Significado de la guerra de trincheras Definición, historia, y construcción

  • Editorial
  • Oct./2022
  • Definición formal

    Pese a que cuando nos referimos a la guerra de trincheras, la primera imagen que se nos viene a la cabeza es de la Primera Guerra Mundial (no en vano, pues es el ejemplo paradigmático de este tipo de combate), las trincheras en su acepción militar son utilizadas desde muy antiguamente. Las trincheras en el concepto moderno que tenemos de ellas, se desarrollan aparejadas a las armas de fuego, pues sirven para proteger a los soldados del tiro de estas.

    Con anterioridad a la aparición de las armas de fuego personales en el campo de batalla, las trincheras no tenían mucho sentido para acomodar a la tropa, pues los combates llegaban en un momento u otro al cuerpo a cuerpo (tras el lanzamiento inicial de proyectiles como piedras, lanzas y flechas), por lo que la idea de protegerse en un nivel inferior del terreno era, incluso, contraproducente, pues dejaba al enemigo que atacaba desde una posición superior en una ventaja táctica.

    Lo más parecido a trincheras que encontramos en la antigüedad clásica son los fosos que protegían, por ejemplo, los campamentos romanos, y que llegan hasta la edad media, en la que se le añaden elementos como estacas para impedir las cargas de caballería y dificultar el avance de la infantería.

    El origen de la trinchera moderna lo encontramos en la aplicación práctica de las ideas del siempre genial ingeniero militar francés Vauban (Sébastien Le Prestre de Vauban) quien, a mediados del siglo XVII, diseñó un sistema que permitía acercarse a las fortificaciones en el marco de un asedio, en una época en la que los asedios de ciudades ganaron una notable preponderancia.

    Así, en el sitio de Maastricht (Países Bajos) en 1673, las tropas francesas construyen tres trincheras paralelas que rodean la ciudad para acercarse lo más posible a sus muros. De cada nivel, partiendo del más exterior, se cavan trincheras perpendiculares y en forma de “zig zag” para llegar más cerca de las murallas, hasta que en un determinado punto, se excavan nuevas trincheras que corren paralelas a los muros de defensa.

    La tierra extraída sirve para crear un parapeto que incremente la seguridad de quienes deambulan por la trinchera que, de esta forma, y al permitir a los soldados pasar por ella caminando sin estar expuestos al fuego enemigo, se convierte en un lugar en el que desarrollar una parte de la vida militar durante la contienda.

    El sistema de trincheras se desarrolla rápidamente, y se utiliza, por ejemplo, durante el sitio de Barcelona por parte de las tropas borbónicas en la Guerra de los Catalanes (nombre que recibe la fase final de la Guerra de Sucesión Española) entre 1713 y 1714.

    No obstante, en esta época vemos siempre las trincheras relacionadas con el asalto y/o defensa de fortalezas o ciudades amuralladas.

    La trinchera es un elemento eminentemente defensivo y, por ejemplo, en las Guerras Napoleónicas, se utilizó en ciudades y fortalezas, tales como la Línea Torres Vedras que defendió Lisboa de los intentos de invasión franceses, y que si bien no era una línea de trincheras como la que veremos más adelante en la Primera Guerra Mundial, consistía en una serie de fortificaciones que incluían líneas de trincheras, que se combinaban con accidentes naturales para impedir el avance del ejército invasor y su llegada a la capital lusa.

    Antes de llegar a lo que más tarde conoceríamos como Guerra de Trincheras, la Guerra de Crimea (1853-1856) ya ofreció, especialmente en el sitio de Sebastopol, una antesala de lo que supondría esconderse bajo el nivel del suelo para luchar, en lo que los soldados acabarían conociendo como “locura de trinchera”.

    También en la Guerra de Secesión Americana (1861-1865) se utilizarían las trincheras, nuevamente ligadas a la protección o el ataque de lugares fortificados.

    Pero es en la conflagración de 1914 a 1918 y, especialmente, desde la estabilización del frente occidental pocos meses después de haber dado comienzo el conflicto, donde la guerra de trincheras alcanzaría su máximo.

    ¿Por qué se llega a la guerra de trincheras?

    Si bien los ejércitos europeos de principios del siglo XX habían adoptado mejoras tecnológicas como cañones de mayor calibre, armas automáticas como las ametralladoras, o vehículos a motor, las tácticas no habían evolucionado paralelamente para lidiar con dichos inventos pero en manos de los enemigos.

    Las ofensivas seguían siendo protagonizadas por cargas de caballería e infantería (los tanques no se introducirían hasta mucho más adelante), que eran fácilmente frenadas en seco por la acción de las ametralladoras.

    Esto provocó en el frente occidental un estancamiento del frente, nadie avanzaba, por lo que los ejércitos recurrieron al manual: fortificar las posiciones defensivas mediante trincheras. Trincheras que, con las semanas y los meses primero, y los años después, fueron solidificándose sobre el terreno, ampliándose, y ganando cierta ‘comodidad’ dentro de la incomodidad que presentaban.

