Significado de Adolescencia

¿Qué es la adolescencia?

Es la etapa de la vida de cada uno comprendida en tres niveles, con características particulares, no obstante siempre en desarrollo desde lo físico e intelectual: temprana entre los 12 y 13 (transición abandonando la niñez), la media entre los 14 y 16 (reconociendo la identidad), y tardía entre los 17 y 21 (tratando de entender el presente y futuro).

En esta etapa se produce una atracción hacia todo aquello que proporciona una descarga de adrenalina. En otras palabras, el adolescente tiene interés por las cosas prohibidas y arriesgadas. Asimismo, con frecuencia se experimenta un sentimiento de rebeldía contra lo establecido y, muy especialmente, contra cualquier forma de poder (de los padres, del centro educativo, de las instituciones sociales…), y se observa paralelamente la necesidad de sentirse integrado en un grupo con el cual se identifique.

Se observa precisamente que una de las desiciones más desafiantes llega a los 18 años, con respecto a la profesión que uno elige, que repercute sobre el resto de la vida, y resulta paradójico que haya que pensar en semejante opción cuando uno aún es tan joven, motivo por el cual resulta frecuente elegir la puerta equivocada y tener que empezar de nuevo desde la etapa adulta. Si bien la estimativa de vida ha crecido mundialmente, aún existen parámetros intactos, y tal vez haya que re-plantearse un poco sobre la base de la diferencia del mundo actual con respecto al de 50 años atrás, y el papel del tiempo en un sistema globalizado.

La importancia del sentido de pertenencia

En la adolescencia es fundamental la relación con otros de la misma edad, con pares, también adolescentes, que tienen los mismos intereses, preocupaciones y aflicciones propios de esta etapa evolutiva, conflictiva y definitoria en gran medida de la constitución psíquica adulta.

La mirada de los compañeros y amigos será de vital influencia en el desarrollo de la seguridad y la autoestima, siendo el acoso y el Bullying grandes enemigos para el logro de una autopercepción saludable.

Características de los modelos del universo adolescente

En la adolescencia sucede algo muy importante que es la caída de la imagen idealizada de los padres o de quienes ocupen el rol de tutores, no importa si son tíos, abuelos, madre soltera, etcétera.

El joven adolescente se confronta con la realidad, con que los amados padres de la infancia, a los que se creía perfectos, son en realidad como todos los seres humanos, personas con defectos. Con la desidealización de los padres, que tiene lugar en esta etapa, sobreviene usualmente el enojo o la angustia, pero es ello lo que posibilita la propia asunción de la autonomía.

El adolescente busca, fuera de su círculo familiar, ídolos o figuras que pueda tomar de referencia o de guía, modelos identificatorios en la construcción de una identidad propia. Es habitual que, por ejemplo, comience a admirar a un cantante musical, a una figura de la moda, a un deportista, etcétera.

Etapa marcada por la rebeldía: En búsqueda de la autonomía de pensamiento

El adolescente, por definición, es rebelde. No importa el ámbito o modalidad de esta revolución, sino su sentido psíquico. Ser subversivo, en este período, implica el pensar por sí mismo, admitir la posibilidad de pensar algo diferente a lo ya pensado por otros.

La rebeldía que se plasma más que nada en la relación con los padres, puede extenderse a la cultura en general, a todo lo ya pensado, lo instituido, lo que es. Por eso se dice que los adolescentes quieren cambiar el mundo. Esto es la autonomía de pensamiento, que continuará en la vida adulta. Se trata de abrir caminos nuevos, de querer crear, innovar, diferenciarse.

El adolescente está en plena búsqueda de su singularidad y, para alcanzarla, emprende una diferenciación con los otros. Comienza a desconfiar de sus certezas infantiles.

Los cambios físicos que experimenta el adolescente

A la par de los cambios psíquicos irrumpen, de modo involuntario, evolutivo, modificaciones hormonales y corporales, que pueden ser vividas con placer o displacer. Este es otro conflicto por el que pasa el adolescente. La relación del adolescente con su nuevo cuerpo sentará las bases de su la futura relación psique-soma adulta, que puede ser de aceptación o de rechazo.

La pubertad, etapa biológica de metamorfosis, coincide y se relaciona con la preadolescencia y la adolescencia. Por ende, el joven, que está duelando su niñez, su cuerpo infantil, ve tanto su psiquismo como su cuerpo afectados.

Ocurren cambios hormonales y morfológicos. El cuerpo ya es apto para la reproducción biológicamente, no así desde la preparación psicológica. Los órganos genitales se desarrollan cambian su aspecto, aparece el famoso acné juvenil, se crece en estatura, en el caso de las mujeres se ensanchan las caderas, etcétera.

Los cambios de la pubertad requieren del joven un esfuerzo de simbolización y de apropiación del nuevo cuerpo. Debe darle sentido y hacerlo suyo. Este es un esfuerzo de tipo psíquico.

El nuevo cuerpo puede ser percibido como agradable o desagradable, según el Ideal del Yo que tenga el joven. Esto se relaciona con las expectativas y estereotipos de la cultura, de los padres y el grupo de pares, así como la reacción del joven ante dichas exigencias, cómo interioriza todo esto.

La manera en cómo viva su cuerpo tendrá relación con su autoestima. Un cuerpo aceptado fortalecerá la misma, pero uno repudiado dará como resultado una autoestima empobrecida.

En la elaboración de los cambios físicos y psicológicos es favorable la educación sexual, para brindar información y por otra parte para hacer lugar a un espacio donde los jóvenes compartan sus inquietudes, puedan deshacer falsas creencias, etcétera.

Desafío de los padres en lidiar con un adolescente en la familia

No sólo para los jóvenes es una etapa complicada, sino para los padres, quienes pueden sentirse desorientados ante tantos cambios que suceden en sus hijos. Estos, que tal vez eran dóciles y conversadores, mutan en adolescentes contestadores y llenos de secretos. Sin embargo, esto es muy saludable.

El hijo, que ahora se muestra indócil, está de esa forma haciendo oír (por él y por sus padres) sus propios intereses, valoraciones y juicios. Está, al mismo tiempo, dejando atrás su Yo infantil, lo que supone un duelo, por los padres idealizados y por el cuerpo de la infancia.

La posibilidad de exponer los propios juicios, en oposición a los padres, la habilidad de mentir y ocultar secretos, supone una separación psíquica de la instancia parental.

A la par de los cambios psíquicos irrumpen, de modo involuntario, evolutivo, modificaciones hormonales y corporales, que pueden ser vividas con placer o displacer. Este es otro conflicto por el que pasa el adolescente. La relación del adolescente con su nuevo cuerpo sentará las bases de su la futura relación psique-soma adulta, que puede ser de aceptación o de rechazo.

El joven adolescente está pasando por muchos cambios y necesita, aunque no lo exprese verbalmente, paciencia, contención y acompañamiento, en la transición hacia la vida adulta.

Otra cuestión fundamental es que los padres entiendan la necesidad de autonomía, física y psíquica, de su hijo, haciéndole lugar a la misma. Debe entenderse el conflicto y la revolución como algo sano y propio de esta etapa, lejos de constituir una preocupación.