sistema inmune frente a agentes agresores como los microorganismos y las células tumorales.

La disminución de los linfocitos T inactiva al sistema de defensas, lo que favorece el desarrollo de infecciones por agentes que no atacan a individuos sanos, de allí que se conozcan como enfermedades oportunistas.

En la medida que el virus se replica, y se deteriora el sistema inmunitario, la enfermedad va avanzando por diversos estadios.

Infección aguda. 7 de cada 10 personas que se infectan con el VIH desarrollan síntomas al cabo de 3 a 6 semanas de la infección. Estos síntomas son muy generales y similares a los producidos por muchos otros virus. Incluyen fiebre, dolor de cabeza, faringitis, dolor muscular, malestar, decaimiento, agrandamiento de los ganglios linfáticos y erupción en la piel.

Fase de latencia. Una vez que se adquiere la infección transcurre un tiempo de hasta 10 años en los que la persona no presenta ningún síntoma, sin embargo, en esta fase el virus se replica y va disminuyendo los valores de linfocitos T CD4+.

Enfermedad sintomática. Una vez que se alcanzan niveles de linfocitos T CD4+ por debajo de 200/µl se presentan las manifestaciones de la falla del sistema inmune. Es en esta fase de la enfermedad cuando realmente se habla de SIDA como tal, se caracteriza por el desarrollo de infecciones por agentes que no producen una enfermedad grave en personas con un sistema inmune que funciona de forma adecuada.

¿Cómo diagnosticar el SIDA?

El diagnóstico definitivo de la enfermedad se establece al identificar la presencia del virus, para ello se realizan pruebas en sangre. Cuando una prueba inicial da resultado positivo se realiza una segunda prueba confirmatoria empleando otro método.

Estas pruebas se basan en la identificación de anticuerpos frente al VIH, por lo que se requiere de 3 a 6 meses tras la infección para poder hacer el diagnóstico. Antes de este período de tiempo las pruebas efectuadas pueden resultar falsamente negativas.

En el caso de los niños menores de 18 meses el diagnóstico se basa en la detección del virus, ya que los anticuerpos maternos pasan a la sangre de los niños dando resultados que pueden ser falsos positivos.

Enfermedades oportunistas en personas con SIDA

En presencia de una falla del componente del sistema inmune formado por células (el otro componente llamado humoral lo forman los anticuerpos), se desarrollan infecciones por microorganismos como Pneumocystis carinii, Candida, Citomegalovirus, micobacterias y hongos como Cryptococcus neoformans e Histoplasma capsulatum.

Estos agentes ocasionan una gran variedad de enfermedades infeccionas: sinusitis, bronquitis, neumonía, meningitis, encefalitis, faringitis, esofagitis, gastroenteritis, hepatitis, infecciones urinarias, uretritis, vaginitis.

Además de las enfermedades infecciosas, las personas con SIDA desarrollan trastornos como afecciones del musculo del corazón, anemia, dermatitis y diversos tipos de lesiones malignas como el sarcoma de Kaposi, linfomas, melanomas y carcinomas en boca y ano.

Tratamiento del SIDA

En los primeros años tras su descubrimiento el SIDA era una enfermedad mortal. Hoy en día, aunque aun no hay una cura definitiva, el tratamiento disponible ha convertido a este padecimiento en una enfermedad crónica, con la que los pacientes pueden vivir y tener una buena calidad de vida.

El tratamiento consiste en el uso de medicamentos dirigidos contra el VIH, conocidos como antirretrovirales, una serie de antimicrobianos y aplicación de vacunas para prevenir las infecciones oportunistas. Los fármacos antirretrovirales han evolucionado en estos últimos años llegándose en la actualidad al uso de esquemas combinados de los mismos, como estrategia para evitar el desarrollo de resistencia y disminuir los efectos adversos derivados de su uso.

Con estos fármacos se ha logrado disminuir la cantidad de virus en la sangre hasta un nivel indetectable, lo que disminuye el riesgo de transmisión a los compañeros sexuales y la posibilidad de adquirir enfermedades oportunistas.

Prevenir el SIDA

La estrategia más eficaz frente a problemas como el SIDA es la prevención.

La mejor forma de prevenirlo es mediante la educación que se enfoque a lograr cambios en la conducta de las personas en riesgo. Debe procurarse generar conciencia sobre la práctica de un sexo seguro, tanto en quienes se encuentran infectados como en las personas sanas.

Los mejores métodos incluyen la monogamia entre parejas sanas o el uso de métodos de barrera como el preservativo, que para alcanzar una mayor tasa de protección debe ser usado durante todo el acto sexual. También es necesario abandonar el uso de drogas por vía intravenosa incorporando al drogadicto a un programa de tratamiento.

La medida preventiva más eficaz es la vacunación. Aunque aún no se dispone de una vacuna contra el VIH, esta se encuentra en investigación desde hace ya varios años y con seguridad estará disponible en el futuro próximo.