Definición de Adonai

1. Título reverencial hebreo utilizado para referirse a Dios en la tradición judía, empleado como sustituto oral del nombre divino impronunciable, el Tetragrámaton YHWH. Ejemplo: 'Durante la lectura de la Torá, el rabino pronuncia Adonai cada vez que aparece el nombre sagrado'.

2. En el contexto litúrgico cristiano, título que se conserva en oraciones, himnos y textos teológicos como designación solemne de la divinidad. Ejemplo: 'El coro entonó Adonai en el responsorio del oficio vespertino'.

3. Derivación de sentido. Expresión de sometimiento reverente o invocación de autoridad suprema en contextos poéticos, musicales o filosóficos. Ejemplo: 'La composición utiliza Adonai como invocación central de su estructura lírica'.

Etimología: Del hebreo אֲדֹנָי (Adonai), forma plural mayestática de אָדוֹן (adón), por 'señor', 'amo', 'soberano', con el sufijo posesivo de primera persona -ai, literalmente 'mis señores' o, en lectura mayestática, 'mi Señor'. La raíz semítica אדן (ʾ-d-n) se vincula con la noción de autoridad, dominio y soberanía. El plural no indica multiplicidad de dioses —lo cual contradice el monoteísmo hebreo— sino que opera como un plural de majestad o intensificación, recurso gramatical frecuente en el hebreo bíblico que también se observa en Elohim, otra designación divina construida como plural. La misma raíz aparece en el fenicio adón y, por extensión, en el nombre del dios Adonis de la mitología griega, tomado del fenicio a través del contacto cultural en el Mediterráneo oriental.

Adonai

Adonai ocupa un lugar singularísimo en la historia de las religiones: es una palabra cuya existencia se debe a la prohibición de pronunciar otra. Para comprender su sentido es imprescindible entender primero qué es el Tetragrámaton —las cuatro consonantes hebreas יהוה (YHWH)— y por qué se volvió impronunciable. A diferencia de otros títulos divinos como El (‘dios’ en sentido genérico), Elohim (‘Dios’ en sentido mayestático) o El Shaddai (‘Dios todopoderoso’), YHWH es el nombre propio de Dios revelado a Moisés en el episodio de la zarza ardiente (Éxodo 3:14), cuya pronunciación original se perdió tras siglos de interdicción. Adonai surgió, entonces, como la palabra que se dice en lugar de la que no debe decirse: un sustituto que, paradójicamente, terminó adquiriendo una sacralidad propia.

El Tetragrámaton y la prohibición de pronunciarlo

El mandamiento de no tomar el nombre de Dios en vano (Éxodo 20:7, Deuteronomio 5:11) fue interpretado por la tradición rabínica no solo como una prohibición del uso frívolo, sino, progresivamente, como una interdicción absoluta de la pronunciación del nombre divino fuera del contexto del Templo de Jerusalén. Según la Mishná (tratado Yomá 6:2), el Sumo Sacerdote pronunciaba el nombre YHWH una vez al año, durante el servicio de Yom Kippur, en el Sancta Sanctorum. Tras la destrucción del Segundo Templo por los romanos en el año 70 d. C., desapareció el único contexto litúrgico en que la pronunciación estaba autorizada, y con el paso de las generaciones se perdió la vocalización original. Gershom Scholem, en Major Trends in Jewish Mysticism (Schocken Books, 1941), señaló que esta pérdida no fue accidental sino el resultado de una teología que concebía el nombre divino como portador de un poder tan inmenso que su pronunciación incorrecta o profana constituía un peligro espiritual.

En la lectura sinagogal, cada vez que el lector encuentra las consonantes YHWH en el texto bíblico, pronuncia en su lugar Adonai. Los masoretas —los eruditos judíos que entre los siglos VII y X d. C. desarrollaron el sistema de vocalización del texto hebreo— colocaron bajo las consonantes de YHWH las vocales correspondientes a Adonai (con una ligera modificación en la primera vocal: shevá en lugar de hataf pataj), como recordatorio de que debía leerse el sustituto y no el nombre. La lectura errónea de esas consonantes con esas vocales produjo, siglos después, la forma híbrida «Jehová» —un artefacto lingüístico que no corresponde ni a la pronunciación original de YHWH ni a la de Adonai—. Los estudiosos coinciden mayoritariamente en que la vocalización más probable del Tetragrámaton era Yahweh, como argumentó William F. Albright en From the Stone Age to Christianity (Johns Hopkins Press, 1940) y ha sido corroborado por la investigación posterior.

