Significado de Presidente (Poder Ejecutivo)

El presidente tiene la capacidad de influir sobre el equipo que lo acompaña, de modo que no está solo en las tareas que desarrolla

¿Qué es y qué función cumple el Presidente a la cabeza del Poder Ejecutivo?

Esta distinción supone la máxima figura posible a instancias de un grupo, movimiento, organismo público o privado, o el Estado. El origen etimológico desglosa esta altísima posición identificándose en el latín como praesĭdens, asociado al verbo praesidēre, que se traduce como presidir sobre la idea de estar al frente o adelante, formándose por prae, que se interpreta como antes, y sedere, al respecto de sentarse; luego, acompaña el sufijo -nte, para darle forma como sustantivo, y en esta línea se acepta la declaración de Presidenta como expresión femenina.

Como autoridad del Poder Ejecutivo en el Estado, es el rostro visible en la toma de decisiones e implementación de políticas, tanto a nivel interno como en las relaciones externas, con herramientas constitucionales que le proporcionan llevar adelante acciones rápidas y concretas de acuerdo a las circunstancias en favor de la nación.

Los Estados actuales se guían por las ideas de Montesquieu, regido por tres poderes elementales para la administración de un país: Ejecutivo, Legislativo y Judicial. Es una manera de independizar formas de mando, aprovechando y potenciando lo mejor de cada una de ellas. Se sabe que ser gobernado por un solo individuo tiene inconvenientes, pero también en la multiplicidad de líderes ocurren diatribas en la toma decisiones. Por lo tanto, se configura un individuo a la cabeza de la República (poder Ejecutivo) y dos órganos capaces de acompañarlo, y a la vez limitar su poder a partir del debate dado por el Poder Legislativo, y la impartición de justicia dada por el Poder Judicial.

Facultades del Presidente

Las facultades de un presidente son bastante amplias y varían dentro del ámbito jurídico de cada Estado en particular, pero es frecuente percatarse de ciertos aspectos que siempre se adjudican al Ejecutivo. Algunas que podemos mencionar son las siguientes:

El presidente tiene la facultad de nombrar a todo el equipo de gobierno, lo cual abarca a los funcionarios a nivel interno como a los de representación diplomática.

– Tiene la potestad de nombrar a los jefes del ejército o fuerzas armadas.
– Su voto es relevante en la designación de los integrantes del Poder Judicial.
– Puede declarar el estado de emergencia nacional.
– Emitir decretos sobre diversos ámbitos de interés de la nación.
– El poder ejecutivo es el que dictamina la política del Estado, así como la manera como la nación se desenvuelve en sus relaciones internacionales.
– Plantear iniciativas de leyes ante el poder legislativo.
– Los jefes de Estado tienen la facultad de conceder indultos.
– Dictaminar las acciones económicas para la mejor calidad de vida de los habitantes de la nación.
– Otras más concernientes al gobierno y administración del Estado.

No cabe duda que se trata de un cargo de enormes responsabilidades. Por ese motivo, el Ejecutivo debe tener muchas facultades: de esa manera no tiene que sortear compromisos burocráticos para ejercer sus labores. En consecuencia, salta ahora otra pregunta: si se da tanto poder a un presidente, ¿éste acaso no puede abusar de ese poder?

Superpoderes o Poderes excepcionales que permiten gobernar por decreto

Los superpoderes tienen una función vital ante escenarios de caos y emergencia, pero es importante observar que tal recurso no sea convocado sin una justificación real

Hay casos donde los presidentes se extralimitan en sus funciones. De hecho, casi todas las Constituciones permiten los “Estados de Excepción”, que se supone se crean para que el Ejecutivo haga sus funciones con más celeridad en momentos de crisis. Son situaciones donde el presidente puede gobernar por decretos, sin necesidad del consenso y/o aprobación de otros poderes.

Lo antes mencionado se usa ante desastres naturales, situaciones de guerra o circunstancias de emergencia. No obstante, se han suscitado casos donde se ha dado esta facultad por simples diatribas políticas.

Tal es el caso de Venezuela, donde el mandatario Nicolás Maduro contó con la venia de una Ley Habilitante que le permitió gobernar por casi a su antojo por varios años. Esta ley justificó en aspectos como una “guerra económica” o las controvertidas diferencias con los opositores políticos. En otras palabras, por asuntos que no suelen estar contemplados como requisito para declarar un Estado de Excepción.

Diferencia entre un Presidente y un Dictador

La figura del dictador se ha transformado en el tiempo, e incluso numerosos Presidentes llegan a considerarse como Dictadores a partir de sus formas de liderar. El dictador es un tipo de gobernante que se usó mucho en la antigüedad y tenía cierto rango legal. Era alguien que dictaba lo que debía hacerse, suponiendo que la población no estaba en condiciones de regirse por su cuenta.

Los dictadores empezaron a tomar el poder por la fuerza, pero luego hicieron y actualmente hacen a su manera lo que mejor les parece con la política, leyes, economía y el poder del gobierno. De cualquier manera, tenían una ventaja: su gran libertad de acción era el hecho de gobernar solos sin tener que pactar todo, les permitía tomar decisiones rápidas.

Un presidente es un poder Ejecutivo y para poder ejecutar se necesita tener facultades como las de un dictador, pero siempre dentro del marco legal donde sus acciones están vigiladas por otros poderes como el legislativo o judicial. En resumidas cuentas, se sabe que es alguien que tiene un amplio poder y amerita un control.

En tiempos pretéritos, los dictadores no eran controlados, tenían facultad libre. Pero con el surgimiento de las Repúblicas, que se opusieron a monarquías y formas personalistas de gobierno, ocurre que el poder ejecutivo ha pasado a estar en manos de presidentes, que son un tipo de gobernante con un poder para hacer sus labores, pero que a la vez son controlados por las leyes del Estado democrático en cuestión.

Reelección Presidencial: Normas y modificaciones convenientes

Una de las maneras de controlar al poder ejecutivo es fijar su permanencia en el poder. En ese sentido, los presidentes deben durar solo algunos años en el ejercicio de sus funciones, aunque en muchas naciones se permite repetir el mandato de manera inmediata gracias a una reelección.

Lo anterior parece desencadenar algunos inconvenientes. Ejemplo de ello, el hecho de que ciertos gobernantes se las ingenian para crear leyes que les permiten reelegirse muchas veces seguidas. Tal es el caso de Venezuela, donde Hugo Chávez creó la llamada “reelección indefinida” que permite a una persona ejercer la presidencia todas la veces que desee ser candidato presidencial y salga electo en las votaciones populares.

Igualmente, sucede que cuando hay reelección se estima que el periodo de gobierno ha de ser más corto, cuestión que no aplica en países como Venezuela o Bolivia. Los presidentes han tenido periodos extensos de seis o siete años en el poder y han sido reelectos de manera constante.

El asunto de las reelecciones parece atentar evidentemente contra la posibilidad de regular al poder ejecutivo. Una de las cuestiones en el Estado es que su funcionamiento sea institucional, no que se convierta en un ejercicio personalista del poder. Hay que tener en cuenta que este es el único poder que se ejerce de manera individual, siendo así el que más peligro tiene de caer en el dominio de lo político por una sola persona.