Significado de Comunismo

¿Qué es el comunismo?

Es una expresión ideológica empujada por los filósofos Marx y Engels, que funciona sobre el principio de trasladar el poder privado a los trabajadores, no obstante tal interpretación tiende a deformarse hacia regimenes dictatoriales como el establecido en Corea del Norte, actualmente liderado Kim Jong-un.

Su construcción y desarrollo está dado por férreos militantes, que se instalan dentro del poder político para alcanzar el comando del estado, y de ese modo, alterar la pirámide económica y social a partir de medidas que resultan inevitablemente de carácter totalitario, y es en este punto donde surge su mayor cuestionamiento, observando referencias históricas que exponen la persecuón e inluso muerte de opositores así como contradicciones en el ejercicio del poder. Es la contracara del feroz capitalismo, al querer destruir el sector privado, o al menos limitar y controlarlo, y de la democracia, al negar la posibilidad a elecciones libres de los mandatarios como la división de poderes independientes.

La práctica política del comunismo suele distanciarse de las visiones de Marx y Engels, abandonando la benevolencia con el pueblo, la tolerancia y la igualdad, marcando la historia de la peor manera. Ningún partido político debería justificar la muerte.

Historia del movimiento

Pese a que el Comunismo como doctrina política ve su punto de arranque ‘oficial’ con la publicación del Manifiesto Comunista en 1848 (un año antes se había constituído la Liga de los Comunistas, evolución de la Liga de los Justos), hunde sus raíces un poco más atrás en el tiempo.

Dejando de lado las propuestas ‘protocomunistas’ de comunidades que han existido a lo largo de la historia (por ejemplo, podríamos llegar a considerar como una comunidad protocomunista alguna de las tribus existentes en la selva amazónica o en las islas del Pacífico que desconocen el concepto de propiedad privada), los socialistas utópicos capitaneados por el pensador prusiano Friedrich Engels pueden ser considerados como los directos predecesores del comunismo.

El Manifiesto Comunista es una suerte de opúsculo de unas 23 páginas en el cual se exponen los conceptos, fines y tendencias del movimiento comunista, como la lucha de clases, la clase proletaria, o las expropiaciones a la clase burguesa tras la toma del poder por el proletariado.

El comunismo, también llamado marxismo en honor a Karl Marx, el filósofo alemán que tuvo un papel preponderante en su construcción (junto a Friedrich Engels) se estructuró como un movimiento internacionalista de izquierdas, radical y revolucionario, con organizaciones y congresos, conocidos como ‘internacionales’.

La Primera Internacional tuvo lugar en 1866 en Ginebra (Suiza), con una organización permanente con una sede que cambió de Londres a Nueva York (sí, una de las ‘Mecas’ del capitalismo; paradójico…).

En 1899 se fundaría la Segunda Internacional, en la cual también tomarían parte los socialistas y los laboristas. Hasta la Guerra Civil Rusa y el periodo de entreguerras, la convivencia de los movimientos revolucionarios de izquierdas sería suficientemente pacífica, mucho más de lo que sería después. Así, comunistas, socialistas, anarquistas y distintas variantes y corrientes, se entenderían bien y colaborarían. Aún en el conflicto civil ruso podríamos ver alianzas ocasionales entre comunistas y anarquistas.

Esta Segunda Internacional sería disuelta en 1916, y daría paso a la Tercera Internacional, fundada en Petrogrado (Rusia) en 1919, y estuvo marcada por el dominio de los bolcheviques rusos.

