Definición de Lotería

1. Juego de azar en el que se distribuyen premios entre quienes adquirieron billetes, mediante un sorteo aleatorio de números, símbolos o combinaciones. Ejemplos: A) 'Compró un billete de la lotería de Navidad con la esperanza de que le tocara el Gordo'. B) 'La lotería primitiva se basa en acertar seis números entre el uno y el cuarenta y nueve'.

2. Institución administrada por el Estado —o por una entidad autorizada por él— que organiza, comercializa y regula juegos de azar masivos, generalmente con el propósito de obtener recaudación para fines fiscales, educativos o sociales. Ejemplo: 'La Lotería Nacional destina un porcentaje de sus ingresos al financiamiento de hospitales públicos'.

3. En sentido figurado, situación cuyo resultado depende enteramente del azar o de factores fuera del control individual. Ejemplos: A) 'Conseguir turno en ese hospital es una lotería'. B) 'La lotería genética determinó que heredara los ojos verdes de su abuela'. C) 'Encontrar departamento en esta ciudad es una verdadera lotería'.

4. Asignación aleatoria para distribuir recursos escasos, bienes o derechos cuando se considera que ningún criterio meritocrático resulta apropiado. Ejemplos: A) 'La lotería de visas de diversidad en Estados Unidos (Diversity Visa Lottery)'. B) 'El ingreso a ciertas escuelas públicas selectivas se define por lotería entre los postulantes'. C) 'La asignación de jurados para un juicio se realiza por lotería entre los ciudadanos habilitados'.

5. Antiguamente, juego de mesa que consistía en extraer números o figuras de una bolsa para cubrir un cartón, hoy conocido como 'bingo' o 'lotería familiar' en varios países hispanohablantes. Ejemplo: 'La lotería mexicana utiliza figuras tradicionales como El Gallo, La Muerte o El Diablito'.

Etimología: Por el italiano lotteria, y este, a su vez, por el neerlandés medio loterije, derivado de lot, que remite a 'suerte', 'destino' o 'parte que corresponde en un reparto'. La raíz germánica hlutaz aporta la misma idea de porción asignada por azar, presente también en las lenguas escandinavas y germánicas. El término se incorpora a las lenguas romances durante el siglo XV, coincidiendo con el auge de estos juegos en los Países Bajos y en las ciudades-estado italianas. El sufijo -ía deriva del latín -ia, conforme actividad.

Lotería

En la China de la dinastía Han, entre los siglos III y II antes de la era común, se practicaba un juego denominado baige piao, que se puede traducir como ‘billete de la paloma blanca’, antepasado directo del keno contemporáneo, cuyas recaudaciones —según varias fuentes históricas— habrían contribuido a financiar obras públicas, incluyendo tramos de la Gran Muralla. En Atenas, el kleroterion era un dispositivo de piedra que permitía seleccionar al azar a magistrados y miembros del Consejo, en lo que la polis consideraba un método más democrático que la elección, por menos susceptible a la corrupción. En Roma, el emperador Augusto organizó sorteos públicos para financiar obras urbanas, mientras que las fiestas aristocráticas incluían rifas con premios entre los invitados.

El sorteo moderno con premios en efectivo reaparece en los Países Bajos del siglo XV, donde los municipios organizaban loterías para financiar fortificaciones y asistencia a los pobres: un registro de 1445 en la ciudad de Sluis documenta una rifa con 4304 boletos y un premio superior a los 1700 florines. No obstante, fue en las ciudades italianas donde la lotería adquirió su forma característica. El caso paradigmático es el de Génova hacia 1576, donde se apostaba sobre los cinco miembros del Gran Consejo que serían elegidos al azar entre noventa candidatos; cuando se sustituyeron los nombres por números, nació el moderno lotto. El modelo se extendió rápidamente por Europa. Francisco I creó la Loterie Royale francesa en 1539, Isabel I organizó la primera lotería inglesa con sorteo en 1569, y Austria inauguró el Lotto di Genova bajo María Teresa en 1751.

La lotería estatal como instrumento fiscal

Durante los siglos XVII y XVIII, las coronas europeas descubrieron en la lotería un mecanismo de financiamiento público presentado como voluntario e indoloro, a diferencia de los impuestos directos. En las colonias norteamericanas, entre 1744 y 1776 se autorizaron más de doscientas loterías para costear caminos, bibliotecas, puentes y universidades como Harvard, Yale y Princeton. No obstante, los escándalos de corrupción del siglo XIX —ejemplificados en el caso de la Louisiana State Lottery Company, apodada ‘el Pulpo’ por su alcance— condujeron a la prohibición generalizada de las loterías en Estados Unidos y gran parte de Europa hacia fines de ese siglo. La prohibición se mantuvo hasta bien entrada la segunda mitad del siglo XX, cuando, a partir de la década de 1960, los gobiernos reabrieron el mecanismo como alternativa para recaudar sin incrementar la presión tributaria directa.

