Definición de Internet
1. Red global de redes informáticas interconectadas que permite el intercambio de datos entre dispositivos distribuidos en todo el planeta mediante el uso de protocolos estandarizados de comunicación. Ejemplo: 'Internet transformó la manera en que accedemos a la información, al comercio y a las relaciones sociales'.
2. Infraestructura técnica compuesta por cables submarinos, satélites, servidores, centros de datos y puntos de intercambio de tráfico que sostienen la transmisión de información digital. Ejemplo: 'La caída de un cable submarino afectó la conexión a internet en varios países africanos'.
3. Espacio de interacción social, económica y política donde se desarrollan actividades que van desde la comunicación personal hasta el comercio electrónico, la educación a distancia y la participación ciudadana. Ejemplo: 'Gran parte de la economía contemporánea depende de internet'.
4. Derivación de sentido. Sinónimo coloquial de acceso a la red o conectividad. Ejemplo: 'No tengo internet en casa'.
Etimología: Acuñado en inglés como internet, forma abreviada de internetwork, compuesto por el prefijo latino inter-, que denota 'entre', y el inglés network, de net, por el anglosajón nett, en cuanto 'malla' o 'red', y work, del anglosajón weorc, por 'obra', 'trabajo'. Literalmente, 'trabajo entre redes' o 'interconexión de redes'. El término surgió como descriptor técnico en los documentos del Departamento de Defensa de los Estados Unidos durante la década de 1970, cuando se buscaba un nombre para el sistema que vinculaba redes informáticas heterogéneas mediante un protocolo común. A diferencia de la World Wide Web —que es una aplicación que funciona sobre internet—, el término designa la infraestructura misma de interconexión, distinción que frecuentemente se desdibuja en el uso cotidiano.
Cat. gramatical: Sustantivo fem. o masc. (uso variable según la región; la RAE recomienda el femenino por analogía con 'red')..
En sílabas: in-ter-net.
Internet
Internet tal vez sea la infraestructura tecnológica con mayor impacto sobre la organización de las sociedades humanas desde la invención de la imprenta de tipos móviles por Gutenberg en el siglo XV. Sin embargo, conviene precisar qué es y qué no es. Internet no es la World Wide Web: esta última, creada por Tim Berners-Lee en el CERN en 1989, constituye un sistema de documentos hipertextuales enlazados que opera sobre la infraestructura de internet, del mismo modo que el correo electrónico, los servicios de streaming, las aplicaciones de mensajería o las transacciones financieras. Internet es la red de redes que soporta todos esos servicios. Tampoco debe confundirse con la intranet —red interna de una organización, cerrada al acceso externo— ni con la extranet, que extiende parcialmente una intranet a usuarios autorizados fuera de la institución.
De ARPANET al protocolo TCP/IP
El origen de internet se sitúa en el contexto de la Guerra Fría. En 1958, el Departamento de Defensa de los Estados Unidos creó la Advanced Research Projects Agency (ARPA) como respuesta al lanzamiento del Sputnik soviético, con el mandato de recuperar la supremacía tecnológica estadounidense. Una década después, en 1969, ARPANET conectó por primera vez cuatro nodos universitarios: UCLA, el Stanford Research Institute, la Universidad de California en Santa Bárbara y la Universidad de Utah. El primer mensaje transmitido —un intento de escribir LOGIN que se interrumpió tras las dos primeras letras, quedando en LO— resulta, visto retrospectivamente, un comienzo tan modesto como elocuente.
No obstante, ARPANET no era aún internet en sentido estricto. La transformación fundamental ocurrió con el desarrollo del protocolo TCP/IP (Transmission Control Protocol / Internet Protocol) por Vinton Cerf y Robert Kahn, descrito en su artículo seminal de 1974 publicado en IEEE Transactions on Communications. Este protocolo resolvió un problema técnico decisivo: permitir que redes con arquitecturas diferentes se comunicaran entre sí mediante un estándar común, creando efectivamente una «red de redes». Janet Abbate, en Inventing the Internet (MIT Press, 1999), documentó cómo la adopción oficial del TCP/IP por ARPANET el 1 de enero de 1983 —fecha que muchos historiadores consideran el nacimiento formal de internet— fue tanto una decisión técnica como política, financiada y promovida por instituciones militares y académicas estadounidenses.
