Significado de Nazismo

¿Qué es el nazismo?

Es un movimiento político alemán liderado por Hitler que intentó dominar Europa, así como forjó el holocausto judío y la persecusión a comunidades que atentaban contra la autoproclamada raza aria, operando sobre la mayor máquina de propaganda.

Nazi es el adjetivo que responde a la forma abreviada de Nationalsozialist. Pese a que entendemos como nazismo a la agrupación política nacida del NSDAP (por sus siglas en alemán Nationalsozialistische Deutsche Arbeiterpartei, que se traduce como Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán) a partir del surgimiento de este como sucesor del DAP (Deutsche Arbeiterpartei) en 1920 con la incorporación de Adolf Hitler (que se había producido en 1919), el movimiento conocido habitualmente como nazi hunde sus raíces más profundamente, en un nacionalismo pangermánico que fue el que empujó a la unificación de la mayoría de los territorios de habla y cultura germana en 1871 (Segundo Imperio Alemán).

Historia y elementos esenciales del partido nazista

Al pangermanismo, los nazis le unieron el darwinismo social (nacido a finales del siglo XIX) con el convencimiento de que la germana o nórdica (de la cual se veían miembros) era una raza superior a las demás y, en el escalafón inferior, emplazaban a los judíos, recogiendo con ello la tradición antisemita existente prácticamente en todas partes y, en especial, en la vieja Europa.

El 24 de febrero de 1921 se celebró un congreso en el cual fueron fijados los puntos programáticos del partido. Estos, mezclaban las líneas antes delineadas (antisemitismo, pangermanismo, creencia en la superioridad de la raza germana -llamada aria por ellos-), con anticapitalismo y revanchismo por el resultado de la Primera Guerra Mundial, del cual los nazis culpaban a los grandes empresarios (especialmente los judíos) y a los comunistas, con lo que también sumaban el anticomunismo a su lista de fobias.

Sus filas se nutrían en gran medida por los voluntarios de los Freikorps, ex-militares desmovilizados tras la guerra que habían luchado en estas formaciones de extrema derecha, los cuales simpatizaban tanto con las ideas, como con sus formaciones paramilitares (especialmente las tropas de asalto, las SA), ya que les daba la oportunidad de utilizar sus conocimientos en una causa que compartían, y de sentirse útiles en un país que iba a la deriva.

La transformación organizada y liderada por Hitler

Hitler era un admirador de Mussolini, y en 1923, sintiéndose suficientemente fuerte, intentó un golpe de estado en Múnich (el conocido como Putsch de Múnich o Putsch de la cervecería) inspirándose en la Marcha sobre Roma del Duce. Sólo que el resultado entre ambas acciones no podía ser más dispar: el periodista y político italiano sería nombrado presidente del gobierno, mientras que el cabo austríaco sería juzgado y condenado después de que el ejército y la policía abortaran la intentona golpista.

Hasta 1925, el partido nazi estuvo prohibido. En dicho año, el partido se refundó y Hitler consiguió el poder absoluto en la organización, rodeado de unos jerifaltes que pugnaban por cotas de poder (Himmler, Goebbels, Göring,…), una dinámica que se dio hasta el final de la guerra.

A imagen y semejanza de su homólogo fascista italiano, el NSDAP modelado por Hitler podía permitirse el lujo de definirse como anticapitalista demonizando a los grandes empresarios, pero después agasajar a aquellos que los financiaban. De prometerse revolucionario a la vez que eran conservadores.

La carrera hacia el poder de los nazis, que culminaría en 1933, estuvo plagada de refriegas con los comunistas del KDP y ataques a comunidades judías y gitanas. Pese a ganar dos elecciones consecutivas, nunca pudieron formar gobierno en solitario, debiendo recurrir a alianzas.

Con el nombramiento de Hitler como canciller en 1933 por el presidente Hindenburg, los nazis acariciaban el poder, y pronto se lo harían enteramente suyo; con el Decreto del incendio del Reichstag primero, y la Ley habilitante después, los nazis conseguían deshacerse de sus enemigos políticos, e imponer su voluntad y sus ideas.

Objetivos de Hitler y el NSDAP en el poder

Hitler, a la cabeza del NSDAP, se dedicaría a la construcción de su obra: juntar, en un mismo dominio, todos los territorios de habla y cultura alemana (Anschluss con Austria, y anexión de los Sudetes y de Checoslovaquia en 1938), exterminar físicamente a los judíos (que serían deportados e internados en campos de concentración y exterminio junto a los opositores políticos y otros grupos sociales considerados “inferiores” por los nazis), y vengarse del resultado de la Primera Guerra Mundial.

Durante la guerra, el partido nazi siguió controlando con mano de hierro la sociedad alemana y la asimilada (Austria, los Sudetes, Luxemburgo,…), identificando la misma sociedad con el partido. Es decir: si no formabas parte del partido, este buscaba que no estuvieras socialmente bien visto.

La pertenencia al NSDAP se convertía en un trampolín social que permitía obtener buenos puestos de trabajo u otras prebendas, mientras que si no se era miembro, ello podía ser un hándicap para la vida profesional y personal.

