Significado de Guerra Fría

¿Qué es la Guerra Fría?

Es una idea que remite inmediatamente a la figura de la Unión Soviética (cabeza del Bloque Este) y Estados Unidos (cabeza del Bloque Oeste) y la amenaza latente de un combate armado entre ambos, que finalmente no se concretaría. Habitualmente se cita como punto de inicio el año 1961 a partir de la construcción del Muro de Berlín, o amplían el periodo de tiempo desde la posguerra (1945/47), o bien el establecimiento de la RDA (1949).

El discurso de Winston Churchill sobre el Telón de Acero, que pronunció el estadista inglés en 1946 en los Estados Unidos, también es tenido por muchos historiadores como el punto de partida de la Guerra Fría, aunque eventos anteriores en cuestión de semanas motivaron dicho discurso, que habría sido tomado como una afrenta por parte de los soviéticos.

Otros historiadores se remontan, incluso, a la Guerra Civil Rusa, argumentando que la intervención extranjera en ayuda de las tropas blancas (una amalgama de zaristas y nacionalistas junto a otros grupúsculos) y el posterior aislamiento diplomático de la URSS -que llevó al acercamiento de esta al régimen nazi- son la base en la que se sustenta la posterior Guerra Fría.

Si bien las potencias occidentales y la URSS fueron aliadas durante el conflicto contra el Eje, fue siempre una alianza de circunstancias, y las tensiones entre los dirigentes de los respectivos países ya afloraron en la conferencia de Potsdam que celebraron Reino Unido, Estados Unidos y la URSS.

Sea como fuere, la Guerra Fría tal y como la conocemos empieza en las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial -una vez que la derrota del eje se ve clara- o bien en la posguerra, pero hunde sin duda sus raíces en esa intervención extranjera en la Guerra Civil Rusa y el posterior aislamiento de la URSS en el ámbito internacional, por miedo de los gobiernos occidentales a que el comunismo se extendiera a sus países.

En ciertos aspectos, la Guerra Fría recuerda al ‘Gran Juego’ librado entre el Reino Unido y la Rusia Imperial entre 1837 y 1907 por la predominancia en Asia central. Otro aspecto clave de la Guerra Fría es la lucha entre los bloques occidental y oriental (y, en especial, entre Estados Unidos y la URSS) a través de lo que se llaman “guerras de proxy”, en la que ambos países asesoraban o prestaban apoyo de distinto tipo a dos bandos contendientes, generalmente en guerras civiles, pero difícilmente con implicación directa de ambos bandos.

El bloqueo de Berlín, pactos e influencias

Comprendiendo el periodo entre 1948 a 1949, fue uno de los primeros actos de la Guerra Fría, junto a la toma del poder poco clara de regímenes comunistas prosoviéticos en los países de la Europa del este que habían sido liberados por las fuerzas soviéticas en 1944-45.

Para defenderse de acciones agresivas promovidas desde Moscú, en abril de 1949 diversos países firmaron la declaración de nacimiento de la OTAN: Estados Unidos, Canadá, Reino Unido, Francia, Bélgica, Dinamarca, Italia, Islandia, Portugal, Países Bajos, Noruega y Luxemburgo, a los cuales, y en las siguientes décadas, se irían uniendo otros países.

Moscú tardaría en contestar a esta iniciativa, pues hasta 1955 no se erigiría el Pacto de Varsovia, cuyos miembros fundadores fueron la URSS, Albania (que se retiraría en 1968), RDA, Bulgaria, Checoslovaquia, Hungría, Polonia y Rumanía

Teoría del Dominó Americana y la Prevención Soviética

Estados Unidos temía la influencia soviética en los partidos comunistas de todo el mundo, y su lucha se encaminó a minar dicha influencia, a veces más imaginada que real. Las mentes pensantes de Washington tejieron la llamada Teoría del Dominó, según la cual la intención de la URSS era hacer caer, uno tras otro, bajo su influencia, acercándose a los Estados Unidos mientras minaba el poder norteamericano alienando a sus aliados.

Por parte soviética, la paranoia era algo habitual en el régimen estalinista, acostumbrado a periódicas purgas y con una herencia de paranoia que continuaría en las siguientes décadas, en las que todo extranjero era un potencial espía que debía ser vigilado, todo aliado era sospechoso de cambiar de bando, y todo ciudadano soviético era susceptible de vigilancia “por si acaso”.

