Significado de la Batalla de Lepanto Definición, historia, y desarrollo

  • Editorial
  • Oct./2022
  • Definición formal

    Pese a las victorias turcas precedentes contra occidente, el primer sitio de Viena (1529), la presente batalla de Lepanto (1571), y el segundo sitio de Viena (1683) significaron el alto en el avance por Europa de las armas turcas y la delimitación clara de su área de influencia, que solamente empezarían a perder a partir del siglo XIX hasta finalizada la Primera Guerra Mundial, y pese a algún avance puntual más. Lepanto también significó la primera gran derrota naval de la escuadra otomana a manos de los reinos cristianos, que pese a seguir sin dominar los mares, acrecentaron su autoconfianza al ver que era posible batir a quien creían, hasta entonces, imbatible.

    Si bien el Imperio Otomano no cedería el control a sus enemigos y continuaría dominando los distintos campos de batalla, lo haría menguado y, sobre todo, consciente de que podían vencerle. Reconstruyó su flota y todavía dominaría el Mediterráneo por mucho tiempo.

    Para los estados cristianos no significó mucho; tres años más tarde, Venecia rompería el pacto de la Santa Liga firmando la paz por separado y en secreto con Turquía, y las diferencias entre la Serenísima República, la corona española, y el papado, llevarían a que los estados católicos que participaron en la batalla no supieran ni pudieran canalizar los resultados de dicha victoria en ganancias palpables.

    Historia

    La batalla de Lepanto ocurre en el contexto de la expansión otomana a través de Europa y el Mediterráneo tras la conquista de Constantinopla en 1453, y en el marco de la cual habían llegado hasta las puertas de Viena.

    En el Mediterráneo, los otomanos contaban con el apoyo de Francia, la cual debilitaba así a España en su lucha por el dominio marítimo en el Mare Nostrum. La base de Tolón servía a los corsarios otomanos como base para atacar los buques y las costas españolas e italianas.

    El punto de partida concreto para llegar hasta la batalla fue la conquista de Chipre por parte de las fuerzas otomanas (1570-1571), a lo que siguió la creación de una nueva Liga Santa promovida por el papado con el entusiasmo de Venecia, a quien los otomanos habían arrebatado Chipre pese al acuerdo de paz previo entre ambas naciones.

    Fueron precisamente los venecianos quienes aportaron el mayor número de barcos a la flota cristiana (más de un centenar, según las fuentes, lo que significa aproximadamente la mitad), seguidos a mucha distancia por el Reino de Nápoles (entonces, parte de la corona española, enviando una treintena de naves), y diversos reinos italianos más bajo dominio de la corona hispánica, y armadores privados (en su mayor parte, también italianos).

    Esta escuadra cristiana se reunió en Messina a principios de septiembre de 1571 y, de ahí, salió al encuentro de la flota turca, a la que halló en el golfo de Lepanto, en Grecia, en el cual podía encontrar amparo de las fortalezas terrestres otomanas.

    Los turcos salieron a dar batalla a la flota combinada de los estados cristianos con un tercio de navíos más, por lo que disponían de una ventaja numérica, aunque esta era difícil de explotar debido a la orografía del lugar de la batalla, y que los dejaba en la parte estrecha de un golfo similar a un embudo y, por lo tanto, que representaba una dificultad a la hora de coordinar el despliegue de la armada.

    Conscientes de que iban a hacer frente al gran poderío naval otomano, los estados cristianos confiaron en el potencial de las galeazas, un tipo de galera de gran tamaño que había nacido poco más de cuatro décadas antes de la batalla pero que no habían sido utilizadas masivamente.

    Desarrollo de la batalla

    La mañana del 7 de octubre de 1571, la flota cristiana asomaba por la bahía que forma el golfo de Lepanto, provocando con ello el intento de salida de la flota otomana a mar abierto para el enfrentamiento.

    La flota cristiana situó en vanguardia las antes mencionadas galeazas, movimiento que demostró ser un buen plan, puesto que dieron el tiro de salida a la batalla y, además, hundieron las primeras galeras otomanas.

    El ala derecha de la flota de la Liga Santa superó el ala izquierda de la flota turca, pero la verdadera batalla se libró en el centro, con especial crudeza entre las naves almirante de ambas flotas: el Real por parte cristiana, y la Sultana por parte otomana.

    En una refriega, un arcabucero español acertó de pleno en la cabeza del comandante otomano, Alí Pachá, tras lo cual se produjo el abordaje de la nave. Al reconocer el cadáver del almirante turco, los cristianos cortaron su cabeza y la ensartaron en una pica para infundir terror en sus tropas.

    Como en muchos casos de la época, al morir su comandante, las tropas turcas quedaron huérfanas de mando, orden y concierto, con lo que se produjo la desbandada, dejando el dominio del campo a manos de la flota de la Liga Santa.

    La batalla había durado unas seis horas y, según las principales corrientes de historiadores, arrojó unas bajas totales de 50.000 muertos, siendo de las más mortíferas de la historia. Cuatro quintas partes de estas bajas fueron otomanas, ya que en la batalla perdieron unos dos tercios de su flota, por apenas trece galeras de los cristianos.