Definición de Feminismo

Karina Mora Mendoza
Doctora en Historia

El feminismo es la búsqueda y reconocimiento de la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, conforme romper los paradigmas que fueran establecidos históricamente por un sistema social patriarcal, capaz de definir roles, funciones, libertades, oportunidades y expectativas para cada grupo dentro del conjunto de la sociedad.

Vivir en estos tiempos que entendemos muy a secas como “modernos”, nos coloca en la posición de estar forzadamente al tanto o medianamente informados de procesos que son tan avasallantes que traspasan la frontera de la elección plena y totalmente subjetiva de saber o no saber sobre “algo”. Las noticias, la violencia, los medios, el despertar de las nuevas generaciones -que gritan muy fuerte, aunque no siempre con mucho sentido-, nos hacen cuestionarnos que es eso de lo que tanto se habla que nos sitúa en la imperiosa necesidad no sólo de comprender, sino de actuar desde un lugar aparentemente claro y definido. Temas que encajen en esta descripción hay muchos, pero hoy le toca al feminismo.

El feminismo pareciera una ideología compleja que a menudo puede comprenderse desde diversas perspectivas, que adquieren las características del grupo que se cobija bajo su nombre, de ahí que por momentos comprender de que va la cuestión pueda resultar agobiante o una labor interminable. Muchos otros hablen de feminismos en lugar de feminismo. Este proceso se ha comprendido de forma diferente a lo largo del tiempo y es por ello que en distintos lugares la lucha feminista ha sido historiada y, por tanto, comprendida en formas diversas. No es la intención hablar aquí de cada proceso, sino de acudir al rincón de sus generalidades para tener, como nos exigen estos tiempos, una idea de qué es, pero sobre todo, de que no es el feminismo.

Idea número 1: ideología

El feminismo es una ideología que nació para dar nombre a la inconformidad de las mujeres frente a la desigualdad social que históricamente experimentaron respecto a los hombres. Esta ideología pronto se transformó en un movimiento social y político que abogó para que dichas ideas lograran transformarse en acciones de lucha para evidenciar tal desigualdad. Entonces, el feminismo como idea o la ideología que representa está ligada a la búsqueda de la igualdad, y el feminismo como movimiento social y político está vinculado a las prácticas de lucha emanadas de este conjunto de axiomas que rebasan la frontera teórica para instalarse en el terreno práctico.

Idea número 2: lucha

La lucha feminista tuvo peticiones distintas a lo largo de la historia, pero las primeras demandas que podrían ser más o menos generalizadas fueron el derecho al voto y salarios igualitarios. Una de las primeras mujeres que alzaron la voz con tales consignas fue Emmeline Pankhurst en Reino Unido durante la segunda mitad del siglo XIX. Es conocida junto a muchas otras mujeres como las sufragistas que iniciaron la lucha por el derecho a ser parte en la toma de decisiones como la elección de funcionarios en los cargos públicos o de interés general. Decía Simone de Beauvoir, que el feminismo era una forma de vivir individualmente y luchar colectivamente. Esta lucha se dirige especial, aunque no exclusivamente, a las instituciones que perpetúan ciertas formas en los roles de género. Las religiones, las instituciones dirigidas por el Estado que involucran la educación y la familia, por mencionar sólo las más tranversales.

Idea número 3: roles de género

Los roles de género son las prácticas establecidas y socialmente aceptadas donde se estipula cómo, un deber-ser, es decir, la forma de comportamiento de los hombres, de las mujeres, pero, sobre todo, de la relación entre ambos se debe respetar y practicar como norma social. Es decir, el feminismo como lucha, busca transformar o bien erradicar estos roles para permitir la libertad de transitar la existencia humana de las mujeres sin precondiciones instituidas por los hombres. Habría que pensar también como dichas condiciones y ejercicio de los roles no necesariamente resultan en formas saludables para los hombres, puesto que, al igual que las mujeres -aunque con marcados beneficios- también están sujetos a “una” sola forma de ser hombres.

Idea número 4: hombres

¿Por qué contra los hombres? Bueno, porque en el desempeño de estos roles ha reinado la preeminencia de éstos especialmente en el espacio público como un área de acción que les es nata, y que ha sido entendida y casi heredada para que sean ellos quienes dirijan y estipulen actividades como la dirección del Estado traducida en la ocupación de los puestos gubernamentales y políticos así como de las empresas, además de ser los proveedores por excelencia de los núcleos familiares y por tanto, dejando el espacio íntimo o del hogar, el cuidado y crianza de los hijos, a las mujeres. Esto ha coadyuvado a limitar de manera exacerbada el desarrollo profesional de las mujeres imposibilitando la independencia financiera, la plenitud profesional o el desarrollo y goce de cualquier otra actividad que no fuera la maternidad y los cuidados y, por ende, aumentando la vulnerabilidad de las mujeres que quedaron supeditadas durante siglos a los mandatos masculinos ejercidos por los maridos, los padres, los hermanos, los hijos varones o cualquier figura masculina que “naturalmente” tenía poder y posesión sobre las mujeres y los hijos pequeños.