De la misma forma, la juventud alemana era moldeada a imagen y semejanza de la idea que el partido tenía de cómo debían ser los y las jóvenes de raza ária.

Del auge impulsado por la victoria, a la caída y la desnazificación

Las rápidas victorias en los primeros meses de la guerra (Polonia, Dinamarca, Bélgica, Holanda, Francia) sólo persuadieron a los dirigentes y fanáticos nazis de que al final ganarían la guerra, dándoles una sensación de impunidad que les llevó a cometer los crímenes más atroces. El posterior cambio de tornas con los aliados haría que muchos se agarraran a posturas más radicales.

El objetivo perseguido por la ideología nazi y el NSDAP fue modelar el mundo a su imagen y, para ello, no escatimaron esfuerzos en el exterminio de quienes consideraban racialmente inferiores (judíos, gitanos, eslavos) esclavizándolos en los infaustos campos de concentración y exterminio.

La derrota final de Alemania y sus más próximos aliados (como Italia) no significó el fin de la ideología nazi, pero sí su persecución legal. Alemania y Austria fueron sometidas a un proceso de desnazificación, si bien las urgencias y necesidades de la Guerra Fría en ciernes acabaron haciendo que muchas personas útiles tanto para el bloque occidental (OTAN) como para el oriental (Pacto de Varsovia) no fueran completamente desnazificados.

Neonazismo: el nazismo tras la guerra y hasta la actualidad

La ideología nazi siempre se ha mantenido viva desde su surgimiento, superando incluso la derrota militar que supuso la Segunda Guerra Mundial, de la que surgió derrotada pero no liquidada.

Tras la guerra se prohibió el NSDAP y todas las organizaciones del régimen nazi. Socialmente se hizo mal visto expresar en público simpatías por las ideas del nacionalsocialismo, pero muchos veteranos nazis o simpatizantes, continuaron manteniendo las mismas creencias en privado, y transmitiéndolas a sus hijos y nietos.

Al mismo tiempo, la fascinación por las ideas y los objetos nazis iba en crecimiento en todo el mundo; en algunos lugares, como en los Estados Unidos, se podían y se pueden defender pública y abiertamente los ideales nacionalsocialistas, incluídos el racismo y el antisemitismo, amparándose en el derecho a la libre expresión reconocido por la constitución. En otros países, esta defensa pública de tales ideas está prohibida por ley.

El uso que durante la Guerra Fría dieron los Estados Unidos a la ideología ultraderechista también permitió el florecimiento del neonazismo, y no solamente en Alemania y Austria, si no que se ha expandido por toda Europa, incluso a aquellos estados que fueron víctimas del propio nazismo, como Francia o Gran Bretaña.

En Suecia, Finlandia, Noruega, o Suiza, se encuentran también organizaciones que siguen los ideales nazis, y bien conectadas a nivel internacional. También en los Estados Unidos, como he comentado antes.

Incluso es chocante encontrar organizaciones neonazis en Ucrania y Rusia, habida cuenta que su población eslava fue considerada por el nazismo como infrahumana, pero el nazismo también ha mutado para poder mantener relaciones a nivel internacional entre estos grupos.

Esta mutación parte no ya de la teórica superioridad de la raza aria, si no de que cada pueblo debería disponer de su tierra sin influencias extranjeras, de forma que la doctrina del nacionalsocialismo pueda adaptarse a cada realidad nacional.

Así, por ejemplo, se ha dado casos de partidos de corte nazi y que reverencian la figura de Adolf Hitler en lugares tan dispares como Mongolia, Israel (no es broma; en la ciudad de Petah Tivka se dieron incluso casos de asaltos a sinagogas vandalizadas con símbolos nazis), Brasil, o Nueva Zelanda.

Políticas que activan los pensamientos más profundos del neonazismo

Las doctrinas neonazis persiguen al inmigrante (de la tipología reconocida por la ONU como “inmigrante económico”, es decir, el que cambia de país al no poder subsistir en el suyo), a las personas de colectivos LGBT+, a los colectivos antifascistas, a quienes luchan por los derechos de igualdad de la mujer, y a los miembros de partidos izquierdistas.

La moderna derecha populista, con sus máximos exponentes en el presidente norteamericano Donald Trump y el político británico Nigel Farage, han dado cancha a la ultraderecha y los movimientos supremacistas descendientes del NSDAP o vinculados con la ideología neonazi de dos formas: adoptando parte de su discurso (especialmente en lo que respecta a la xenofobia en el caso de Trump), y blanqueando a estos movimientos al hablar de ellos como otra ideología más, sin tener en cuenta todos sus aspectos peyorativos.

En países como España o Italia existen movimientos que se relacionan con esta internacional neonazi, pero herederos directos de sus propios regímenes dictatoriales y con postulados no necesariamente idénticos a los nazis.

Así, el español Vox se destaca por ser un movimiento que adopta el catolicismo imperante en el país, mientras que un nazi ‘puro’ no sería precisamente un seguidor de ninguna religión cristiana.