    Y es que las trincheras no eran precisamente un lugar para vivir, aunque tuvieron que acondicionarse a ello, convirtiéndose así en auténticos pueblos bajo tierra, con dormitorios colectivos para los soldados, individuales para los oficiales, salas de estar para pasar el tiempo libre a cubierto, y refugios.

    Todo este sistema se extendía, conectado, desde las costas belgas hasta la frontera suiza, desgajando Europa. El frente oriental, no obstante, y en menor medida el frente de los Alpes (este por orografía), no se vieron expuestos a la crudeza de este tipo de guerra.

    ¿Por qué no se puede salir de este sistema?

    Durante los cuatro años que duró el conflicto, la mentalidad de los altos oficiales de los ejércitos en liza no cambió, y no salieron de los ataques en masa de la infantería, precedidos por bombardeos (preparaciones artilleras) cuyo objetivo era despejar las trincheras que debían ser asaltadas.

    Al respecto, y pese al paulatino incremento en el calibre de la artillería y su eficacia, las trincheras eran un objetivo suficientemente pequeño como para dificultar alcanzarlas de pleno y, cuando esto se producía, se alcanzaba sólo un punto concreto, mientras que los demás tramos de la trinchera quedaban incólumes y las tropas estacionadas en las trincheras de retaguardia podían cubrir el agujero abierto en el frente.

    Además, la protección de las trincheras también fue mejorando para minimizar los impactos de obuses de artillería.

    Solamente los tanques, que entraron en servicio muy al final de la guerra (en 1917) podrían haber supuesto un factor disruptivo en la guerra de trincheras al facilitar pasar entre ellas, pero las potencias de la Entente no supieron ver su potencial y utilizarlos adecuadamente (apostaron por repartirlos en unidades de infantería para soporte a esta), y los alemanes no confiaron en ellos (construirían unas pocas decenas a lo largo del conflicto).

    La única disrupción real en el paradigma de la guerra de trincheras fueron los soldados de asalto (Sturmtruppen) alemanes, tropas entrenadas y armadas específicamente para tomar trincheras, los cuales consiguieron algunos éxitos.

    La guerra de trincheras tras la Primera Guerra Mundial

    Lo que conocemos como guerra de trincheras fue la situación vivida en el frente europeo occidental entre 1914 y 1918. Con posterioridad, se han seguido utilizando trincheras, pero no tan profusamente, de forma tan sofisticada e intensiva.

    Por ejemplo, en la Segunda Guerra Mundial se dan casos como la defensa de Leningrado por parte soviética, o en la defensa de los altos de Seelow por parte germana, pero en casos puntuales.

    La generalización de los vehículos blindados, incluyendo tanques pero no sólo, dejó obsoletas las estructuras defensivas fijas, cambiando el panorama de la guerra para siempre.

    No obstante, hemos vuelto a ver el resurgimiento de las trincheras con posterioridad, como en la Guerra entre Irán e Irak (1980-1988), o en el más reciente conflicto del Donbass, al llegar a un punto de estabilización de las líneas de frente, con lo que se necesitaba reforzar las respectivas posiciones defensivas.

    Breve guía sobre la construcción de la trinchera

    Para construir una trinchera suele empezarse por cavar pozos de tiradores (agujeros en el suelo en los que cabe una persona para vigilar cubriendo una área de terreno), que se conectan entre ellos y se va profundizando.

    La tierra excavada se sitúa tanto en la parte frontal de la trinchera a modo de parapeto protector, como en la parte posterior, para evitar facilitar un asalto por su parte trasera de unidades enemigas que puedan penetrar la trinchera por otro punto.

    A partir de aquí, y si es necesario, se realizan obras de profundización y ensanchamiento de la trinchera para facilitar el paso de tropas, e incluso podemos forrarla de madera procedente de talas en bosques cercanos, lo que evitará o disminuirá los efectos de la formación de barro.

    También podemos cavar habitaciones para usos diversos, tales como comedores, enfermerías, dormitorios, y elevar torres de vigilancia en puestos clave para controlar los movimientos del enemigo. Puestos de mando y control también deberán ser hechos para recibir la información de la tropa y coordinar acciones.

    También podemos cavar una segunda (e incluso una tercera) línea de trincheras más hacia la retaguardia, con el objetivo de proteger la primera y albergar tropas para contraatacar en el caso de que el enemigo tome una sección de la trinchera de vanguardia.

    Finalmente, más atrás (lo suficientemente como para no tener que atrincherarse) deberíamos tener la artillería, que no sólo debería poder batir las trincheras enemigas o la “tierra de nadie” (espacio que queda entre las respectivas trincheras de los bandos enfrentados), sino también la primera línea de las propias trincheras, por si esta es tomada por el enemigo.