Definición de Inquisición

1. Institución judicial eclesiástica creada por la Iglesia Católica para investigar, perseguir y castigar las conductas consideradas heréticas, es decir, contrarias a la doctrina oficial de la fe cristiana. Ejemplo: 'Los tribunales de la Inquisición medieval actuaban bajo la autoridad del papa y operaban en coordinación con los poderes seculares para la ejecución de las penas'.

2. Tribunal permanente establecido por la Corona española en 1478 —y por la portuguesa en 1536— como instrumento de control religioso, político y social, con jurisdicción sobre los territorios metropolitanos y coloniales. Ejemplo: 'La Inquisición española persiguió a judeoconversos, moriscos, protestantes y cualquier expresión que desafiara la ortodoxia católica'.

3. Derivación de sentido. Investigación rigurosa, exhaustiva o excesivamente intrusiva sobre la conducta o las opiniones de una persona. Ejemplo: 'El interrogatorio al que lo sometieron parecía una inquisición'.

4. Derivación de sentido. Cualquier sistema de vigilancia o persecución ideológica que utiliza mecanismos coercitivos para imponer conformidad de pensamiento. Ejemplo: 'Los críticos del régimen denunciaron una inquisición política contra los disidentes'.

Etimología: Por el latín inquisitio, inquisitiōnis, derivado de inquirĕre, compuesto por el prefijo in-, en cuanto 'hacia dentro', y quaerĕre, por 'buscar', 'indagar'.

Inquisición

La Inquisición fue el aparato judicial mediante el cual la Iglesia Católica, en alianza con los poderes seculares, persiguió durante más de seis siglos las disidencias doctrinales y las prácticas religiosas no conformes con la ortodoxia cristiana. Su alcance abarcó desde las herejías cátara y valdense en la Europa del siglo XIII hasta la censura de libros y la persecución de criptojudíos en los territorios coloniales americanos del siglo XVIII. Lejos de constituir una institución monolítica e invariable, la Inquisición atravesó fases distintas, operó bajo modelos institucionales diferentes y cumplió funciones que excedieron lo estrictamente religioso para insertarse en la lógica del control político y la construcción de la uniformidad social en los estados modernos.

La Inquisición medieval: herejía y procedimiento inquisitorial

El origen institucional de la Inquisición se sitúa en el siglo XIII, cuando el papado respondió a la expansión de movimientos considerados heréticos —particularmente el catarismo en el sur de Francia y el valdismo en el norte de Italia— mediante la creación de tribunales especializados bajo autoridad pontificia. En 1231, el papa Gregorio IX formalizó la Inquisición episcopal al delegar funciones de persecución de la herejía en jueces eclesiásticos designados, y poco después transfirió esa responsabilidad a las órdenes mendicantes, especialmente los dominicos, cuya formación teológica los hacía idóneos para la tarea de interrogar y evaluar las desviaciones doctrinales.

Edward Peters, en Inquisition (1988), señaló que la novedad del procedimiento inquisitorial residía en su carácter de oficio: a diferencia del modelo acusatorio del derecho romano clásico, en el que un denunciante debía presentar y sostener cargos ante el juez, el procedimiento per inquisitionem facultaba al juez para iniciar investigaciones sin necesidad de una acusación formal, basándose en rumores, denuncias anónimas o sospechas generales. Esta innovación procesal, que se generalizó en el derecho canónico a partir del IV Concilio de Letrán (1215), concentró en la misma figura las funciones de investigador, acusador y juez, una acumulación que los juristas posteriores identificarían como fuente estructural de arbitrariedad.

