Fascismo Significado, Características, Expansión, SGM y Contemporáneo

Significado: ¿Qué implica el fascismo?

Es un pensamiento sociopolítico instaurado sobre las raíces del Partito Nazionale Fascista liderado por Mussolini, quien tomara el poder de Italia en el período 1922-1943 convirtiéndose en uno de los principales aliados de la Alemania de Hitler, razón por la cual Mussolini es fusilado en abril de 1945 en el último pasaje de la Segunda Guerra Mundial. Esta visión tuvo una profunda influencia en europa, operando sobre los principios del resguardo y desarrollo nacional desde una ideología autoritaria.

Características del origen histórico

El fascismo nace en la Italia de entreguerras, ya que pese a ser un país enmarcado en el bando vencedor, se siente maltratado por unas escasas ganancias territoriales. Es, también, un país pobre y desunido, pero con esperanzas e ínfulas, caldo de cultivo ideal para lo que hoy llamamos populistas. Y uno de ellos es Benito Mussolini, ávido de poder y socialista convencido… hasta que crea una nueva doctrina adaptada a sus necesidades y, a su vez, maleable para asaltar el poder.

En 1919, el poeta Gabrielle D’Annunzio (de perfil ultranacionalista) ocupó la ciudad de Fiume (la actual Rijeka croata en la costa dálmata), que reclamaba para Italia. Al no ser atendida su demanda, proclamó Fiume como estado independiente y se intituló Duce (un título que Mussolini también utilizaría). Fue el primer experimento de un protofascismo que se definiría rápidamente.

Quien recogería las ideas de D’Annunzio para tejer la maleable ideología fascista, basada en un nacionalismo a ultranza y una importancia máxima del estado, fue Benito Mussolini. Éste, en el mismo 1919 fundaba en Milán los Fasci di combatimento, la primera organización fascista, que daría nombre a la tendencia política.

En 1921 los Fasci fundarían el partido político, el PNF (Partido Nacional Fascista), con el que Mussolini entraría en el parlamento italiano como diputado. Pero si algo caracteriza las formaciones fascistas es que no quieren formar parte de un sistema democrático, sino ostentar el poder, un fin para el que todos los medios están justificados.

Así es como en marzo de 1922 y ante un gobierno débil, Mussolini y el PNF buscan forzar el cambio de gobierno protagonizando la que sería conocida como Marcha sobre Roma, realizada por seguidores fascistas para tomar el poder por la fuerza.

Tras la marcha, el rey Víctor Manuel III solicitaría a Mussolini que formara gobierno, sucumbiendo así a la presión fascista.

Expansión internacional

Fuera de Italia había elementos que tomaban buena nota del trabajo y la evolución de Mussolini, principalmente en Europa.

Por ejemplo, en Alemania, donde un Adolf Hitler que ya se había hecho con el control del DAP para convertirlo en el NSDAP, tomaba buena nota de los métodos del dictador italiano, e intentaba imitarlo aunque sin éxito en el conocido como Putsch de Múnich en 1923.

En España, José Antonio Primo de Rivera (hijo del dictador Miguel Primo de Rivera) fundaría en 1933 la Falange Española, el equivalente al PNF, que al siguiente año se fusionaría con las Juntas de Ofensiva Nacional-Sindicalista para dar paso a una Falange más modelada al estilo fascista italiano.

No obstante, dicho partido fascista sería traicionado durante la Guerra Civil Española por el futuro dictador Francisco Franco, quien inspirándose en el régimen mussoliniano, y también en el culto a la personalidad a Hitler, crearía un régimen personalista de tintes fascistas, pero alejado de algunos de los principales valores reclamados por Falange, que quedó mayoritariamente como una doctrina desvirtuada a manos del conocido como ‘Generalísimo’.

En Hungría, el regente Miklós Horthy encabezó, tras el desmembramiento del Imperio Austro-Húngaro, un régimen personalista que tomó muchos elementos del fascismo, aunque no todos, algo que diversos regímenes de entreguerras copiarán para justificar el personalismo de sus mandatarios.

En Portugal, el Estado Novo encabezado por el economista António de Oliveira Salazar también se apropiaba de parte de la ideología fascista para construirse como un factor diferencial e intentar aglutinar a la población a su alrededor.

En Rumanía, la Guardia de Hierro (el partido fascista local) no pudo hacerse con el control del país hasta 1940, apoyándose en el dictador Ion Antonescu (nuevamente, el apoyo fue mútuo entre él y el partido, y viceversa).

América e incluso Asia no escaparon a la influencia de los movimientos fascistas nacidos en el período de entreguerras, y aunque muchos políticos mostraron su interés y admiración en el régimen mussoliniano y, posteriormente, también en el hitleriano, sólo triunfaron en Suramérica, con elementos fascistas pero también otros de cosecha propia, como en el caso del dictador Trujillo en República Dominicana, o el de Anastacio Somoza en Nicaragua.

Durante la Segunda Guerra Mundial, el régimen nazi impuso regímenes de corte fascista en los territorios ocupados y países satélites, amparándose para ello en los partidos de corte fascista locales, aunque en algunos casos (como el de Noruega) estos eran minoritarios antes de la guerra y lo continuaron siendo durante esta.

El fascismo tras la Segunda Guerra Mundial

Los regímenes fascistas fueron los perdedores de la conflagración bélica mundial y, tras el descubrimiento por parte del gran público de las atrocidades que estos habían ido cometiendo según iban conquistando territorios (especialmente Alemania y Japón, aunque difícilmente se puede considerar este último como régimen propiamente fascista pese a tener muchos elementos en común), el fascismo entró definitivamente en el libro negro de la historia, evaporándose súbitamente cualquier atisbo de admiración o voluntad de admiración por parte de cualquier político que aspirara a algún cargo público.

No obstante, las realidades de la Guerra Fría daban paso a una época de -permítanme la expresión en un contexto muy determinado- ‘florecimiento’ de estos regímenes en Suramérica y África, espoleados por los Estados Unidos.

Si bien el fascismo emana en sus orígenes de la izquierda y, más concretamente, del socialismo, las posiciones antirevolucionarias y conservadores que acabará adoptando, lo enfrentarán decididamente con el comunismo, una postura que le irá muy bien al bloque capitalista y, sobretodo, a su principal valedor, los Estados Unidos, para combatir la amenaza de la URSS y la extensión del comunismo.

Así, los Estados Unidos consentirán, cuando no tutelarán directamente, el establecimiento de regímenes de clara inspiración fascista en toda América del centro y sur, en países como Chile, Argentina, Paraguay o Nicaragua.

El fascismo contemporáneo

Tras el derrumbe del bloque soviético, el fascismo vuelve a despuntar en una Europa que parece haber olvidado en buena parte su pasado, precisamente mediante el revisionismo de este.

Como predijo Churchill, los actuales líderes fascistas del viejo continente no niegan tal etiqueta (aunque tampoco hacen gala de ella), y acusan a quienes les señalan de ser ellos los fascistas.