Significado de SSD y Disco Duro HDD

Comparación que expone la diferencia física entre los modelos SSD y HDD

¿Qué son SSD y el disco duro?

Son dos modelos diferenciados para el almacenamiento y correspondiente acceso a datos de índole digital. El SSD, que corresponde a Solid State Disk, es un paso adelante con respecto al disco duro tradicional, proporcionando mayor velocidad y estabilidad, por lo tanto la preferencia por éste resulta evidente, sin embargo también implica mayores costos, basado en el tamaño de la capacidad de almacenamiento. A partir de esto último, se observa como estrategia de los fabricantes de computadoras de escritorio o portátiles, emplear un disco pequeño SSD, limitado al sistema operativo, y uno tradicional en paralelo, de amplio espacio, para guardar el software y el contenido que el usuario desea.

El HDD, por su parte, son las siglas propias de Hard Drive Disk, y se lo conoce popularmente como el disco duro en nuestro idioma. Los avances y masividad de su producción le permiten presentar costos ridículamente bajos, respondiendo a la necesidad superficial de guardar decenas de películas, videojuegos y programas que uno ni siquiera recuerda haber instalado.

Observar que tanto el SSD como el disco duro se presentan en una variante de dispositivo externo, ideal para copias de seguridad o para transportar información.

Historia y estructura del disco duro

La tecnología magnética de los discos duros fue la primera de las dos en surgir, en 1962 con la unidad de almacenamiento IBM 1301. Esta tecnología utilizaba el mismo principio que las cintas magnéticas, aunque con una ventaja: el tiempo de acceso era prácticamente el mismo para cualquier dato (acceso aleatorio), mientras que la cinta debía rebobinarse para acceder a los datos (acceso secuencial).

Ejemplos de disco duro externo e interno

Su construcción constaba de varios discos de metal recubiertos con un material magnético, leyendo la capa superior mediante un cabezal. En esencia, y con algunas variaciones de materiales, tamaños, capacidades y operativa, esta es la arquitectura para discos duros que se utiliza todavía a día de hoy.

No obstante, el primer precedente de un disco duro data de 1956, con el Ramac I, una unidad de almacenamiento pensada para trabajar con la computadora IBM 350. Este estaba basado en la tecnología de los tubos de vacío (no magnética), por lo que no podemos considerarlo como un disco duro moderno, aunque permitía el acceso aleatorio a los datos, y su formato, forma de interacción con el sistema informático, y funcionamiento, nos permiten considerarlo el antepasado más directo.

Como curiosidad, el Ramac I tenía el tamaño de un frigorífico, pesaba una tonelada, y tenía una capacidad que hoy nos parecería ridícula: 3,75 Megabytes. En el mismo espacio, hoy, tendríamos muchos Terabytes.

El IBM 1301 de 1962 añadía varios cabezales lectores, los cuales lo dotaban de mayor velocidad. No obstante, su medida no era menor, más bien al contrario: como tres refrigeradores, aunque multiplicaba por cinco la capacidad del Ramac I.

Con estos tamaños, los primeros discos duros eran unidades externas, que se entregaban como un periférico que se conectaba externamente a la computadora.

Entre la década de los 60 y la de los 80, se popularizaron los discos removibles, consistentes en que podían cambiarse los packs de discos (como si fueran cintas magnéticas en un reproductor, pero con la ventaja del acceso aleatorio), y hacia principios de los 80, las capacidades de estos discos habían llegado a los 300 MB.

En 1973, la misma IBM lanzaba al mercado una unidad de disco duro con tecnología Winchester, la cual aparca los cabezales de lectura/escritura no fuera de la superficie del disco, si no en una área especial de esta.

Los discos duros continuaron siendo una unidad de almacenamiento externa, es decir, un periférico, hasta la década de los 80, en la cual su tamaño ya había disminuido lo suficiente. El IBM PC/XT de 1983 fue el primero en incluir un disco interno (de 10 MB) y, a partir de este, las microcomputadoras empezaron a incluir discos duros internos, que cada vez eran más rápidos, con mayor capacidad, y más baratos.

A los largo de lo que quedaba de los 80 y los 90, surgieron básicamente los discos IDE y los SCSI, unificándose el tamaño en las unidades de 3,5 pulgadas (posteriormente salieron los de 2,5” para las computadoras portátiles, y los de 1,8” para los dispositivos móviles).

