Significado de Lenguaje Inclusivo

¿Qué es el lenguaje inclusivo?

Es una adaptación del idioma conforme a considerar y valorizar la identidad individual, con opiniones divididas entre quienes apoyan y rechazan el movimiento, no obstante lo más importante surge del debate y del análisis cultural histórico, para construir y aprender unos de otros.

También se lo remite como lenguaje incluyente o no sexista, y existe una línea que divide las prácticas a partir del polémico uso de un caracter comodín, por ejemplo expresando oralmente «todes», lo cual los profesionales de la lengua intentan evitar proponiendo un estilo neutro. Lo cierto es que existen reglas, pero también existen cambios culturales de época, y el lenguaje siempre está transformándose, infinidad de palabras alteran sus significaciones originales y también se crean nuevas.

Principios generales

Esta propuesta pretende hacer sentir incluidas a las personas en su diversidad, en cuanto al género autopercibido, que es parte importante de la identidad. No se incluye todo, sólo lo que se relaciona a esta temática.

Hablar con lenguaje inclusivo es un acto político, en favor de la transformación del modo de comunicarse, nombrar a otros y nombrarse a uno mismo. Y tiene efectos, independientemente de si sean positivos o negativos.

¿Por qué nace el lenguaje inclusivo y cuál es su función?

Es consecuencia de una expresión más libre de la sexualidad, donde se expresan modos diferentes a la sexualidad heteronormativa.

El uso de la “x”, por ejemplo “amigxs” o el uso de la arroba (amig@s) son antecedentes de esta manera de escribir y hablar, pero la “e” aparece para poder transmitirse en el lenguaje oral, que con las opciones anteriores no se puede.

Al mostrarse identidades diferentes a las asignadas al nacer o que no corresponden a lo que la cultura occidental entiende por hombre y por mujer, aparece el problema de la intolerancia social, porque lo diferente genera miedo u hostilidad.

El lenguaje inclusivo viene entonces a legitimar la existencia de muchas sexualidades y que el género se define por la percepción que tiene el sujeto acerca de sí mismo.

Argumentos a favor y en contra: ¿evolución o deformación del idioma?

Quienes lo utilizan intentan transmitir aceptación, respeto por la diversidad y un cambio de paradigma. El lenguaje tradicional es machista, debido a que cuando se habla en plural tanto de hombres como mujeres, se utiliza la “o”, que en singular refiere al género masculino. Pero la “e” no sólo pretende alojar a las mujeres en el lenguaje, sino a todas las sexualidades.

Podemos diferenciar distintos argumentos en contra. Uno de ellos es sobre el uso inadecuado del idioma, ya que en la actualidad el uso de las “e” sería un error gramatical. Los que están a favor argumentan que el lenguaje es construido y que puede modificarse.

Otra de las resistencias tiene que ver con pensar que este uso del lenguaje no genera inclusión, en alusión a que el lenguaje de señas sería un modo más valorado. Aquí la clave está en pensar qué es lo que se incluye, pues el lenguaje inclusivo hace foco en el género, mientras que el lenguaje de señas se centra en la comunicación no verbal para personas sordas o hipoacúsicas. Quienes hablan lenguaje inclusivo no están en contra de otros tipos de inclusión.

Cabe destacar que el lenguaje de señas también es útil en el desarrollo de los bebés, para poder expresar sus emociones o deseos antes de aprender a hablar verbalmente y para la estimulación comunicativa de personas con Síndrome de Down.

A otras personas les resulta difícil o incómodo hablar de esta manera, puesto que exige una concentración mayor para emitir el mensaje o captarlo una vez recibido.

Finalmente, una queja menos válida es la que está en contra de la inclusión en general. Aquí se ubican las personas intolerantes, que están a gusto con las relaciones de poder verticales y los estereotipos, prejuicios, discriminaciones.

Siempre que sea en un diálogo respetuoso y ambas partes sepan escucharse mutuamente, los debates al respecto del lenguaje inclusivo son positivos, como toda reflexión. Cuestionar lo ya pensado, ya sea para cambiarlo o para mantenerlo, pero con una visión más amplia, nos aleja del mito de las verdades absolutas.

Dentro de los debates se pueden distinguir cuatro posturas: quienes utilizan el lenguaje inclusivo y respetan que otros no; quienes lo emplean y exigen que todos lo hagan; quienes no lo aplican, pero respetan que otro lo use; quienes no lo practican, ni soportan que otro hable o escriba de esta forma. El segundo y el último caso corresponden a modos autoritarios y poco respetuosos de dirigirse a los demás.

Importancia de las identidades sexuales

Para entender un poco más quiénes serían las personas que se incluyen en la “e” hay que diferenciar en primera instancia el sexo biológico de la identidad de género. El primero clasifica en las categorías de hombre y mujer a las personas, en base a los genitales, las hormonas y los cromosomas. El segundo tiene que ver con una autopercepción, una vivencia de tipo subjetiva.

El sexo biológico y la identidad pueden coincidir, como en las personas “cisgénero” o no, como en los transexuales. Además, algunas personas no se sienten ni hombres ni mujeres, son “no binarios”. Otros se vivencian de un género u otro según momentos; esto se llama género fluido.

Hay personas que nacen con determinados genitales con los que no se sienten identificados y siendo adultos, recurren a cirugías para adaptar su imagen a lo que sienten; otras no necesitan este cambio, pero sí vestirse y/o que las llamen con un nombre de género distinto al que tenían al nacer. Estas son sólo algunas autopercepciones.

Esta gran diversidad es la que se pretende incluir en la “e”, con el fin de transmitir a los oyentes o lectores que ese contenido los tiene en cuenta y los legitima, además de no asumir que son hombres y/o mujeres, ni ejercer poder de los hombres sobre las mujeres en la comunicación.

Diferencia entre identidad y orientación sexual

La identidad de género, en sus diferentes tipos, se vincula justamente a la identidad, al “ser”. En cambio, la orientación son los gustos sexuales por otras personas, ya sea en lo físico o lo emocional.

Las personas de orientación homosexual se sienten atraídas por otras del mismo sexo, mientras que los heterosexuales por personas del otro sexo. Finalmente, los bisexuales gustan de ambos sexos y hay quienes no se guían por la genitalidad en cuanto a sus preferencias. El lenguaje inclusivo no tiene que ver con la orientación, sino con la identidad.