Significado de Cliente-Servidor

¿Qué es el Cliente-Servidor?

Es el protocolo que construye un puente de diálogo entre dos puntos que interactúan, de un lado un PC, smartphone u otro dispositivo, mediante un software específico utilizado por un usuario (por ejemplo un navegador de Internet o un programa FTP), y del otro una estructura informática (denominando puntualmente al sevidor, entendido como una potente computadora diseñada para estar activa y responder solicitudes de modo contínuo). Es importante entender que el servidor tiene que tener la potencia suficiente para contestar a la demanda, es así que los grandes sitios, como Amazon por ejemplo, funcionan sobre una estructura de red formada por múltiples servidores que trabajan simultáneamente.

Historia: cimientos y evolución de la significación

La idea de arquitectura cliente-servidor se remonta a mediados de la década de los 60 y, más concretamente, a 1964 con el sistema informático IBM OS/360, al cual se le podían enviar peticiones de ejecución de tareas, y el sistema respondía con la salida de dicha tarea.

En la época, era una arquitectura necesaria: las computadoras eran grandes aparatos que ocupaban mucho espacio, y eran caras. No existía el concepto de computadora personal o microcomputadora (que nacería casi en la década de los 80), y estas máquinas debían ser compartidas por varios usuarios.

Es por ello que se buscaba optimizar su rendimiento de todas las formas posibles, como permitiendo la ejecución de trabajos a determinadas horas para aprovechar las noches, fines de semana, o en general los momentos en los que pocos usuarios estuvieran trabajando en tiempo real con la máquina.

El éxito de IBM en el incipiente mercado de la computación llevó a que sus máquinas marcaran la pauta, y eso en la informática equivale a imponer estándares, por lo que el modelo cliente-servidor inicial evolucionó y se impuso.

Fue tal su éxito, que los responsables de la iniciativa DARPA lo abrazaron en la creación, en 1969, de ARPANET, su red informática descentralizada. ARPANET se convertiría, a posteriori, en la actual Internet.

Ambos términos (cliente y servidor) pronto empezaron a denominar tanto el programa que proporciona el servicio o los contenidos (servidor) y el que se conecta a este para solicitarlos (cliente) como las computadoras físicas que realizan tales tareas.

De esta forma, muchas empresas disponen de “servidores”, que no son más que computadoras que no están al alcance físico de los usuarios, y que están dedicadas a ejecutar una serie de programas y servicios (como la compartición de ficheros, impresoras, almacenamiento,…) utilizados desde los puestos de trabajo, conocidos así como computadoras “cliente”.

Si bien en todos estos años desde principio de la década de los 70, el concepto cliente-servidor ha evolucionado poco o nada, sí lo han hecho las tecnologías que han permitido alimentarlo. Este es el caso de la tecnología push, que permite alimentar al cliente con nuevos datos sin que este tenga que hacer una petición explícita de actualización al servidor.

Estructura y función: imperceptible y esencial

En nuestro trabajo con equipamiento electrónico avanzado, tal como smartphones, computadoras o smart TVs (televisores inteligentes) utilizamos el modelo cliente-servidor a diario, sin siquiera darnos cuenta.

Por ejemplo, todos y cada uno de los sitios web que visitamos, responden a dicho modelo: el dispositivo desde el cual navegamos (sea este nuestro smartphone o computadora) es el cliente, y las páginas web son “servidas” desde una computadora remota a la que nos conectamos, por un programa que se conoce como servidor web.

Todo lo que consultamos desde el navegador web responde a este mismo esquema y modelo. Por ejemplo, estas mismas líneas de texto que está usted leyendo han sido “servidas” desde el servidor web en el cual se aloja la página que las contiene.

Las redes sociales, como Facebook o Twitter, responden al mismo modelo. Incluso las apps móviles, como Instagram, WhatsApp, o Telegram responden al mismo modelo cliente-servidor.

En dicho modelo también se incluyen las populares aplicaciones de contenidos, como Netflix, Spotify, o Amazon Prime Video utilizadas desde un smart TV o desde cualquier otro dispositivo. Los contenidos no residen localmente en nuestra computadora, sino que los descargamos a voluntad desde los servidores de la compañía que nos proporciona el servicio.

Incluso utilizamos, sin darnos cuenta, el modelo cliente-servidor sin tener que recurrir a un aparato con pantalla: si en su casa usted tiene una bocina inteligente como las Google Home o Amazon Alexa, cuando le dicta a esta una orden de voz, esta se envía a los servidores que la procesan y realizan la acción solicitada (o devuelven un mensaje de error en caso que no la entiendan), proporcionando la información o contenidos al dispositivo cliente (la bocina).