Muchos historiadores afirman que desde la URSS no se llevó nunca a cabo una política dirigida a la dominación del mundo, y que solamente se aprovecharon los movimientos insurgentes que se daban en diversos países para prestarles ayuda, pero más que salir a dominar, se buscaba protegerse de la previsible agresión occidental.

Conflictos y expansión del comunismo en Asia

La Guerra Civil China y la Guerra de Corea fueron los primeros enfrentamientos tras la Segunda Guerra Mundial en los que el comunismo y el capitalismo se veían las caras, con distinto resultado. A este le seguía la crisis de los misiles de Cuba, que supuso un calentamiento de la Guerra Fría y lo más cerca que el mundo ha estado de una guerra nuclear.

Con la muerte de Stalin, el bloque de países comunistas sufría un cisma, pues Mao en la China prefirió seguir el camino abierto por el dictador georgiano, que había sido denostado en la URSS por su sucesor Jrushchov. Ambas potencias llegarían a las manos en 1969, aunque con incidentes de pequeña escala en la zona fronteriza común que, por suerte, no llegaron a más.

Este distanciamiento de China respecto a la URSS llevó a que los Estados Unidos se interesaran por estrechar lazos con China, haciendo válido aquello de “el enemigo de mi enemigo es mi amigo”.

Así que a comienzos de la década de los 70, se inició lo que posteriormente se llamó la “diplomacia del ping-pong”, basada en encuentros deportivos amistosos entre ambos países. La cuestión es que visitar China era difícil en aquella época, de forma que al invitar formalmente al equipo de tenis de mesa norteamericano, el gigante asiático iniciaba una política de deshielo entre ambas potencias, que le interesaba debido a su enemistad con la URSS.

Procesos de descolonización

Un tablero de ajedrez de ambos bloques: Tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, los imperios coloniales que todavía quedaban en el mundo, mayormente el británico y el francés (con presencias testimoniales del portugués, holandés o belga) parecían tener los días contados, y desde la década de 1950 se empezaron a encadenar procesos de descolonización.

Tras la marcha de la potencia colonizadora, muchos nuevos estados cayeron en enfrentamientos civiles (algunos de ellos, abiertamente armados) entre facciones pro-occidentales y pro-soviéticas, convirtiéndose en los cuadros de un gigantesco tablero de ajedrez donde el bloque comunista y el capitalista libraron su batalla ideológica y por el control del mundo.

Estos conflictos no solamente se ramificaron, complicaron y duraron, si no que son el origen de algunos conflictos que estamos viviendo hoy en día.

Entre los casos podemos citar Angola (con guerrillas comunistas apoyadas por Cuba y los pro-occidentales apoyados por Sudáfrica), Palestina (con la partición del estado de Israel, pro-occidental, y los países árabes que lo rodeaban, pro-soviéticos), o el caso más famoso de todos: Vietnam.

La antigua colonia francesa vió primero como la metrópoli luchaba para impedir el triunfo de los comunistas, puesto en el que fue relevada por los norteamericanos.

La derrota de estos últimos fue épica, y marcó el país en muchos sentidos. De la misma forma que Afganistán (donde los norteamericanos financiaron y armaron la insurgencia islamista contraria a los soviéticos) supuso un trauma para la sociedad soviética.

La carrera armamentística de Estados Unidos y la URSS

A la par que todos estos sucesos ocurrían, ambos bandos y, en especial, sus cabezas visibles (los Estados Unidos y la URSS) se embarcaban en una carrera armamentística y económica (de hecho, la primera incluía la segunda).

Dicha carrera incluía desde las armas convencionales, como los tanques o los sistemas de misiles portátiles tierra-aire, hasta las armas nucleares.

Dicha contienda sorda fue la que, en última instancia y según algunos historiadores, acabó hundiendo al bloque comunista y la URSS, ya que la mala planificación económica provocó que tuvieran que destinar dinero que no tenían o no podían permitirse a armamento.

Esto explica la escasez que sufrió todo el bloque del este de Europa a finales de los ochenta, y que llevó en última instancia a las reformas de Mijaíl Gorbachov para intentar salvar la estructura de la URSS y reformar el comunismo, pero cuyo fracaso se fraguó con la caída del Muro de Berlín.

La desafiante carrera espacial y el balance económico

La carrera espacial, aunque vistosa, fue un campo de batalla secundario en la Guerra Fría, que no consumió tantos recursos económicos como la carrera armamentística, pero que sí reportó beneficios propagandísticos, primero para la URSS por ser la primera en lograr poner un satélite en órbita (el Sputnik) y un animal vivo (la perrita Laika), así como un ser humano (Yuri Gagarin), y luego para los EEUU con la llegada a la Luna, que dió por cerrada la carrera por ser este el objetivo último.

