Significado de Paz

¿Qué es la paz?

Es un pacto social y político así como un estado de ser forjado por una conciencia colectiva solidaria y de equilibro con uno mismo. Es el vehículo que enfrenta la guerra, discriminación y toda manifestación de odio. Tiene referencia en el latín pax, precisamente en alusión a la idea de estrechar un acuerdo, asociándose a la raíz indoeuropea *pax-, por fijar o pautar; por su parte el verbo pacificar se observa en el latín pacificāre, constituito por pax, como ya señalamos, y facĕre, que se interpreta por hacer.

Importancia de la paz individual y social

Puede comenzarse haciendo una distinción entre dos categorías de paz, la que se relaciona con un rasgo de personalidad o una manera de vincularse entre pares y, por otro lado, en cuanto a las interacciones de la sociedad en su conjunto.

En el segundo sentido, han existido sociedades más pacíficas y otras más guerreras, pero la mayoría de las conquistas y revoluciones se han desarrollado involucrando armas y sangre.

Actualmente, sólo algunos pocos territorios se encuentran en guerra, aunque otros tantos invierten mucho dinero en sus fuerzas armadas, preparándose para defenderse o atacar, de considerarlo necesario. La guerra puede engendrarse por motivos religiosos, económicos, territoriales etcétera. Constituye un desacuerdo profundo, en el cual no se ha podido o deseado encontrar otros medios, más civilizados, de resolución, a través de la palabra.

La paz posee su representación a través de una bandera blanca y es considerada como una virtud, en lo individual o una situación estimada, a nivel colectivo. También se asocia a la imagen de una paloma blanca.

La seguridad y la paz son dos grandes metas que ansía todo ciudadano, siendo el Estado el responsable de garantizar su cumplimiento y hacer respetar las leyes, frente a los crímenes.

Persona pacífica

Son quienes buscan la armonía y ausencia de conflictos, rechazando la violencia (física y psicológica). A veces, también se utiliza este término para hablar de sujetos tranquilos y silenciosos, pero no necesariamente, pues una persona puede ser muy enérgica y efusiva, sin incurrir en peleas o discusiones.

Por ejemplo: “Sabrina se lleva muy bien con sus compañeros de trabajo, pues es muy tolerante, respetuosa y pacífica”, “Carlos es un docente de ciencias sociales, que escucha atentamente las inquietudes de sus alumnos, quienes lo describen como un hombre sereno y pacífico”, “Tatiana es muy colaboradora y pacífica con sus colegas”.

Ser pacífico no significa escapar de los conflictos, ni estar de acuerdo con todo el mundo, sino expresarse con buenos tratos, buscando consenso. Los límites pueden ponerse, la voz puede hacerse oír, sin recurrir a la violencia. En esta línea, existen luchas pacíficas sociales, como las huelgas de hambre.

Son figuras destacadas mundialmente, por esta virtud, Mahatma Gandhi (1869-1948), activista vegetariano, que emprendió su lucha pacifista en la India y Martin Luther King (1929-1968), activista por los derechos civiles.

Factores del contexto

Si bien existe gente que naturalmente tiende a la paz, el entorno puede favorecer o perjudicar este estilo de vida, por ejemplo, algunos trabajos son más amenos, mientras que otros aparejan estrés en grandes cantidades.

De la misma manera, si nos relacionamos con gente conflictiva, amigos, conocidos o familiares, nuestro sosiego puede verse perturbado. También por eventos socio-económicos o políticos difíciles, que esté atravesando nuestra sociedad.

No somos entes aislados, ni estamos en calma en todo momento, lugar o situación. El medio que nos rodea es muy importante, en conjunto con nuestra personalidad. Vivimos en un equilibrio, pero dinámico y una quietud absoluta sería imposible.

Cómo cultivar la paz interior

Estar en paz con nosotros mismos, con nuestra manera de ser, fortalezas y debilidades, con nuestra historia, es un trabajo de aceptación y amor propio, que requiere de paciencia.

Algunos caminos hacia este objetivo pueden ser la meditación, los hábitos de vida respetuosos de nuestra mente y cuerpo, practicar el autoconocimiento, adoptar un estilo de vida calmo, mudarse a sitios con ritmos apacibles, entre otros.

Comenzar una terapia es otra forma de buscar la paz interior, enfrentando nuestros fantasmas y haciendo una tregua con ellos. Es importante ser comprensivos con nosotros mismos y entender los límites, tanto propios como externos.

Además, asumir los problemas como parte inevitable y normal de la existencia también es esencial, para que los mismos no sean vividos como tragedias, sino como eventos que podrán o no superarse, mas no tienen por qué derribar nuestra paz interior. Claro está, que siempre depende de la gravedad de los inconvenientes y de nuestros recursos para transitarlos.