A principios de la década de los 2000, se estandariza la conexión SATA, que acaba sustituyendo a la IDE y la SCSI, mientras que las unidades externas se conectan por USB.

Aparición de los SSD

Las primeras unidades ópticas (SSD) surgieron a principios/mediados de la década de los 90, herederas de los almacenamiento basados en RAM que se habían utilizado para ciertas aplicaciones desde la década de los 50.

Los SSD tienen un aspecto más compacto y moderno

Desde mediados de la década de los 2000 existen unidades SSD capaces de funcionar en las computadoras en otros formatos y con otras conexiones distintas del SATA, como es el caso del bus PCI Express (PCIe), o su evolución como M.2.

Diferencias entre SSD y el disco duro tradicional

Esencialmente, las particularidades se centran en la velocidad y la mayor resistencia a los golpes y vibraciones que presentan los SSD, cuya tecnología supera con creces a la de los discos duros magnéticos, aunque no los han erradicado del panorama porque los discos duros son más baratos y pueden llegar a mayores capacidades.

La tecnología de lectura y escritura de las SSD no utiliza cabezales, por lo que elimina el tiempo destinado a posicionarlos y trasladarlos, ganando en rapidez.

Además, este mismo hecho hace que sean más resistentes a golpes y vibraciones, ya que al no haber un cabezal móvil sobre la superficie que pueda desplazarse repentinamente, se elimina el riesgo de sufrir rayadas.

Otra ventaja de esta ausencia es que los discos SSD no generan ruido, y también generan una menor temperatura que sus homólogos mecánicos.

Como único inconveniente, su esperanza de vida operativa es menor que la de un disco duro magnético tradicional.

El tiempo de vida de un SSD y un HDD y los mejores usos

Estos componentes tienen una función constante, porque cada movimiento del sistema es leído y/o grabado en los mismos. Si bien existen múltiples formas de cálculo y promesas de los fabricantes, en la práctica la durabilidad varía según la exigencia de cada usuario, y factores externos como la temperatura y la humedad del ambiente a las cuales son sometidos.

Un HDD tiene una vida promedio entorno a los 5 ó 6 años, siendo sensible a daños físicos dado que su construcción posee partes movibles, mientras que un SSD experimenta una degradación lenta a medida que se utiliza y no tanto desde una perspectiva de tiempo, lo que implica que a cuanto mayor sea su capacidad, mayor es su vida, al respecto de lo se observa que cada SSD describe la capacidad TBW (siglas por Terabytes Written) y DWPD (siglas por Drive Writes Per Day, indicando la escritura diaria). Si bien uno puede encuentrar relatos preocupantes consultando en foros de Internet al respecto de SSD, en términos generales en manos de un usuario moderado un SSD tiene que superar ampliamente a un HDD.

Uno puede tener configurado un disco SSD y otro HDD. De este modo, idealmente uno instala el sistema operativo y aplicaciones en discos SSD, porque la escritura en estos casos es una única vez, más allá de las actualizaciones a las que Windows nos tiene acostumbrados, y luego los archivos en discos HDD (al respecto de fotos y los documentos de Word, Excel, etc.). En el caso de usuarios gamers, tratándose de instalaciones y desinstalaciones continuas de videojuegos, lo mejor es que sean almacenados en HDD, exceptuando aquellos títulos que uno mantiene por siempre.

Cuando un SSD deja de funcionar, simplemente se detiene, mientras que un HDD manifiesta señales evidentes: el equipo se reinicia automáticamente o se paraliza, y los tiempos de carga experimentan cierta lentitud, marcando que ambos aspectos se intensifican en el correr del tiempo.

Uso y demanda creciente por la tecnología SSD

Las unidades de tipo SSD en sus distintos formatos están sustituyendo a los discos duros magnéticos tradicionales en computadoras portátiles y sobremesa, tendencia que se desarrolla paulatinamente.

De igual forma, el almacenamiento flash (base de las modernas SSD) también se emplea en tablets y smartphones.

Los discos duros “convencionales” quedan relegados a unidades de grandes tamaños, ya sean internas o externas, para las cuales su equivalente SSD no es posible o sería extremadamente caro.