A mediados de la década de los 70, la economía de la URSS y todo el bloque del este empezaba a ralentizarse y avisaba de un futuro colapso si no había reformas, amenaza que los responsables económicos del régimen prefirieron ignorar o no supieron cómo caperar.

Alertados por los claros indicadores, el presidente norteamericano Ronald Reagan (1981 al 1989) y la primera ministra británica Margaret Thatcher (1979 al 1990) capitanearon un programa de asfixia económica, cuya primera medida fue incrementar la presión en la carrera armamentística tras una época de cierta distensión.

Final de la Guerra Fría: el bloque occidental gana

Berlín, noche del 9 al 10 de noviembre de 1989. Miles de ciudadanos de Alemania oriental pasan por los controles del muro, por encima de este, e incluso por aberturas que amplían. El muro de Berlín cae y, con él, es el principio del fin del bloque del este.

Unos tres años antes, en abril de 1986, había ocurrido un accidente en la central nuclear soviética de Chernóbil, situada en Ucrania. La nefasta gestión del incidente, incluida su ocultación temprana, exaspera a los ciudadanos, que tímidamente empiezan a exigir más derechos.

Volvamos a 1989: la marea se hace incontenible en todo el bloque del este. Hace meses que Hungría ha eliminado las barreras físicas para cruzar a Austria. Los alemanes del este viajan a Hungría para pasar luego a Austria y, de ahí, a la Alemania occidental. Cuando el gobierno de la RDA lo vé, para en seco la entrega de visados para pasar a Checoslovaquia y, de ahí, a Hungría para repetir la operación. En la RDA saben que no pueden parar esta marea incontenible, así que deciden abrir las compuertas de la presa en la que han convertido el país.

Ningún guardia alemán reaccionó disparando a la multitud, todos pasaron pacíficamente. La URSS no intervino. Ya no era capaz; tenía demasiados problemas internos. El régimen polaco empezaría pronto a negociar la celebración de elecciones libres, al igual que el húngaro. Todos querían una transición pacífica, que no siempre fue posible, como en Rumanía.

En el seno de la Unión Soviética, el poder central se desmoronaba. En 1990, las tres repúblicas bálticas (Lituania, Letonia y Estonia) proclamaban sus respectivas independencias. Tras breves escaramuzas, lo que hacía sólo unos meses parecía imposible sucedía: la URSS se inhibia. Todavía tardarían unos meses más en ganar reconocimientos internacionales, pero el camino emprendido no tenía vuelta atrás.

Desde el bloque occidental se asistía a los eventos con pasmo, cuando no con alguna acción de apoyo a las reformas y a las roturas que se estaban produciendo. Los ciudadanos y los gobiernos de los países capitalistas eran conscientes de que aquello no tenía vuelta atrás.

El 19 de agosto de 1991, unidades militares soviéticas intentaban tomar el control de Moscú y del gobierno soviético para parar y revertir el proceso de apertura que se estaba dando. El 21 se consumaba su fracaso y, a partir de aquí, los acontecimientos se precipitaban: el 24 de agosto Ucrania proclamaba su independencia; el 27 del mismo mes lo hacía Moldavia, y les seguirían Azerbaiyán y Kirguistán.

La URSS dejó de existir formalmente la noche de Navidad de 1991. Pocas horas antes, Gorbachov había dimitido como presidente de la URSS. Nadie le sucedió en el cargo, que dejó de existir, como el país, esa misma noche, en la que la bandera roja con la hoz y el martillo dorados dejaban paso a la bandera tricolor rusa.

Legado de la Guerra Fría

Además de las películas de espías como la saga de James Bond, la Guerra Fría nos ha legado enfrentamientos que todavía perduran, como en Afganistán, la caída en desgracia del comunismo como modelo económico viable, y el embrión de conflictos que sufrimos actualmente, como el del integrismo islámico, fomentado por los Estados Unidos en su lucha contra la URSS precisamente en Afganistán.

No deja de ser paradójico que el trato que recibió Rusia en aquella época por parte de EEUU, y que hizo sentir verdadera humillación a amplios sectores de la sociedad rusa, fue el motor que acabó desembocando en lo que es (a 2019) una nueva guerra fría. Pero esa, ya es otra historia.