La World Wide Web y la explosión comercial
Durante sus dos primeras décadas, internet fue una herramienta restringida a comunidades académicas, militares y gubernamentales. La democratización llegó con dos hitos convergentes: la propuesta de Berners-Lee, plasmada en su documento Information Management: A Proposal (CERN, 1989), que concibió un sistema de hipertexto distribuido capaz de vincular documentos alojados en cualquier servidor del mundo; y la decisión del CERN, en abril de 1993, de liberar el código de la World Wide Web al dominio público, renunciando a cualquier cobro de licencia. Esta decisión, a menudo subestimada, fue determinante: sin ella, la web podría haber quedado como un estándar propietario más en lugar de convertirse en una plataforma abierta y universal.
El navegador Mosaic, desarrollado en la Universidad de Illinois en 1993, introdujo la interfaz gráfica que hizo accesible la web a usuarios sin conocimientos técnicos. A partir de ese momento, la expansión fue vertiginosa. Manuel Castells, en The Rise of the Network Society (Blackwell, 1996), primer volumen de su trilogía The Information Age, argumentó que internet no constituía simplemente una nueva tecnología de comunicación sino el soporte material de una transformación estructural de la sociedad: el paso de una organización basada en jerarquías verticales a una lógica de redes distribuidas que reconfiguró simultáneamente la economía, la política, la cultura y las relaciones personales.
Brecha digital y desigualdad global
El alcance de internet ha crecido de manera exponencial: según el informe Facts and Figures de la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT), aproximadamente 5.500 millones de personas utilizaban internet en 2024, es decir, cerca del 68% de la población mundial. No obstante, estas cifras globales encubren disparidades profundas. En los países de ingresos altos, la penetración supera el 90%, mientras que en los países de ingresos bajos apenas alcanza el 27%. En el África subsahariana, vastas regiones carecen de infraestructura básica de conectividad, y dentro de los propios países conectados persisten brechas de género, edad y ruralidad que reproducen y en ocasiones amplifican las desigualdades preexistentes.
El concepto de brecha digital, difundido a partir del informe Falling Through the Net del Departamento de Comercio de los Estados Unidos (1999), evolucionó con el tiempo. Jan van Dijk, en The Digital Divide (Polity Press, 2020), distinguió entre acceso material (disponer de dispositivos y conexión), acceso a habilidades (capacidad efectiva de uso) y acceso a resultados (posibilidad de traducir el uso en beneficios concretos). Esta diferenciación resulta crucial: tener un teléfono con datos no equivale a poder aprovechar internet si se carece de las competencias o del contexto socioeconómico necesarios para hacerlo. De este modo, la conectividad sin equidad puede funcionar como un multiplicador de desigualdades en lugar de un instrumento de inclusión.
Vigilancia, gobernanza y fragmentación
La expansión de internet trajo consigo tensiones políticas que desafían su concepción original como espacio abierto y descentralizado. Las revelaciones de Edward Snowden en 2013, documentadas por Glenn Greenwald en No Place to Hide (Metropolitan Books, 2014), evidenciaron que agencias de inteligencia como la NSA habían construido sistemas de vigilancia masiva aprovechando la infraestructura de internet, poniendo en cuestión la premisa de que la red opera como un territorio neutral. En paralelo, países como China desarrollaron arquitecturas de control —el llamado Great Firewall— que filtran, censuran y monitorizan el tráfico de datos de sus ciudadanos, demostrando que internet, lejos de ser inherentemente libertaria, puede ser instrumentalizada como herramienta de control estatal.
La gobernanza de internet constituye un campo de disputa entre modelos contrapuestos. La Internet Corporation for Assigned Names and Numbers (ICANN), organismo que administra el sistema de nombres de dominio, operó bajo supervisión del Departamento de Comercio estadounidense hasta 2016, cuando se completó la transición hacia un modelo multilateral. No obstante, debates recurrentes en foros como el Internet Governance Forum de la ONU reflejan la tensión entre quienes defienden un modelo multistakeholder —con participación de gobiernos, sector privado, sociedad civil y comunidad técnica— y quienes abogan por una gobernanza intergubernamental con mayor control estatal. Yochai Benkler, en The Wealth of Networks (Yale University Press, 2006), advirtió que el futuro de internet como espacio de producción social colaborativa dependía precisamente de que las decisiones regulatorias no subordinaran la arquitectura abierta de la red a los intereses de concentración económica o control político.
Art. actualizado: Marzo 2026; sobre el original de agosto, 2008.
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