Significado de Smartwatch Definición, Historia, Usos y Funciones

Definición formal

El smartwatch es una solución tecnológica cuya menor preocupación radica en indicar la hora, capaz de funcionar de forma independiente y, al mismo tiempo, actuar como nexo entre equipos de mayor capacidad (como un smartphone o un notebook) para crear, recibir, sincronizar, y unificar datos (en particular, en formas de alerta), transformando la muñeca en un centro de mando que contribuya para el quehacer de las actividades cotidianas.

Historia: primeros modelos

El primer smartwatch digno de llevar dicho nombre fue el Wrist-PDA de Fossil Abacus de 2003, basado en un sistema operativo Palm OS y una pantalla táctil que se operaba con un pequeño puntero que se sacaba de la hebilla de la correa, al más puro estilo de gadget de película de James Bond.

Era compatible con la mayoría de las aplicaciones para Palm OS que, simplemente, se veían más pequeñas en la pantalla del reloj pero, por lo demás, era plenamente operativo aunque, eso sí, no contaba con conectividad inalámbrica al ordenador, debiendo sincronizar los contenidos mediante un cable y un software adecuado.

Al Wrist Watch se llegaba después de una lenta evolución que empezó en la década de los 70 del siglo XX con el Seiko Pulsar NL C01, que era capaz de almacenar 24 dígitos en memoria. Tras este, vendría el Data 2000 en 1983, de la misma Seiko, que incluía un teclado externo para la entrada de datos. Y, en 1984, otra vez Seiko lanzaba el primer reloj que se podía conectar a un ordenador, el RC-1000.

Durante la década de los 80 la también japonesa Casio lanzó al mercado una exitosa serie de relojes de pulsera que incluían la funcionalidad de calculadora.

En 1990, el Timex Datalink era capaz de conectarse a un ordenador de forma inalámbrica para sincronizar contactos y agendas con el software Outlook de Microsoft. Y en 2010, Sony lanzaba el LiveView, al cual definía como ‘compañero’ (companion) del smartwatch, en relación a que hacía algunas de las funciones de los actuales relojes inteligentes -tales como mostrar las notificaciones de las aplicaciones- pero, junto a todos los modelos que he mencionado, y con la excepción del Wrist-PDA de Fossil, no permiten instalar lo que el usuario quiera, sino que se limitan a un rango de aplicaciones definido.

Un paso más fue el I’m Watch, un diseño de una compañía independiente italiana que salió al mercado en 2012, y que se basaba en un sistema Android convencional (el mismo empleado en los teléfonos), manejado de forma táctil, y al que se le podían instalar algunas -pocas- aplicaciones.

Cerca de un año después, el lanzamiento de Pebble supuso un giro en el mercado. Fue el primer smartwatch realmente popular y al que se le podían instalar aplicaciones y dotar de funcionalidad a voluntad (con las limitaciones de lo existente, claro), como un ordenador o un smartwatch.

A partir de aquí, las grandes compañías se interesan por un segmento que promete crecimiento y, en solo unos meses, Google presenta su plataforma basada en Android para este tipo de dispositivos y compañías como Samsung y Motorola presentaban sus propios modelos. En septiembre de 2014, Apple presentaba el primer Apple Watch.

A partir de aquí, las plataformas software que equipan a estos wearables se han diversificado y fragmentado, a diferencia de lo que ha pasado en el mundo de los ordenadores y de los smartphones, donde se han concentrado en unas pocas. En el caso de los smartwatches, algunas marcas han visto más estratégico contar con su propia plataforma, como Samsung con Tizen.

Usos y funciones en constante evolución

Al igual que las tablets en su momento, los smartwatches no han acabado de ser bien entendidos, especialmente en sus primeros pasos en el mercado, y algunos de quienes los compraron a mediados de la década de 2010 se frustraron porque pensaban que iban a poder navegar por Internet o escuchar muchas horas de música sin tener que llevar el smartphone, sin sopesar mucho las limitaciones de pantalla y batería.

Uno de los cometidos principales de los smartwatches es la presentación de notificaciones de las aplicaciones que se ejecutan en el teléfono. Por ejemplo, cuando nos entra un mensaje en WhatsApp, nuestro smartwatch es capaz de notificarnoslo, tanto en su pequeña pantalla como vibrando (los modelos que tienen dicha capacidad), además de permitirnos leer el mensaje e incluso responder con mensajes preprogramados o mediante reconocimiento del habla para dictar una respuesta.

A esta principal funcionalidad, en los últimos años se le han añadido otras fruto de los sensores y la conectividad de la que se ha dotado a estos aparatos.

Así, por ejemplo, la conectividad NFC ha dado lugar a la posibilidad de realizar pagos sin tener que sacar la billetera ni el smartphone del bolsillo, simplemente activando dicha conectividad y aproximando el smartwatch al lector de la tarjeta de crédito.

También se han incluido podómetros para contar las distancias recorridas, receptor de GPS para proporcionar información de geoubicación, lectores de ritmo cardíaco, y hasta medidores del nivel de oxígeno en sangre.

Gracias a dichos sensores, las aplicaciones que funcionan sobre los smartwatches permiten desde realizar un seguimiento del estado y la actividad física, hasta estar al tanto de los medios de comunicación mediante las redes sociales.

¿En qué se diferencian los modelos de Smartwatch?

Uno debe saber distinguir las llamadas “bandas de fitness” o “pulseras de actividad”, que pueden considerarse como una forma de smartwatch (más bien, un formato de reloj), por lo que una primera diferenciación y clasificación está dada en el ámbito del formato físico entre estas y los smartwatches puros. No obstante, dicha diferenciación también atañe a características del software y las posibilidades de cada aparato, ya que mientras los smartwatches presentan la capacidad de instalar aplicaciones y modificar el aspecto de sus pantallas, las bandas de fitness suelen ser cerradas en dicho aspecto y no permitir su personalización.

Por lo que respecta a los smartwatches puramente, y siguiendo con su aspecto físico, nos encontramos con los de caja cuadrada y los de caja redonda. Obviamente, en cada caso, contamos con correas de silicona, de piel o de metal, y diferentes materiales también para la realización de la caja.

Pero donde verdaderamente se diferencian los distintos smartwatches, es en la plataforma software que utilizan, y que en muchos casos condiciona lo que podemos hacer con ellos. Por ejemplo, Apple ofrece un servicio de pago a través de su smartwatch, pero debemos asegurarnos que la entidad bancaria con la que trabajamos también mantiene acuerdos con la compañía de la manzana. De igual modo Samsung para sus relojes, o Google con su servicio de pago Google Pay.

Las aplicaciones pueden contar, así mismo con extensiones para unas plataformas, dejando de lado a otras. Es decir, la plataforma software del reloj condicionará qué podemos hacer o que no podremos hacer, y hay que elegir en función de eso.