Significado de Campaña Sucia

  • Por Martina Paredes (Lic. en Comunicación)
  • Mar, 2020
  • Es la maniobra táctica dada en el proceso electoral que trata de vencer al rival político que compite por el cargo, a partir del engaño y la manipulación de la sociedad, instalando mentiras con la complicidad de medios de comunicación y actores del periodismo, quienes se resguardan bajo el paraguas de la libertad de prensa y el sigilo de las fuentes, observando que desmentir una información no tiene la fuerza de contrarrestar el daño causado por el mensaje original, porque el objetivo recae en sembrar la duda, especialmente en un ámbito cuestionado como el político.

    Objetivo: desprestigiar al rival

    Con un rol clave a instancias de la difusión de las propuestas y el ideario de los candidatos, las campañas políticas, se convirtieron en el transcurso del siglo XX en un espectáculo aparte que ostenta sus propios códigos y recursos, puestos en marcha para lograr superar al contrincante u oponente, a como de lugar…

    Si bien hay reglas preestablecidas entre los competidores, muy pocas veces se respetan a razón de la codicia, de los enojos y la ambición por salir triunfador en las elecciones.

    A cuenta y a sabiendas de la repercusión y atención que suelen despertar en la opinión pública, mucho más que las propuestas, los consultores y asesores políticos, han sumado a sus herramientas la exhibición de aquellas cuestiones más cuestionables, irritables y negativas de los contrincantes con el objetivo de sumarles rechazos y ganar el favor hacia sus representados, una jugada arriesgada pero que a juzgar por los hechos ha cosechado mucho éxito.

    Recursos: sembrar temor e incertidumbre sobre el futuro

    El miedo por el escenario que se desatará si gana tal o cual opción electoral, la falta de autoridad y la debilidad para enfrentar temas claves como ser la delincuencia, la crisis económica, y la corrupción, la participación en algún evento moralmente cuestionable, la violencia y autoritarismo en el ejercicio de poder, la vinculación con alguna situación crítica del pasado, son algunos de los recursos que se le suelen atribuir al rival para restarle votos de cara a la elección.
    La apelación al temor del electorado es sin lugar a dudas una de las estrategias probadas más efectivas de la campaña sucia.

    Las campañas electorales argentinas cooptadas por la estrategia del miedo

    En Argentina, por ejemplo, durante las campañas presidenciales de 2015 y 2019, los partidos y candidatos con más chances de ganar: Macri-Scioli (2015) y Macri-Fernández (2019) se acusaron mutuamente de propiciar un caos generalizado, en los planos político, social, y económico, de ganar uno u otro.

    Por otro lado, el peronismo kirchnerista ha recurrido al estigma de dictador para referirse en la campaña legislativa de 2017 al presidente Mauricio Macri, es decir, quien votase por su espacio lo estaría haciendo por una opción no democrática, equivalente a la dictadura militar que entre 1976 y 1983 persiguió, torturó, y asesinó a los opositores, cuando claramente la realidad no daba ni una sola prueba de ello, de todos modos, esa estigmatización se repitió incansablemente durante toda la campaña.

    Acusar de delitos

    Otro recurso muy usado en las campañas políticas de los últimos años de Argentina ha sido el de armar denuncias falsas contra los candidatos más competitivos acusándolos de enriquecimiento ilícito, de disponer de fondos no declarados ante el fisco, o de estar involucrados en delitos, tal como sucedió con los candidatos Enrique Olivera, en 2005, de quien se dijo que tenía una cuenta en el exterior con dos millones de dólares, y unos años más tarde, en 2009, con Francisco de Narváez, a quien se acusó de tráfico de efedrina.

    En el marco de la campaña electoral de 2019, se viralizó un vídeo del candidato a presidente por el espacio Frente de Todos, Alberto Fernández, en el que aparecía discutiendo y luego golpeando a una persona.

    Fake news a la orden del día

    No podemos soslayar, al abordar este tema tan crucial, a las fake news o noticias falsas, que en los últimos años han cooptado las campañas electorales de todo el mundo, especialmente la norteamericana de 2016 que ganó Donald Trump, y que han encontrado en las redes sociales como Facebook, grandes aliados.

    Básicamente consisten de información falsa que se difunde a través de los medios de comunicación masiva, internet y las redes sociales, y cuyo principal objetivo es desinformar, engañar, inducir a una interpretación de hechos errónea, a los lectores, internautas, o televidentes, ya sea para desprestigiar o atribuirle prestigio a un candidato.

    Nuevas tecnologías y medios, sus sostenes

    Vale destacarse que hoy día son el principal flagelo de desinformación que acecha a la opinión pública mundial porque, como ya señalamos, gozan del aval y la difusión de las plataformas web y los medios masivos de comunicación.

    Si bien no se trata de un recurso innovador y original porque hace siglos que se utilizan con el mismo fin, sí han adquirido en nuestro tiempo un poder inédito a razón de la instantaneidad y el alcance masivo que proponen, y todo ello a un bajísimo costo económico por cierto.

    La campaña de Donald Trump en 2016 contó con la colaboración de efectivos manipuladores y creadores de fake news que lograron a través de posteos falsos a favor del candidato en Facebook, atraerlos a sus blogs personales para seguir desinformándolos y además ganar millones de dólares a costa de difundir mentiras que luego eran replicadas por los medios tradicionales que ni siquiera se preocuparon por chequear si los datos eran verdaderos o no.

    Las fake news existieron, existen, y existirán siempre, la única manera de combatirlas y de minimizar su alcance es informándonos a través de medios profesionales que prioricen la difusión de información chequeada, y no a través de blogs partidarios o de nula reputación.

    La responsabilidad inicial, por ser las portadoras de la información, es de los medios tradicionales y de las plataformas webs, claramente, pero también nosotros, los usuarios, tenemos que hacer nuestra parte, eligiendo informadores y medios serios, no especuladores que buscan hacer un negocio con sus informaciones falsas en lugar de asistirnos, con compromiso, en el conocimiento verdadero, vía datos e información de calidad.