Henry Charles Lea, en su monumental A History of the Inquisition of the Middle Ages (1888), documentó cómo los tribunales inquisitoriales desarrollaron un repertorio de técnicas coercitivas que incluía la detención prolongada, la confiscación de bienes, el secreto sobre la identidad de los acusadores y, a partir de la bula Ad extirpanda de Inocencio IV en 1252, la autorización formal del uso de la tortura como instrumento para obtener confesiones. Las penas oscilaban desde penitencias menores y el uso obligatorio de insignias infamantes hasta la prisión perpetua y la entrega del condenado al brazo secular para su ejecución en la hoguera, acto denominado relaxatio, que la Iglesia justificaba en la distinción formal entre jurisdicción eclesiástica y ejecución civil.

La Inquisición española: instrumento de estado

La Inquisición establecida en Castilla y Aragón en 1478 por bula del papa Sixto IV, a solicitud de los Reyes Católicos, representó un modelo institucional cualitativamente distinto del medieval. A diferencia de la Inquisición pontificia, en la que la autoridad última residía en Roma, el tribunal español quedó bajo el control directo de la Corona a través del Consejo de la Suprema y General Inquisición y de la figura del Inquisidor General, nombrado por el monarca con ratificación papal. Henry Kamen, en The Spanish Inquisition: A Historical Revision (1997), argumentó que esta subordinación a la autoridad real convirtió a la Inquisición en el único aparato institucional con jurisdicción sobre la totalidad de los territorios de la monarquía hispánica, funcionando como un instrumento de cohesión política tanto o más que de pureza religiosa.

El objetivo inicial fue la vigilancia de los judeoconversos —judíos bautizados y sus descendientes— sospechosos de mantener prácticas judaicas en secreto. La expulsión de los judíos no convertidos en 1492 y la de los moriscos a principios del siglo XVII completaron un proyecto de homogeneización religiosa en el que la Inquisición operaba como mecanismo de control sobre las poblaciones asimiladas. Los estatutos de limpieza de sangre, que exigían demostrar la ausencia de ascendencia judía o mora para acceder a cargos eclesiásticos, militares y civiles, extendieron la lógica inquisitorial más allá de la conducta religiosa hacia una discriminación de carácter genealógico que algunos historiadores han interpretado como un antecedente temprano de las ideologías raciales modernas.

Benzion Netanyahu, en The Origins of the Inquisition in Fifteenth Century Spain (1995), sostuvo que la persecución de los conversos respondió menos a una preocupación teológica genuina que a motivaciones de orden socioeconómico y político: los conversos habían alcanzado posiciones de influencia en la administración real, la banca y el comercio, y su persecución permitió a sectores de la nobleza y el clero redistribuir poder y patrimonio en su favor. Esta lectura subraya que la herejía, como categoría jurídica, funcionó frecuentemente como un recurso flexible para encauzar conflictos cuya raíz era secular.

Procedimientos, autos de fe y vida cotidiana del tribunal

El funcionamiento concreto de los tribunales inquisitoriales combinaba una burocracia meticulosa con prácticas de intimidación pública. El proceso se iniciaba con la publicación de un edicto de fe que exhortaba a la población a denunciar conductas heréticas —incluidas las propias, mediante la confesión espontánea dentro de un período de gracia—. Las denuncias se acumulaban en expedientes y eran evaluadas por calificadores teológicos antes de que el tribunal decidiera abrir un proceso formal. El acusado era detenido y sus bienes embargados, con frecuencia antes de conocer los cargos específicos; durante el proceso, no se le revelaba la identidad de los testigos de cargo, lo que impedía una defensa efectiva.

El auto de fe, lejos de reducirse al acto de ejecución con el que suele identificarse en el imaginario popular, era una ceremonia pública compleja que incluía procesiones, sermones, lectura de sentencias y reconciliación de los penitentes con la Iglesia. Francisco Bethencourt, en The Inquisition: A Global History, 1478-1834 (2009), analizó estos rituales como dispositivos de pedagogía del miedo: su puesta en escena buscaba inscribir en la memoria colectiva las consecuencias de la disidencia, reforzando la conformidad religiosa a través de la exhibición pública del castigo. Los autos de fe más solemnes congregaban a multitudes y contaban con la presencia de las autoridades civiles y eclesiásticas, articulando en un mismo evento la legitimación del poder real y la autoridad doctrinal de la Iglesia.