Idea número 5: características biológicas y adoctrinamiento

Esta preeminencia de los hombres como los más aptos para la dirección de la sociedad tiene que ver con una racionalidad sobre las características biológicas del cuerpo. La definición del género -si eres hombre o mujer- se construye socialmente a partir de la identificación del sexo -si naciste con un aparato reproductor masculino o femenino- y por supuesto con muchas otras características que, en teoría, acompañan inherentemente el desarrollo físico de los seres humanos. Así, supuestamente, los hombres, tienen adscritos a su biología mayor fuerza física, mayor capacidad de competir, mayor dominio emocional, menos sensibilidad ante la rudeza del mundo exterior y, por ende, le son dados los espacios de actuación fuera del hogar. Las mujeres, en cambio, tienen como factor principal la debilidad física frente a los hombres, poco dominio emocional, vulnerabilidad en los ambientes hostiles y una gran capacidad para maniobrar la vida en aquello referido al mundo interno de los miembros del hogar. Esta perpetuación de los roles para hombres y mujeres es lo que conocemos como patriarcado. Es decir, la justificación biológica para enaltecer la existencia y el actuar de los hombres por encima de las mujeres. El término viene justamente de la desambiguación de pater o padre de familia donde éste era el dueño de todo, los bienes, la esposa y los hijos. El patriarcado busca que este orden entendido como natural no se altere, por tanto, existe un gran discurso mediático para adoctrinar a mujeres y hombres sobre cuál es el rol que deben jugar cada uno y aceptar sus implicaciones como algo natural, arraigada en la biología corporal y, por tanto, apegada a la naturaleza.

Idea número 6: cuestionamiento y equilibrio

El feminismo no es una postura de odio hacia los hombres porque, como es visible, también son aleccionados para ocupar dicho espacio y actuar bajo el guion de su propio rol instaurados por el patriarcado. Sin embargo, sí tienen la responsabilidad de cuestionarse dicho rol y participar de forma activa en la propia restructuración de su papel en la sociedad, buscando que la igualdad de derechos y la equidad entre hombres y mujeres sea aquello que se entiende como la norma en los vínculos y no la superioridad de uno sobre el otro. Es decir, no es racional negar las diferencias biológicas, en efecto, hombres y mujeres físicamente no son iguales, pero es necesario convertir dichas características en cuestiones de colaboración en beneficio de ambos, y no en un pódium desde el cual dichas diferencias sirvan para la opresión de unos sobre los otros. Si la fuerza física, por poner un ejemplo muy simple, es menos costosa en un hombre, es probable que esto le genere ventajas para desarrollarse en un medio determinado, pero bajo ninguna circunstancia le otorga el derecho de sentirse superior a una mujer, o con la exclusividad para desarrollar dicha actividad. De la misma manera, el hecho de que una mujer biológicamente tenga menos fuerza para desempeñar X trabajo, la excluye de participar en él o debería o ser colocada en una posición de inferioridad, finalmente, estas características dadas por la biología no fueron “elegidas” por nadie, lo que sí es electivo es la forma en que socializamos a partir de la potencia de nuestros cuerpos buscando el equilibrio y la equidad entre lo que soy y lo que tengo para ofrecer al mundo.

Idea número 7: cambios socioculturales y conclusiones

Pese a que la idealización de este equilibrio sea la meta o el motor de lucha social del movimiento feminista, también es cierto que el predominio patriarcal tiene una ventaja histórica insalvable frente a las nuevas formas de relaciones que preconizan las mujeres del movimiento feminista. Es verdad que la cultura se filtra en las hendiduras más pequeñas y, por ende, los cambios no son inmediatos ni necesariamente aceptados con racionalidad. La resistencia de muchos hombres que no quieren perder su lugar de superioridad y posesión sobre el cuerpo y la vida de las mujeres, genera ambientes de violencia de distinto calado. Y aunque las estadísticas podrían hablar de las muertes masivas de hombres, es verdad que los hombres, por motivos muy distintos, se matan entre ellos, pero a las mujeres las matan los hombres. Hombres que, en un manejo precario de sus propias trayectorias en el mundo, canalizan la frustración de los cambios a través de la violencia y así se ven feminicidios como una epidemia letal que parece no tener fin. En último lugar, llamar a una mujer loca ha sido la disculpa perene de aquellos que para evitar las miradas de cuestionamiento a los roles masculinos y buscar actuar desde nuevos lugares que no pongan en peligro la integridad física y emocional de los seres humanos de este planeta, eligen desprestigiar, anular, e invisibilizar las preguntas del movimiento.

Aunque en este mundo nada es para todos y no hay generalizaciones justas, lo importante es comprender que el feminismo no es un arma de ataque contra los hombres, por el contrario, es una lucha que, desde la conciencia de la comunicación, es una nueva tierra para existir desde otro lugar. Falta mucho camino por recorrer, faltan muchas conversaciones incómodas por tener y muchas acciones que tomar. Ni todo el feminismo es congruente, ni todos los hombres son machos. En efecto, pero esto, que en ambos casos puede referir a una minoría, no nulifica las ideas valiosas que el movimiento aporta ni los cambios que exige para todos, ni erradican la necesidad de estar informados y en constante aprendizaje sobre el tema. Así que, entre tantos temas que ronda nuestra modernidad, sin duda, el feminismo no uno para pasar página.

 
 
 
 
Por: Karina Mora Mendoza. Licenciada en Historia por la UMSNH, Maestra y Doctora por El Colegio de Michoacán. Realiza investigación histórica sobre el siglo XIX en relación al discurso y uso del mismo en temas como la historia de las mujeres y la construcción de la Nación.

Art. actualizado: Abril 2023; sobre el original de julio, 2010.
Datos para citar en modelo APA: Mora Mendoza, K. (Abril 2023). Definición de Feminismo. Significado.com. Desde https://significado.com/feminismo/
 

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