Significado de Depresión y Tristeza Definición, Diferencia, y Abordaje

Definición formal

La depresión es un cuadro que puede aparecer dentro de estructuras tanto neuróticas como psicóticas, es decir, es un conjunto de síntomas, que en cada estructura cobra cierto tinte particular. Resulta esencial desligar la depresión de la voluntad. Una persona que padece este cuadro no puede, simplemente esforzándose, lograr recuperar el interés de relacionarse con el mundo o consigo misma. Necesita ayuda externa.

La tristeza, si bien puede ser una señal de depresión, es un estado emocional que condiciona el comportamiento y las interacciones sociales del momento (o incluso por un período significativo), pero no impide que uno encuentre voluntad para hacer las cosas y sobrellevar la situación por sí mismo a partir de una charla con amigos o participando de un encuentro social. Porque la vida no es un estado continuo de alegría.

Diferencia entre depresión y tristeza

Estas dos nociones suelen confundirse constantemente en el lenguaje cotidiano, apoyados en la lógica del sentido común, incluso mucha gente cree, erróneamente, padecer depresión debido a ello, pero, en realidad, las diferencias son estrictas para las ciencias de la Psiquiatría y la Psicología.

Pongamos un ejemplo: “María está muy triste porque acaba de separarse de su ex pareja, con quien se había hecho grandes ilusiones respecto a un futuro compartido. Llora día y noche, mira a la Luna y suspira pensando en lo que no pudo ser”. Pero la tristeza de María no le impide salir de la cama, alimentarse, bañarse o comunicarse mínimamente, puesto que, sino, hablaríamos de depresión, que es un concepto mucho más complejo, así como lo es el tratamiento.

La depresión interfiere en las cosas más sencillas de la vida cotidiana; la persona se ve imposibilitada de hacer cosas que imprescindibles para el cuidado de la vida, como incorporar alimentos o hacer ejercicio y, también, cosas que a simple vista resultan bastante sencillas, pero importantes para la vida social, como lavarse los dientes o peinarse.

Pongamos ahora un ejemplo de la depresión: “Juana no puede levantarse de la cama, no encuentra un sentido, todo es en vano, ella siente que no vale la pena, se siente insignificante e impotente; hace una semana que no se cambia de ropa o tiene interés en entablar una conversación”.

Abordaje de la tristeza

Este sentimiento es más bien transitorio y no necesariamente requiere asistencia profesional. Cosas que pueden animarnos cuando estamos tristes son rodearnos de gente que nos quiere, cuida y trata respetuosamente; salir a reuniones o fiestas; ver amigos; hacer un deporte que nos guste; comer algo rico; ver una serie o una película cómica; hacer cambios en nuestras vidas sobre algún aspecto que nos tenga inconformes; etcétera.

Estamos tristes cuando algo de la realidad no coincide con nuestro deseo, es decir, queremos algo que no se pudo o puede. Por ejemplo, cuando una pareja se separa o un grupo de amigos se distancia, cuando se tiene un mal día en el trabajo, si se desaprueba un examen o se enferma una mascota querida.

La tristeza puede ser ocasional o duradera, sin por ello constituir un cuadro depresivo, que sólo puede ser diagnosticado por un psicólogo o un psiquiatra.

Bailar, cantar, reír, hacen que la tristeza se apacigüe, así como “mirar el vaso medio lleno” y pensar en otras posibilidades, distintas a las que no han podido acaecer.

Es habitual estar tristes a veces, pese a que en las redes sociales nos quieran vender que tenemos que estar felices todo el tiempo y si no, entonces tenemos un problema. No obstante, lo raro sería justamente estar constantemente alegres, porque la vida tiene escollos y no somos robots que puedan (o deban) mantener la sonrisa en cualquier circunstancia. Estar triste está bien, suele ser transitorio y es una emoción más, aunque socialmente tenga una carga negativa.

Depresión e hipotiroidismo

La confusión entre ambos es bastante frecuente, así como nociva. Cuando se confunden los síntomas del hipotiroidismo, especialmente la fatiga crónica, con un cuadro depresivo, se está pasando por alto el problema hormonal, que debe ser tratado por un médico endocrinólogo, con farmacología específica, estudios y controles, ecografías de tiroides, etc.

Por lo tanto, ante los síntomas mencionados, lo primero que hay que hacer es descartar problemas hormonales y, si los chequeos médicos salen bien, ahí se puede empezar a pensar en la depresión.

Por ejemplo: “Merlín toma antidepresivos, pero en realidad tiene hipotiroidismo. Por lo tanto, su glándula tiroides no funciona correctamente, ni está tratada, lo que constituye un peligro para su salud. Tampoco se resuelve el problema, porque el tratamiento se basa en un origen incorrecto, respecto del malestar clínico”.

Síntomas de la depresión

Los más recurrentes son la tristeza, apatía, falta de intereses, no levantase de la cama, bañarse o asearse de ninguna manera, no querer comer, salir o ver gente. También el cansancio extremo, sin necesariamente haber hecho algún esfuerzo psíquico o mental significativo.

Otro síntoma importante es el problema que supone conseguir cierto grado de concentración, finalizar tareas empezadas, emprender o continuar proyectos, pensarse a futuro, cuidar de uno mismo o de otros. Sentirse inútil, vacío, culpable, son también manifestaciones frecuentes.

Una persona con depresión difícilmente mantenga estabilidad laboral, pueda estudiar una carrera, mantener una relación amorosa o cumplir con sus proyectos, si su estado se hace duradero y no recibe ayuda externa, de tipo profesional. La depresión no se va viendo una película o escuchando música, tampoco saliendo con amigos.

Respuesta profesional

Cuando la situación se torna muy severa, es importante el tratamiento con psicofármacos, para la continuación de la vida, con el fin de estabilizar al individuo en cuestión. Esto siempre debe ser indicado por un Psiquiatra, único profesional autorizado para recetar esta clase de medicación.

Idealmente, dicho médico especializado en trastornos mentales, puede hacer un abordaje interdisciplinario con un psicólogo, quien le dará al sujeto otro tipo de alivio, por medio de la puesta en palabras y un espacio que lo invite a hacer algo con su padecimiento.

El psicoanálisis y la terapia cognitivo-comportamental son dos abordajes posibles frente a la depresión, dentro del campo de la Psicología, ambos válidos, aunque con diferentes herramientas, enfoques y modos de acción.