Definición de Cultura de la Cancelación

Karina Mora Mendoza
Doctora en Historia

Aunque la literatura especializada no necesariamente ha ahondado con profundidad en la conceptualización de esta práctica social de “cancelar” a otro cuya opinión o acto considera reprobable, existe la idea más o menos consensuada de que la cultura de cancelación tiene que ver con utilizar las redes sociales y la comunicación allí propuesta para señalar y rechazar un acto o pensamiento que consideran inadecuado, ofensivo y en general tomado como negativo aun cuando tal acto no devenga en la violación a la ley o esté tipificado como delito.

Texeira de Silva indica que la práctica de la cancelación no sería eficaz si no fuera por la potencia de las redes sociales (RR.SS.) donde la posibilidad de llevar cualquier señalamiento hasta el linchamiento mediático es una realidad gracias a la rapidez de la comunicación, la afluencia masiva y abonaría yo, a la barrera de las pantallas que permiten lanzar juicios y señalamientos con la salvaguardia del desconocimiento real de las personas que comentan, agreden y menoscaban al acusado en turno.

Ahora bien, el inicio de esta práctica para visibilizar tales actos reprobables comenzó con la intención de evidenciar las injusticias emanadas de grupos de poder y de funcionarios públicos que ante la falta de una práctica ética y cobijados en ciertos privilegios que los libraban de las consecuencias legales meritorias a sus actos, la reprobación social y pública cumplía con la función de presionar y castigar lo que no era posible a través de los procesos legales y administrativos adecuados. En ese sentido, la visibilización de minorías que, como he dicho antes, han sido sujetas de ataques y desventajas históricas, se encontraron con un camino nuevo para externar y mostrar al mundo la posición de desventaja en la que podían encontrarse y desde ahí, accionar para transformar sus condiciones de vida.

Márgenes de debate

Nos encontramos en un momento de la historia de la humanidad bastante complejo de dilucidar, no solo para los que caminamos el momento presente, sino también para quienes tengan el anhelo de comprenderse en el futuro. Vivimos en un mundo donde los derechos humanos y del ciudadano moderno garantizan, al menos en las normas estipuladas en los textos de carácter jurídico-político que regulan la vida social, el auténtico y genuino derecho a la libertad. Sin embargo, la violencia y la inseguridad ha encontrado la forma de instalarse en nuestras vidas, no solo al amenazar nuestra integridad física, sino también merodeando el pensamiento y las ideas, en una cruzada de dominio ideológico cuyo fin es que también pensar sea algo rodeado de miedo.

Esta violencia no emerge desde formas dictatoriales o imposiciones verticales, no se expresa de forma imperativa y, sin embargo, lo controla todo. La cancelación, que se ha denominado como parte de la cultura, dado que emerge de las expresiones sociales humanas y, por tanto, forma parte de ella, es una manera tendenciosa de vigilar y castigar el librepensamiento, apelando a todo lo políticamente correcto expresado a través del lenguaje oral, escrito, pictórico, gráfico, auditivo y hasta performativo.

El tema es escabroso, pero no por ello es menos urgente. Es importante resaltar que, sin negar a las minorías sociales o grupos que históricamente han sido sujetos de un sinfín de violencias como maltratos, abusos, represión, violencia física y condiciones de vida poco dignas, esto se ha traspolado a múltiples áreas del pensamiento. La voluntad ahora debe ser “una” además de colectiva y constreñirse a una sola forma de ver todo y a todos, comprendiendo que más allá de la salvaguardia de los derechos y garantías de los seres humanos, hay cuestiones, temas y tópicos que deberían ser socialmente reprobables para todos y en cualquier circunstancia.

¿Cuándo sí y cuándo no?

La parte compleja de la cultura de la cancelación es que se ha llevado a terrenos donde todo puede ser susceptible de señalamiento para alguien que, sin tener como bandera la defensa de los derechos y garantías de hombres y mujeres o grupos en desventaja, utilizan esta forma de control social para interferir en la reputación de un individuo. Se radicaliza la opinión emanada del señalamiento sin atender a las partes involucradas en igualdad de circunstancias, puesto que se viraliza aquella que permite la creación de un señalamiento y, por ende, la que posibilita el linchamiento del acusado. Este proceso en cadena termina en muchas ocasiones en la destrucción de la vida laboral de una persona o la censura y el destierro de la vida pública de forma permanente.

En ese orden de ideas, la apreciación pública en RR.SS. sobre algún tema en cuestión, por ejemplo, la elección de portar prendas de marcas prestigiadas o consideradas de lujo, algunas veces son suficientes para hablar de la poca empatía que una persona puede sentir hacia problemas sociales complejos como la pobreza estructural o la cosificación de los cuerpos que durante años ha mercantilizado el pensamiento capitalista. Esto sin duda puede ser un indicador estadístico, pero no puede considerarse una condicionante absoluta para afirmar que todas las personas que porten un artículo de precio elevado -ello sin considerar que “elevado” dependerá de la condición socioeconómica de cada individuo- sean inconscientes y apáticos de los problemas de sus entornos, ni tampoco los limita de ser o convertirse en sujetos de cambio social frente a los problemas mencionados. Hay que resaltar que en ocasiones los señalamientos se lanzan desde lugares poco congruentes con lo que tan categóricamente reprueban y donde asumen que las personas acusadas, sobre todo en actos pasados, tenían la misma información y conocimiento que disponible en el tiempo presente.

¿Entonces?

La posibilidad de apelar a actos de injusticia no debe ser confundido con la exigencia de mantener las mismas ideas, creencias y juicios cómo la única forma de convivir de manera colectiva. No es necesaria la coincidencia de opiniones, gustos o ideas siempre y cuando éstas no afecten física, emocional, legal o laboralmente a alguien. Dejemos que a cada uno le parezca mejor una forma de vestir, hablar, colorear, divertirse o relacionarse siempre y cuando ello no incurra en actos de injusticia que con claridad puedan ser observados desde foros más amplios como los propuestos por la ley. A esto sumaría que, si un señalamiento es encontrado de forma reiterada en contextos disímiles, pero leídos de forma continua, sería mejor utilizar toda la fuerza del lenguaje y la comunicación para establecer un antecedente que permita la defensa de todas las víctimas y no solo de aquellas con poder de convocatoria en redes sociales.

 
 
 
 
Por: Karina Mora Mendoza. Licenciada en Historia por la UMSNH, Maestra y Doctora por El Colegio de Michoacán. Realiza investigación histórica sobre el siglo XIX en relación al discurso y uso del mismo en temas como la historia de las mujeres y la construcción de la Nación.

Trabajo publicado en: Ago., 2023.
Datos para citar en modelo APA: Mora Mendoza, K. (agosto, 2023). Definición de Cultura de la Cancelación. Significado.com. Desde https://significado.com/cultura-cancelacion/
 

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