Significado de Identidad

¿Qué es la identidad?

Es, a nivel jurídico, un derecho que declara el nombre, sexo, momento y lugar en el que uno nace, y desde lo social es una fusión de elementos que retratan a uno de forma dinámica, en constante evolución, a lo largo de las etapas de la vida, observando el núcleo familiar, la formación desarrollada, las experiencias personales, los gustos y elecciones de carácter sexual y religioso, así como el entorno social, siendo estos algunos de los parámetros principales que influyen y transforman el día a día.

La identidad también se extiende y aplica a instituciones públicas y privadas que reúnen a grupos de individuos para compartir intereses en común, por ejemplo un club deportivo o un partido político.

Procede etimológicamente del latín tardío en identĭtas, sobre el latín idem, este último refiriéndose a uno mismo o lo mismo. De modo reciente surgirían los postulados de crisis de identidad, episodio que irrumpe comúnmente durante la adolescencia pero que puede ocurrir en cualquir momento, así como robo de identidad, potenciado por las nuevas tecnologías, y la identidad de género como resultado de una mayor tolerancia social.

Principios en la construcción de la identidad

Una pregunta que podemos formularnos y que se irá constituyendo a lo largo de nuestra vida es ¿quiénes somos? O ¿cuál es nuestra esencia? Para responderla debemos diferenciar entre miles de rasgos secundarios que van variando y otros que nos hacen quienes somos.

Tal vez sea el día de nuestra muerte cuando realmente haya un “ser”, pues en ese momento terminan las transformaciones propias y queda la esencia, ya no “estamos siendo”, sino que “somos” o, más bien, “fuimos”, no obstante, para la psicología podemos hablar de la identidad mucho antes.

La identidad nos hace únicos y nos diferencia de otras personas, es lo más propio de nosotros y depende de muchos factores, entre ellos: dónde nacimos (lugar geográfico, época, cultura, nación, relaciones interpersonales y circunstancias familiares), nuestra biología (herencia y genética), nuestra historia (familiar, social, momentos importantes, enfermedades, tragedias) y nuestro psiquismo (rasgos propios, heredados y construidos).

Factores y periodos determinantes

La identidad se construye desde el nacimiento, incluso mucho antes, desde que somos pensados por nuestros padres, debido a que esas ideas influirán luego sobre nuestra crianza.

Pero se afirma, como punto clave, en la adolescencia, donde el joven comienza a alejarse de las ideas y normas de sus padres o cuidadores, para reflexionar, ideando sus propios pensamientos, valores y metas.

Tomando un poco de su entorno (especialmente el extrafamiliar), así como de sus gustos propios, el adolescente elabora, de modo consciente e inconsciente al mismo tiempo, una estructura mental, que continuará similar en el transcurso de su vida.

Llegada la adultez, la persona posee ciertos caracteres estructurales que hacen a su identidad, por ejemplo, desde una postura psicoanalítica, su posición frente al deseo, mecanismos de defensa, establecimiento o no de los diques anímicos.

Es decir, el adulto tiene una identidad según la cual es y se relaciona de una manera y no otra, pudiendo cambiar en muchos aspectos, pero no en los principales.

¿A qué se refiere la identidad de género?

Refiere a la percepción de uno mismo, como varón, mujer o por fuera de estos términos binarios. Quienes se identifican con su sexo asignado al nacer son llamados “cisgénero”.

Aunque esta confusión sea habitual, la identidad no tiene nada que ver con la orientación sexual, que es la atracción hacia hombres, mujeres, transexuales, travestis, etcétera. Una determinada identidad no implica tal o cual orientación, por ejemplo, puedo haber sido considerado hombre al nacer, debido a mis genitales, pero crecer y auto percibirme como mujer (identidad de género como mujer) y que me gusten las mujeres (orientación homosexual, ya que soy mujer y me atrae el mismo sexo).

Frente a la discriminación y violencia ejercidos muchas veces desde la cultura, hacia lo desconocido, se hace necesaria una lucha por los derechos de todos, especialmente los considerados “diferentes” al estereotipo, ya que debe respetarse la multitud de identidades posibles.

Crisis de identidad

Cuando ocurren grandes pérdidas, reales o simbólicas, la persona puede ver perturbada su autopercepción, poner en duda quién es, ya que algo que la sostenía en “su” lugar ha desaparecido. Esto puede ocurrir de modo transitorio o permanente.

Las pérdidas reales refieren a muertes, que pueden ser de familiares, pareja, amigos o seres queridos. Usualmente a continuación se elabora un duelo, que puede ser normal o patológico.

Las pérdidas simbólicas no necesitan que el objeto apreciado (persona, posición, relación, etcétera) se ausente, sino que se pierda para nosotros, por ejemplo, perder el cuerpo de la adultez por la transmudación propia de la tercera edad o desvincularnos de una relación amorosa, lo que hace perder un “lugar” como pareja de aquella persona.

Todas estas crisis, a veces esperables o surgidas repentinamente, hacer tambalear nuestra identidad y exigen que nos reacomodemos a la nueva realidad.