Significado de Antisemitismo

  • Por Daniel Moreira (Historiador)
  • Dic, 2019
  • ¿Qué es el antisemitismo?

    Es toda acción que manifiesta desprecio hacia la religión judía y los miembros de esta comunidad, remontándose a la capacidad discriminatoria y destructiva de la naturaleza humana, y capaz de moldearse en movimientos trazados por el odio. Etimológicamente, es acuñado por el político alemán Wilhelm Marr, en 1881, como antisemitismus, y precisamente esta es la misma persona responsable por la constitución de la denominada Liga Antisemita en 1879.

    Historia: transformación y elementos del antisemitismo

    Hunde sus raíces en el cristianismo, en origen una secta dentro de las diversas que tenía el judaísmo (Jesucristo era apodado ‘rabino’ por sus seguidores). Sin embargo, con el paso del tiempo y el arraigo del odio, ha mutado de un tema meramente religioso para responder a las pulsiones y problemas de la sociedad de cada tiempo.

    Así, en la edad moderna, el antijudaísmo pasó a ser una cuestión racial, algo que venía dado por las convicciones de la época (siglo XIX, sobretodo). Pensemos que disciplinas como la frenología, tenida entonces por muchas personas como una verdadera ciencia, buscaba refutar la superioridad de la ‘raza blanca’ sobre las demás, y aquí el componente religioso se diluye para dar paso a uno más acorde con la sociedad y los tiempos, como es responder a esta preocupación por la raza.

    Tras la Segunda Guerra Mundial, el antisemitismo toma un cariz político, apuntando hacia los movimientos herederos del sionismo y, sobretodo, el estado de Israel y su amplia influencia en la política norteamericana.

    No debemos menospreciar otra explicación al porqué el fenómeno del antisemitismo se ha mantenido y ha pasado por épocas de popularidad: las sociedades buscan muchas veces culpar de sus males a otros, y tener a mano a un colectivo ‘diferente’ puede permitirles colgarles a estos el sanbenito.

    Es duro reconocer los propios errores, y probablemente, en sociedades que han llegado a cierto punto de hartazgo con una determinada situación, sea más fácil culpar a alguien de sus males, aunque sea de la propia ‘familia’. Así, el que difiere de la mayoría se torna un objetivo. Y muchas sociedades han tenido personas judías que se han convertido en objeto del odio sin haber hecho nada (y en muchos casos, todo lo contrario, habiendo prestado servicio a aquellas comunidades, ya que eran uno más de ellas).

    La Alemania nazi, por poner un ejemplo, pudo sacar el país de la ruina de la que venía por la gran crisis del 29 y una República de Weimar que no supo hacer frente a los acontecimientos, a base de culpar a los judíos de todos los males del país, desposeerlos de sus posesiones, y utilizarlas luego en beneficio del estado y algunos particulares.

    Si yo tengo dos vecinos, y me asocio con uno de ellos para decir que el tercero ha conspirado contra nosotros, y lo expulsamos del vecindario no sin antes robarle sus pertenencias, seguramente nuestros problemas económicos serían menores y nuestra situación mejor. Solamente nos hemos enriquecido, pero el vecino expulsado podía ser perfectamente una bellísima persona (con los defectos puntuales que todos tenemos, como cualquier ser humano).

    En las sombras del Imperio Romano

    Las sociedades precristianas solían ser muy pragmáticas en cuestiones religiosas: si yo rezo a un dios y tu a otro, cada uno a lo suyo. Incluso los poderosos romanos no ponían ningún reparo en respetar las religiones de los pueblos conquistados, siempre y cuando estos no se opusieran a pagar tributos y a respetar a los dioses de los romanos, ya que estos constituían la religión de estado.

    Cuando llegaron a judea, se encontraron con un pueblo poco permeable a las religiones ajenas (los romanos eran tan permeables que adoptaron costumbres religiosas de otros pueblos; por ejemplo, entre los legionarios se popularizó el culto a Mitra, un dios oriental) y, además, poco amantes de estar sometido a un yugo extranjero.

    Esto motivó diversas guerras y la segunda diáspora (70 a.C), que llevó a los judíos a diseminarse por todo el Imperio.

    La adopción del cristianismo como religión oficial del Imperio (380 d.C.) llevó, con el tiempo, a un empeoramiento de la relación entre los judíos y los gentiles, que fue in crescendo durante la edad media.

    Antisemitismo en la Edad media

    Es con el cristianismo cuando se estructura el discurso antisemita, todo él basado en la premisa de que “los judíos mataron a Cristo” sin tener en cuenta detalles nada carentes de importancia como que Jesucristo se crió en un entorno judío (y que sus seguidores le llamaban rabino).

    Tanto el fundamentalismo religioso cristiano como el musulmán, encontraron en las comunidades judías (de número reducido y, por lo tanto, vulnerables) una víctima propiciatoria, y una explicación a todos los males que aquejaban a las respectivas sociedades.

    Así, por ejemplo, se les culpó de pestes, de carestías, y de otros desastres naturales que requerían una explicación. Ante las acusaciones, las comunidades judías difícilmente podían defenderse.