Actualmente, la Lotería de Navidad española, instituida en 1812 para financiar la Guerra de la Independencia contra Napoleón, se considera una de las loterías más antiguas del mundo en funcionamiento continuo. En Estados Unidos, juegos multijurisdiccionales como Powerball (1992) y Mega Millions (1996) han alcanzado premios acumulados superiores a los mil millones de dólares. En América Latina, existen loterías nacionales de larga tradición, muchas vinculadas al financiamiento de la beneficencia pública.

Crítica económica: el impuesto implícito y su carácter regresivo

Desde la economía pública, el sociólogo y economista Charles T. Clotfelter, de Duke University, y el economista Philip J. Cook, en una serie de trabajos seminales publicados desde 1987 —entre ellos el Working Paper 2246 del National Bureau of Economic Research y, más tarde, el libro Selling Hope: State Lotteries in America (1989)—, desarrollaron la tesis del ‘impuesto implícito’ sobre la lotería. La idea plantea que el Estado, en su rol de operador monopólico, recauda la diferencia entre lo que los jugadores pagan y lo que luego distribuye en premios y cubre con los costos operativos. Esa diferencia, que no aparece etiquetada como tributo, funciona económicamente como un impuesto al consumo.

El hallazgo central de estos trabajos, replicado en numerosos estudios posteriores —incluidos los de Cornell University dirigidos por Blalock, Just y Simon (2004), y otros sobre Minnesota, Georgia o el Reino Unido—, es que este impuesto implícito resulta regresivo en prácticamente todos los casos analizados: el porcentaje del ingreso destinado a boletos de lotería aumenta a medida que el ingreso disminuye. Datos recopilados en Estados Unidos hacia fines del siglo XX mostraban que los hogares con ingresos inferiores a veinticinco mil dólares anuales gastaban en promedio unos seiscientos dólares al año en lotería, mientras que los hogares con ingresos superiores a cien mil dólares gastaban cerca de doscientos ochenta y nueve. El nivel educativo correlaciona en la misma dirección. Esta evidencia ha dado sustento a la crítica que caracteriza a la lotería estatal como un ‘impuesto disfrazado’ que grava desproporcionadamente a los sectores más vulnerables, incluso cuando una porción de la recaudación se destine a fines sociales como educación o salud.

Psicología del juego y teoría de las decisiones

La persistencia del juego de lotería constituye un enigma para la teoría económica clásica, ya que el valor esperado de un boleto es sistemáticamente negativo. El jugador promedio pierde dinero. La explicación canónica provino del artículo de Milton Friedman y Leonard Savage publicado en 1948 en el Journal of Political Economy, que propuso una función de utilidad con segmentos convexos capaces de dar cuenta de por qué una misma persona puede contratar un seguro (comportamiento averso al riesgo) y, al mismo tiempo, comprar billetes de lotería (comportamiento amante del riesgo).

Décadas más tarde, Daniel Kahneman y Amos Tversky, en su teoría prospectiva (prospect theory) formulada en 1979, mostraron que las personas tienden a sobrestimar probabilidades muy pequeñas, lo cual explica que un premio millonario con una probabilidad ínfima de concretarse resulte mucho más atractivo de lo que justificaría un cálculo estrictamente racional. A esto se suman sesgos como la ilusión de control —la creencia de que elegir ‘los propios números’ aumenta las chances— y el sesgo disponibilidad, reforzado por la visibilidad mediática de los ganadores frente a la invisibilidad de los millones que pierden.

Dimensión literaria y filosófica

Jorge Luis Borges, en La lotería en Babilonia —publicada en 1941 en la revista Sur e incluida luego en Ficciones (1944)—, imagina una sociedad donde una Compañía misteriosa ha extendido el sorteo hasta abarcar cada aspecto de la existencia, desde los premios materiales hasta los castigos y las recompensas intangibles, al punto de que resulta imposible distinguir qué acontece por decisión de la Compañía y qué por mero azar. El cuento puede leerse como alegoría del totalitarismo contemporáneo a su escritura, como parábola de la condición humana frente a la contingencia, y como exploración filosófica de la causalidad y del libre albedrío.

En un registro diferente, la estadounidense Shirley Jackson publicó en The New Yorker, el 26 de junio de 1948, el relato The Lottery, donde un pueblo pequeño celebra anualmente un sorteo cuyo ‘ganador’ es lapidado hasta morir por el resto de la comunidad, incluida su propia familia. El cuento provocó un escándalo mayúsculo entre los lectores de la revista y se ha convertido en un clásico de la denuncia de la violencia ritual, de la obediencia irreflexiva a la tradición y de la fragilidad de los consensos sociales. Leídos conjuntamente, Borges y Jackson muestran cómo la lotería, originada como entretenimiento y recurso fiscal, puede funcionar también como metáfora poderosa de lo arbitrario, lo inevitable y lo injustificable en la experiencia humana.

 
 
 
Autor: Editorial.

Trabajo publicado en: Abr., 2026.
Datos para citar en modelo APA: Editorial (abril, 2026). Definición de Lotería. Significado.com. Desde https://significado.com/loteria/
 

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