Características del comunismo

El comunismo es una doctrina socio-política que pregona, entre otros y a grandes rasgos, los siguientes postulados:

  • El proletariado (en referencia a los trabajadores que no controlan los medios de producción ni de distribución) debe ser liberado, y el comunismo es la doctrina que conduce a dicha liberación.
  • la capacidad de producción en serie derivada de la revolución industrial debe ser reorganizada en beneficio de todos y no sólo de los capitalistas, sino también de los proletarios, quienes deben tomar un papel activo a todos los niveles.
  • El punto anterior implica una revolución, a la vez que determina otro principio como es la erradicación de la propiedad privada. De esta forma, los centros de producción pasan a formar parte del estado, del colectivo.
  • La economía debe ser gestionada de forma centralizada y planificada.
  • la educación debe ser universal (para todo el mundo) y gratuita. El sistema es meritocrático, de forma que cada persona ocupe el lugar para el que sea más apto y beneficioso para la comunidad.
  • Todos estos cambios no podrán ser implantados pacíficamente -algo que la teoría comunista considera deseable-, por lo que se prevé un conflicto, una “guerra de clases”.
  • La revolución debe ser global y no solo local, empezando por los países en los que se inició la revolución industrial.
  • El objetivo último es la erradicación de las clases sociales, que todas las personas tengan sus necesidades cubiertas, y que también sean eliminadas la competencia y la acumulación.

Para conseguir materializarlos, se proponen soluciones como las expropiaciones a los grandes terratenientes, la abolición del derecho de herencia, y la centralización de los bancos, con la prohibición de los bancos privados, entre otras medidas.

Punto de inflexión: la Revolución Rusa

Pese a que mucha gente cree todavía hoy que la revolución rusa fue organizada y capitaneada por los comunistas desde su primera hora, lo cierto es que los bolcheviques eran una facción más de las que ‘surfeaban’ un movimiento surgido del hartazgo del pueblo llano para acabar con un régimen despótico y una guerra (la Primera Guerra Mundial) que no deseaban, y en la que un Imperio Ruso ya dañado por su conflicto contra Japón a principios del siglo XX se estaba desangrando.

Tras la guerra civil que asoló el país, los bolcheviques impondrían un régimen represivo basado en los principios económico-sociales del marxismo, pasados por el tamiz de Lenin. La URSS (Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas) era el primer país en abrazar oficialmente el comunismo, una doctrina que buscó expandir.

Así, y tras la pérdida de Finlandia y las repúblicas bálticas que se desgajaron del Imperio Ruso, el gobierno comunista soviético intentó la invasión de Polonia, que no cuajó, siendo el Ejército Rojo expulsado del país.

Tras el caos de la Guerra Civil Rusa y el final de la Primera Guerra Mundial, las democracias occidentales de corte capitalista y otros estados como el japonés, crearon un “cordón sanitario” para aislar a la URSS e intentar que el comunismo no ganara más terreno en el mundo. La Segunda Guerra Mundial cambiaría la situación.

En los brazos de los nazis

El periodo de entreguerras llevó a una extraña “amistad” entre la URSS y Alemania, dos naciones que habían sido penalizadas internacionalmente, aunque por motivos distintos, y que sufrían consecuencias similares.

Así, por ejemplo, el régimen nazi consiguió materias primas de la URSS, la cual consiguió de los germanos algunos adelantos tecnológicos. Ambos también desarrollaron tácticas militares e intercambiaron personal para ejercitarse conjuntamente.

Esta alianza contranatura de dos teorías sociopolíticas tan distintas culminó en el pacto de no agresión y amistad germano-soviético (conocido como Pacto Ribbentrop-Mólotov), que dejó desconcertados a los partidos comunistas de todo el mundo. Estos recibirían instrucciones para colaborar con las fuerzas de extrema derecha o, por lo menos, no oponerse a ella.

Esta colaboración culminaría en la invasión conjunta de la Alemania nazi y la URSS a Polonia en 1939, y en la pasividad del Partido Comunista francés cuando el eje se lanzó sobre Francia en 1940.

No obstante, esta alianza no podía durar; los nazis consideraban las tierras del este como el Lebensraum, su “espacio vital” necesario para expandirse, y a los eslavos, los pueblos que habitaban esta área, inferiores racialmente ante los arios que ellos afirmaban ser.

El 22 de junio de 1941, por sorpresa, los nazis se abalanzaban contra los territorios polacos ocupados por los soviéticos. La guerra racial, y también ideológica, que se había estado preparando, estallaba con gran virulencia.