    En la Europa cristiana se los comenzó a agrupar en barrios de las ciudades, llamados guetos, siendo el primero el de Venecia, creado en 1516. Las persecuciones y los asaltos a los guetos se generalizaron en Europa, aunque algunos nobles y reyes intentaron protegerlos, ya que eran “un bien”, una posesión. En Cataluña, por ejemplo, los judíos eran propiedad del Conde de Barcelona.

    El refugio de aquellos judíos que pudieron fue convertirse en indispensables para el funcionamiento de la sociedad o, por lo menos, de los gobiernos. Así, se hicieron banqueros (algo prohibido a los cristianos, y que contribuyó a generar las grandes dinastías de potentados de origen judío en Europa), médicos o científicos, aportando numerosos descubrimientos y avances.

    Periodo de la ilustración: un pequeño avance

    Pese a que las ideas de la ilustración surgidas en el siglo XVIII supusieron un avance en la aceptación de los judíos por parte de los gentiles como miembros iguales en las comunidades locales y nacionales, siglos de estigmatización y persecuciones habían calado demasiado hondo en el imaginario colectivo, por lo que el antisemitismo continuó existiendo y hasta nuestros días.

    Las peores persecuciones en esta época, y hasta la Segunda Guerra Mundial, se dieron en el este de Europa, especialmente en Rusia.

    De la edad contemporánea a la Segunda Guerra Mundial

    Pese a que Rusia, Polonia o el Imperio Austro-Húngaro eran buenas muestras de que en el este de Europa, los judíos vivían peor y sus vidas corrían mayor riesgo, en el oeste la vida tampoco era fácil para estas comunidades.

    Buena muestra de ello es el caso Dreyfus, que a partir de 1894 salpicó a toda la sociedad francesa, que se polarizó en defensores del capitán Alfred Dreyfus, judío y de origen alsaciano (por lo tanto, de tierras de cultura alemana, con quien Francia había perdido la guerra en 1870), y detractores.

    Es también a partir del siglo XVIII-XIX cuando el antisemitismo muta, y se pasa de una acusación contra el pueblo judío de tipo netamente religioso, a acusar a los judíos de urdir una conspiración para hacerse con el control del mundo y subyugar al resto de pueblos gentiles. Se pasa, por lo tanto, a una acusación que acaba superando y engullendo a los prejuicios religiosos, que acabarán siendo una parte más de la acusación global contra el judaísmo por por parte de los antisemitas.

    El antisemitismo evoluciona a una cuestión racista: los judíos forman parte de otra raza, inferior a la de los blancos, y peligrosa, según las voces antisemitas.

    En 1902, coincidiendo con una gran actividad antijudía en Rusia azuzada por las autoridades zaristas para tapar los problemas internos, se publica en San Petersburgo el libelo Los protocolos de los sabios de Sión, una fabulación fabricada para disponer de una prueba de la supuesta conjura judía para controlar el mundo, que es lo que explica el libro, un conjunto de actas de un supuesto encuentro de las élites judías para trazar su “plan maestro”.

    Dicho libelo fue desenmascarado por el rotativo británico The Times, pero hasta la Segunda Guerra Mundial (e incluso después, hasta hoy) hay gente que lo considera verídico. De hecho, fue uno de los argumentos del nazismo de primera hora contra los judíos.

    La Primera Guerra Mundial sumió a Europa en el caos, desintegrando imperios. Uno de ello fue el ruso. La desaparición de las autoridades zaristas y el advenimiento del comunismo, supuso una tregua en el antisionismo ruso hasta pasada la Segunda Guerra Mundial.

    Al mismo tiempo, y para atraerse las simpatías y la colaboración de la comunidad judía, los británicos prometían la creación de un “hogar nacional judío” en Palestina tras la guerra mediante la llamada Declaración Balfour. Esta no se cumpliría hasta pasada la Segunda Guerra Mundial.

    En el período de entreguerras, el antisemitismo crecería en centroeuropa, alcanzando su cénit en la Alemania nazi. No hace mucha falta explicar lo que vino a continuación…

    El estado de Israel y el nuevo antisionismo político

    Con los rescoldos de la segunda conflagración mundial todavía calientes, en 1948 nacía el estado de Israel, el cual inmediatamente se encontraba metido en una guerra contra los estados árabes vecinos, que no toleraban la existencia de aquel estado que veían como próximo a occidente en las que consideraban sus tierras, más cuando los israelíes deseaban Jerusalén, de la que ocupaban la mitad de la ciudad.

    Tradicionalmente, los musulmanes y los árabes no habían sido más antisemitas que los cristianos occidentales, y en etapas históricas lo habían sido bastante menos. La emigración de entreguerras y, sobretodo, la concesión por parte británica de la parte de Palestina para constituir el estado de Israel, llevó a una cuestión de odio que se extendió a lo religioso.

    Con los crímenes del nazismo, los neonazis de posguerra dejaron de incidir tanto en el aspecto racial de su odio (que permanece, pero mucho más discretamente) para pasar al político: el estado de Israel manipula, a través de los judíos del mundo, las finanzas, y se dedica a corromper las sociedades para imponer sus deseos. Esta es, a grandes rasgos, la argumentación del antisemitismo en estos momentos.