La Inquisición en los territorios coloniales

La expansión del tribunal a los territorios americanos de la monarquía hispánica —con sedes permanentes en Lima (1570), Ciudad de México (1571) y Cartagena de Indias (1610)— y a los dominios portugueses mediante la Inquisición de Goa (1560) extendió la lógica inquisitorial a contextos culturales radicalmente distintos del europeo. En América, los tribunales persiguieron a judaizantes, bígamos, blasfemos, solicitantes —confesores que abusaban del sacramento de la penitencia— y practicantes de hechicería o curanderismo.

Irene Silverblatt, en Modern Inquisitions: Peru and the Colonial Origins of the Civilized World (2004), argumentó que la Inquisición colonial no se limitó a reproducir el modelo metropolitano sino que se adaptó al contexto de la sociedad de castas americana, funcionando como un aparato de disciplinamiento que reforzaba las jerarquías raciales y sociales del orden colonial. Si bien los indígenas fueron formalmente excluidos de la jurisdicción inquisitorial —por ser considerados neófitos en la fe—, las poblaciones mestizas, africanas y criollas quedaron sujetas a una vigilancia que articulaba control religioso con control social. La censura de libros, ejercida a través del Índice de libros prohibidos y de la inspección de las cargas llegadas por vía marítima, operó como un filtro que buscaba impedir la circulación de ideas protestantes, ilustradas o simplemente no autorizadas en los territorios de ultramar.

Declive, abolición y legado historiográfico

El debilitamiento de la Inquisición fue un proceso prolongado que acompañó la erosión del Antiguo Régimen en Europa. La Ilustración proporcionó el marco intelectual para la crítica sistemática del tribunal: Voltaire, Montesquieu y los enciclopedistas denunciaron la Inquisición como encarnación del fanatismo y la irracionalidad, convirtiendo su nombre en sinónimo de intolerancia. En España, las Cortes de Cádiz la abolieron en 1813, Fernando VII la restauró brevemente en 1814, y fue suprimida definitivamente en 1834. La Inquisición portuguesa se extinguió en 1821, y la Congregación romana del Santo Oficio fue reorganizada sucesivamente hasta su transformación en la Congregación para la Doctrina de la Fe en 1965, bajo el pontificado de Pablo VI.

El legado historiográfico de la Inquisición ha sido objeto de intensas disputas. La llamada leyenda negra, alimentada inicialmente por la propaganda protestante y consolidada por la Ilustración, presentó al tribunal como un aparato de terror irracional y crueldad sin límites. Historiadores revisionistas como Kamen y Gustav Henningsen —cuyo trabajo con los archivos de la Inquisición española demostró que el número de ejecuciones fue considerablemente menor al que la tradición popular atribuía— matizaron esa imagen sin negar la violencia del sistema, pero insistieron en la necesidad de comprenderlo dentro de las coordenadas culturales y jurídicas de su época, donde la persecución de la disidencia religiosa era práctica generalizada tanto en estados católicos como protestantes.

 
 
 
Autor: Cecilia Bembibre.

Art. actualizado: Marzo 2026; sobre el original de abril, 2010.
Datos para citar en modelo APA: Bembibre, C. (Marzo 2026). Definición de Inquisición. Significado.com. Desde https://significado.com/inquisicion/
 

Escriba un comentario

Contribuya con su comentario para sumar valor, corregir o debatir el tema.


Privacidad: a) sus datos no se compartirán con nadie; b) su email no será publicado; c) para evitar malos usos, todos los mensajes son moderados.
 
Índice
  • A
  • B
  • C
  • D
  • E
  • F
  • G
  • H
  • I
  • J
  • K
  • L
  • M
  • N
  • O
  • P
  • Q
  • R
  • S
  • T
  • U
  • V
  • W
  • X
  • Y
  • Z