Significado de Acción Pauliana, Acción de Simulación y Acción Oblicua

  • Por Gabriela Hernandez (Licenciada en Derecho)
  • Jun, 2020
  • ¿Qué es y diferencia la acción pauliana, oblicua, y de simulación?

    Desde la antigua Roma, los hombres han buscado mecanismos para proteger su patrimonio, ya sea con la construcción de una puerta para impedir el acceso de un extraño a los bienes, o mediante acciones que protejan los bienes prestados a fin de que los mismos sean devueltos con los intereses que se ameritan, lo cual constituye la defensa del Derecho de Obligaciones. Al proteger el crédito lo que realmente se busca es proteger los derechos de propiedad del acreedor. Un Estado donde impere la ley no puede permitirse que los derechos de los ciudadanos, e incluso de extranjeros, sean vulnerados.

    Además, el crédito constituye un mecanismo fundamental para el progreso económico, donde todas las partes involucradas se ven beneficiadas. Por un lado, el deudor se beneficia obteniendo un recurso del cual no disponía, para así satisfacer una necesidad o emprender, convirtiendo el crédito en capital. Se entiende como los bienes patrimoniales destinados a la formación de ingresos (generalmente visto como importes dinerarios). Por otro lado, el acreedor se beneficia obteniendo el interés. Existen esencialmente tres tipos de acciones, que detallamos e ilustramos en este análisis.

    Acción Pauliana

    Conocida también como acción revocatoria, tiene su origen en la antigua Roma, inventada por el Pretor Paulus. Esta acción se basa en hacer inoponible cualquier operación que ejecute el deudor que comprometa su patrimonio, es decir, que lo empobrezca mediante el fraude a su acreedor.

    Se ejecuta generalmente de dos formas: por un acto aparente o por un acto real. El primero, mediante un acto aparente donde cede su propiedad a un tercero, aunque se demuestre por contraescritura que se trata de una simulación.

    El acto real se ejecuta mediante una donación, venta a precio vil o modificando la composición de su patrimonio intercambiando bienes embargables por bienes fáciles de librar de persecuciones de terceros.

    Ante esto, los acreedores pueden ejecutar la acción pauliana para salvaguardarse del fraude, atacando en nombre propio los actos que el deudor realizó en detrimento de sus derechos crediticios. Al hacerlo en nombre propio, concebimos una diferencia de esta con la acción oblicua.

    A modo de ejemplo, observamos a Pedro, quien para zafarse de su deuda con Juan, le venda a su amigo Roberto su vehículo por un precio muy por debajo de lo que este cuesta. De esta forma, le dice a Juan que no le puede pagar o que solo le puede pagar una pequeña parte (lo obtenido por la venta fraudulenta) porque no tiene como hacerlo. Es así como Juan puede demandar haciendo uso de esta acción y revocando la venta.

    Acción Oblicua o Subrogatoria

    Esta medida de protección del crédito permite al acreedor subrogarse frente a su deudor ante el ejercicio de acciones, respecto a aquellos derechos de los que el deudor es titular, así como las acciones tuteladas. Este se configura siempre y cuando se demuestre que el deudor, por pasividad o abandono, se muestra sin ánimo de ejercer estas acciones afectando así al patrimonio del acreedor. En otras palabras, el acreedor cobra lo que su deudor debería cobrarle a un tercero para así saldar la deuda debida con él.

    Para colocarlo en práctoca, recurrimos a un ejemplo: Pedro le debe a Juan una cantidad de dinero, a su vez Luis le debe a Pedro una cantidad de dinero superior de la que Pedro le debe a Juan. Pedro no quiere cobrarle a Luis porque es su primo y no quiere molestarlo con esto. Es así como Juan puede de forma oblicua subrogarse exigiéndole a Luis el pago de la deuda que tiene con Pedro. Esto se fundamenta en el hecho de que el deudor (en este caso Pedro) debe responder con los bienes habidos o (en caso de no tenerlos) por haber, igualmente, por la máxima jurídica que reza “el deudor de mi deudor es también mi deudor”.

    Acción de Simulación

    Conocida también como acción declaratoria de simulación, esta se genera cuando las partes realizan un acto que, aunque parezca valido a primera vista, es, sin embargo, un acto total o parcialmente ficticio. Lo que hacen es que el acto se anula o se modifica de forma discreta, revelando la verdadera voluntad de las partes. Un ejemplo podría verse cuando bajo la apariencia de una venta se efectuó una donación, el donante podrá revocarla en los casos permitidos por la ley.

    Efectos de las medidas aplicadas

    Estas acciones producen efectos, no solamente entre las partes, que en caso de ser declarado un acto como simulado produce efectos erga omnes, es decir, ante todos, anulando el acto jurídico simulado; sino que producen efectos ante terceros que pueden ser de mala fe, como en el caso de Pedro con su amigo Roberto, o de buena fe. En estos últimos, no produce efecto al darse el caso de que estos no tengan idea de que están siendo utilizados.

    En caso de que los terceros sean de mala fe, quedan sujetos de igual manera a los daños y perjuicios contra el acreedor y el acto jurídico realizado se cae.

    ¿Es posible intentar una de estas acciones sin un contrato?

    Poder ejecutar una acción de esta naturaleza implica probar de manera legítima que una obligación no está siendo cumplida. Para probar esto existen distintos mecanismos, pero el mecanismo más común y, sin duda alguna, el mejor para probar el acuerdo entre las partes es que éstas se encuentren vinculadas jurídicamente mediante un contrato.

    Prescindir de este pone en riesgo al acreedor de que su acción no pueda ejecutarse al no poder probar ante el juez el vínculo entre las partes, y como una de ellas está faltando a su obligación.