Significado de Convivencia

¿Qué es la convivencia?

Es la capacidad de interactuar socialmente, entendiendo las normas y la cultura que rigen la sociedad a la que uno pertenece, y saber expresar opiniones discordantes manteniendo el respeto; los parámetros establecidos cultural y legalmente pueden cambiar con el tiempo y de esta manera colocarse en cuestionamiento. También, cada ámbito social, tal es el caso de la familia, el laboral, religioso, académico, etc., manifiesta códigos específicos de actuación. Tiene origen en el verbo del latín convivĕre, que presenta el conector con- para indicar una idea de relación, y vivĕre, que indica la propia existencia.

Convivir con uno mismo

La primera persona con quien estamos, de modo permanente, somos nosotros mismos y dicha relación determina en parte que podamos tener una buena convivencia con otros. La convivencia con los propios conflictos psíquicos es un tema usual de consulta terapéutica.

Es importante, en este sentido, valorarnos y respetarnos comprender nuestros derechos y necesidades, estar en armonía con nuestros fracasos, tener orgullo por nuestros logros, amarnos y buscar nuestro bienestar físico, social y psicológico.

Reglas de convivencia en la familia

La familia es una unidad social, dentro de la cual se aprende a relacionarse con los otros, a resolver conflictos, cumplir tareas, tener empatía, comunicarse y crecer personalmente. Somos seres sociales, que necesitamos y nos beneficiamos de un contacto sano con otras personas y en la familia adquirimos pautas para que sirvan también fuera de ella.

Una convivencia sana es entendida como compañía, ayuda recíproca en los quehaceres cotidianos, amor, diálogo, construcción de recuerdos y una historia común, sentido del humor, espacio para las singularidades, solidaridad, reconocimiento y respeto del otro, etcétera.

Vivir con otros no es sencillo, pues hay una puja entre intereses, gustos, costumbres, incluso dentro de una misma familia. Deben resignarse siempre, en cierta medida, los deseos individuales para llegar a acuerdos de convivencia pacífica.

En toda familia aparecen conflictos que perjudican las relaciones personales. Para minimizar el efecto nocivo de los conflictos es conveniente establecer algunas pautas básicas de convivencia. Algunas de ellas podrían ser las siguientes:

1) establecer un horario para ciertas actividades (para las comidas o para la hora de salida y de llegada),

2) evitar levantar la voz y cualquier forma de lenguaje agresivo,

Es fundamental construir y desarrollar relación entre los miembros de la familia

3) intentar que las decisiones que afectan a todos sean consensuadas de manera colectiva,

4) determinar que el no cumplimiento de una regla tiene sus lógicas consecuencias y

5) proponer que las distintas tareas del hogar sean repartidas con un criterio equilibrado.

Todas estas pautas no garantizan la desaparición de posibles conflictos, pero permiten crear un clima favorable que facilita la convivencia.

Construir y mantener la convivencia en la pareja

Para los niños, el funcionamiento de su familia parece muy natural, como si hubiese sido siempre así, pero en un principio cuando estaba solamente la pareja (por supuesto que hay otras constituciones familiares y todas son válidas), tuvieron que acomodarse uno al otro y crear ciertas pautas, implícitas o explícitas, sobre la cotidianeidad de su hogar.

Puede que una pareja que se llevara muy bien, acabe por disolverse luego de un tiempo de convivencia. ¿Por qué? La razón es que no es fácil, el trato con que se desenvuelve la “familia Ingalls” en la pantalla televisiva no es más que una ilusión.

Cuando una pareja decide compartir la misma vivienda, puede que tenga una serie de peleas, hasta acomodarse (o no), ya que cada uno viene de una familia diferente con sus propios hábitos (de limpieza, alimentación, comunicativos) y mientras más disímiles sean más les costará convivir.

Además, la convivencia favorece un conocimiento más profundo de la pareja, lo que puede hacerla más unida o generar un quiebre.

Reglas de convivencia en el ámbito escolar

La escuela es otra suma de individuos bajo un mismo techo, en este caso niños y adolescentes, además del equipo docente, no docente, personal administrativo y directivos.

Cada escuela tiene sus propias reglas en cuanto a la convivencia, a veces redactadas por escrito. Son fruto de un consenso o de una imposición, todo depende de cómo se ejerza el poder en dicha institución, si es o no democrática, toma en cuenta la opinión de los estudiantes o no la considera, etcétera.

El “acuerdo de convivencia escolar” regula las relaciones interpersonales entre estudiantes y con el resto de la comunidad educativa, para que no haya violencia física, verbal o psicológica.

Las particularidades de este documento se relacionan a los valores morales a los que adscribe la institución, religiosa o laica, pública o privada, que pueden ser, por ejemplo, la tolerancia, el diálogo y la igualdad. En la escuela se aprenden conocimientos sobre distintas materias y, al mismo tiempo, se transmiten una serie de valores para favorecer el desarrollo humano de los estudiantes.

Además, se proponen deberes y derechos, así como intervenciones o sanciones frente a las faltas, que pueden ser leves o graves. Con el objetivo de mantener una buena convivencia pueden establecerse también medidas en cuanto a la vestimenta, modos de expresión, cumplimiento de horarios y comportamiento deseado de los estudiantes. En este sentido, podemos destacar algunas amenazas que ponen en peligro un buen clima de convivencia: las actitudes individualistas y egoístas, las agresiones físicas o verbales, el bullying o acoso escolar, el uso de un lenguaje sexista o xenófobo o la ausencia de planes de integración de los alumnos con discapacidad.

División de tareas: estereotipos de género

Aunque tradicionalmente se creía que cada género debía desempeñar cierto rol en la convivencia familiar, hoy en día ese mito está cayendo. No es verdad que las mujeres u hombres sean mejor para tal o cual cosa, sino que depende de acuerdos construidos en diálogo.

Puede que la mujer se ocupe del cuidado del hogar y el hombre salga a trabajar (este es el estereotipo patriarcal), pero también es perfectamente válido que suceda al revés. Otra posibilidad es que ambos trabajen y se ocupen del hogar. Cuando se dejan de lado los estereotipos de género, se está en condiciones de llegar a una división de tareas más justa y adaptada a los deseos de ambos miembros de la relación amorosa.

Sin tolerancia no hay convivencia

En cualquier colectivo humano o en cualquier sociedad hay individuos con intereses e inquietudes diversas. Esta pluralidad se manifiesta en ámbitos distintos: creencias religiosas, tendencias políticas, costumbres, etc. Para que las diferencias existentes no desemboquen en situaciones de conflicto, la actitud tolerante es la herramienta más eficaz.

La tolerancia se proyecta hacia todos aquellos que no son o no piensa como nosotros. Las actitudes intolerantes provocan irritación, mal humor y conductas dogmáticas. Estos elementos no favorecen las relaciones humanas y, por lo tanto, provocan un clima de convivencia problemático.

Desde lo histórico, la mayoría de los grandes conflictos han tenido y tienen una relación con las actitudes intolerantes. Los nazis despreciaban a los judíos, los supremacistas blancos consideraban a las otras razas como inferiores, los fundamentalistas religiosos creen que sus creencias son las únicas verdaderas y consideran que están legitimados para imponer sus criterios. En ninguna de estas circunstancias imperó un clima de tolerancia.