Países de referencia entre la Batalla de Berlín y la caída del muro

La URSS sería la tumba del nazismo. Sin menospreciar la aportación occidental, liderada por Estados Unidos y Gran Bretaña, el titánico esfuerzo de la URSS para acabar con los invasores nazis llevó al Ejército Rojo a Berlín, y a la partición de Europa.

Toda una serie de estados de la Europa del este cayeron bajo la órbita soviética y proclamaron, de una forma u otra, repúblicas socialistas de corte comunista: Hungría, Checoslovaquia, Polonia, Bulgaria,… Otros, como Yugoslavia, proclamaron un régimen comunista por su cuenta, sin intervención de la URSS.

También en China, la Guerra Civil fue ganada por los comunistas en 1949, tras un paréntesis de colaboración con los nacionalistas del Kuomintang para hacer frente a los invasores japoneses.

El comunismo también protagonizaba revoluciones en países de África y Asia en proceso de descolonización, como Vietnam o Angola, a la par que los revolucionarios latinoamericanos como el Che Guevara buscaban alzar gobiernos que siguieran los postulados comunistas en América del centro y del sur.

Ante ellos, los Estados Unidos, impulsaban regímenes dictatoriales de corte derechista (cuando no abiertamente ultraderechistas) para contrarrestar la influencia comunista en el mundo, combatiendo una “teoría del dominó” que dictaba, según quienes creían en ella, que los comunistas querían apoderarse del mundo tumbando un estado tras otro, como caían las fichas de un dominó (de ahí su nombre) hasta derrotar a las democracias occidentales, incluidos los Estados Unidos.

Tras la caída de la URSS se comprobaría que esta estrategia del dominó no existió realmente, que a partir de un determinado momento tras la Segunda Guerra Mundial, la URSS no estaría interesada en la exportación de la revolución comunista, aunque sí en aprovechar las oportunidades que le iban surgiendo en este sentido.

Entre finales de los 70 y la década de los 80, los Estados Unidos verían por donde ‘apretar’ las tuercas a la URSS y sus satélites: por el lado económico. Así, asfixiando a la economía, provocaron una serie de escaseces y malfuncionamientos sociales en dichos regímenes que, en 1989, terminaron con la implosión del sistema.

Presente y futuro del comunismo

Tras la caída del muro de Berlín, el hundimiento de los regímenes comunistas de Europa del este, y la apertura de China a un modelo económico más capitalista que comunista, a los comunistas del mundo no les quedan grandes referentes.

Corea del Norte sería lo más cercano, aunque el gobierno de aquel país ha convertido el régimen dictatorial en una aberración que a buen seguro no sería aprobada por Karl Marx.

En muchos casos, los antiguos partidos comunistas se han integrado en coaliciones con otras fuerzas izquierdistas y con los ecologistas, integrando postulados de estos últimos a sus propias doctrinas.

Este es el caso de España, con la formación de Izquierda Unida, una coalición que contaba con el PCE (Partido Comunista de España), y que más tarde fue a su vez absorbida por Podemos.

En Portugal, un país con un Partido Comunista que es de los pocos (si no el único) que podemos considerar ortodoxo en todas Europa occidental, este se integra en la coalición CDU junto a los Verdes.

La causa de estas coaliciones es, principalmente, el desprestigio sufrido por el comunismo con la abrupta caída de la URSS y sus estados satélite, y como quedaron descolocados los comunistas en todo el mundo por esta gran sacudida.

No obstante, el papel del comunismo en el siglo XX no es menospreciable, y algunos historiadores afirman que las ventajas obtenidas por los trabajadores en las economías capitalistas han sido posibles en buena parte gracias a la sombra que el comunismo proyectaba sobre todo el mundo, al miedo de las clases dirigentes capitalistas de que si no cedían en algunas reivindicaciones de los proletarios, en sus respectivos países podían darse revoluciones comunistas como en la URSS.