La teología del nombre en el judaísmo

La relación entre el nombre divino y la esencia de Dios constituye uno de los ejes centrales de la teología judía. En el pensamiento bíblico, el nombre no es una etiqueta convencional: posee una relación intrínseca con la naturaleza de aquello que nombra. Cuando Dios revela su nombre a Moisés mediante la expresión Ehyeh asher Ehyeh (Éxodo 3:14) —traducida habitualmente como ‘Yo soy el que soy’ o ‘Seré el que seré’—, la formulación misma resiste la fijación: el nombre divino se presenta como un verbo en movimiento, no como un sustantivo estático. Abraham Joshua Heschel, en God in Search of Man: A Philosophy of Judaism (Farrar, Straus and Cudahy, 1955), interpretó esta resistencia como expresión de un Dios que no se deja atrapar por categorías humanas y cuyo nombre apunta hacia una realidad que excede permanentemente la capacidad de designación del lenguaje.

La tradición cabalística profundizó esta línea hasta sus consecuencias más extremas. En el Zohar, obra central de la Cábala compilada en el siglo XIII y atribuida tradicionalmente a Shimón bar Yojai, los distintos nombres divinos —YHWH, Elohim, Adonai, El Shaddai— no son sinónimos intercambiables sino que corresponden a diferentes sefirot (emanaciones o atributos) a través de los cuales lo divino se manifiesta en el mundo. Adonai, en este esquema, se asocia con la sefirah de Maljut (Soberanía), la dimensión divina más cercana a la experiencia humana, el punto donde lo trascendente se hace accesible.

Adonai en el cristianismo y el diálogo interreligioso

La tradición cristiana heredó el uso de Adonai a través de la Septuaginta, la traducción griega del Antiguo Testamento realizada en Alejandría entre los siglos III y II a. C. Los traductores vertieron sistemáticamente YHWH como Kýrios (Κύριος), equivalente griego de ‘Señor’, reflejando la práctica judía de leer Adonai en lugar del Tetragrámaton. Esta traducción tuvo consecuencias teológicas profundas: en el Nuevo Testamento, el título Kýrios se aplicó a Jesús de Nazaret, estableciendo una identificación cristológica con el Dios del Antiguo Testamento que constituye uno de los fundamentos doctrinales del cristianismo. Larry Hurtado, en Lord Jesus Christ: Devotion to Jesus in Earliest Christianity (Eerdmans, 2003), argumentó que esta transferencia del título fue uno de los fenómenos religiosos más significativos del siglo I, por cuanto implicó atribuir a un ser humano histórico la designación reservada al Dios de Israel.

En el islam, aunque la palabra Adonai no se utiliza, el concepto de los nombres divinos encuentra un paralelo en los Asmāʾ Allāh al-Ḥusnā —los 99 nombres más bellos de Alá—, que operan de manera análoga como atributos mediante los cuales lo divino se hace cognoscible sin agotarse en ninguno de ellos. Esta convergencia entre tradiciones monoteístas respecto de la inefabilidad del nombre divino ha sido objeto de estudio comparativo, entre otros, por Jon Levenson en The Death and Resurrection of the Beloved Son (Yale University Press, 1993), donde exploró los sustratos comunes de las teologías abrahámicas.

El nombre como frontera del lenguaje

El fenómeno de Adonai plantea una cuestión que excede lo estrictamente religioso y toca los límites mismos del lenguaje. La idea de que existe una realidad tan fundamental que no puede ser nombrada directamente —y que el intento de nombrarla requiere un sustituto, el cual a su vez adquiere un carácter sagrado— aparece, con variaciones, en tradiciones filosóficas muy diversas. Ludwig Wittgenstein cerró el Tractatus Logico-Philosophicus (1921) con la célebre proposición de que aquello de lo que no se puede hablar debe ser pasado en silencio, una formulación que, sin ninguna intención teológica, describe con exactitud la lógica que subyace al uso de Adonai: ante lo innombrable, el lenguaje traza un rodeo reverente.

En la tradición judía contemporánea, la práctica se extiende incluso al propio sustituto: muchos judíos observantes evitan pronunciar Adonai fuera de la oración y el estudio litúrgico, reemplazándolo por HaShem —literalmente, ‘El Nombre’—, generando así un sustituto del sustituto, una segunda capa de distancia reverencial que pone de manifiesto hasta qué punto el acto de nombrar a Dios sigue siendo, para esta tradición, una operación cargada de gravedad y consecuencia.

 
Autor: Editorial.

Trabajo publicado en: Mar., 2026.
Datos para citar en modelo APA: Editorial (marzo, 2026). Definición de Adonai. Significado.com. Desde https://significado.com/adonai/
 

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