Delitos de Odio Significado, Características, Condena y Libertad de Expresión

¿Qué se entiende por delitos de odio?

Son aquellos que un individuo comete con base en la discriminación y el aborrecimiento que siente por cualquier persona que disienta de su forma de pensar, por color de piel, clase social, orientación sexual, creencias o cualquier otro motivo que el agresor considere –dentro de su propio juicio- justificable; muchas veces, solapados por los propios sistemas sociales.

En los últimos años, se ha escuchado insistentemente sobre estos delitos, que aun sin ser nuevos, pues se puede decir que han existido desde los inicios de la humanidad, y con el avance tecnológico, las noticias sobre ellos ahora si se obtienen constantemente y se sabe de su ejecución, sobretodo, a través de las redes sociales y otros medios de comunicación novedosos.

Durante años, la sociedad ha sido sometida a cambios intensos que han tocado su cimiente, lo que indudablemente se refleja en el incremento de este tipo de delitos con basamento, precisamente, en esas nuevas perspectivas humanas. Pero resulta, que quienes se sienten amenazados por ellas, descargan su frustración a través de los delitos cometidos por el odio contra los que apoyan y ejercen las ya mencionadas nuevas perspectivas.

Características que determinan el acto

Los delitos de odio se pueden identificar porque, tanto quienes los llevan a cabo como el delito en sí, poseen particularidades bien definidas:

• Las víctimas son atacadas por pertenecer a un determinado grupo étnico, poseer o no riquezas, tener una inclinación sexual diferente, u ostentar creencias religiosas distintas.

• En la comisión de estos delitos destacan simbologías alusivas a estos movimientos o a personajes que han representado el odio a través de la historia, como por ejemplo: la esvástica de Hitler, reconocido como el mayor propulsor de los crímenes de odio en el siglo 20.

• Los daños no solo son dirigidos a personas, sino también contra los bienes materiales o propiedades que tengan un valor cultural.

• Una de las características más relevantes es la forma de expresión utilizada por los miembros de los grupos intolerantes, siempre dirigida a la discriminación, al rechazo, a la ofensa y a fomentar la violencia.

• Las acciones, mayormente lesiones personales, son realizadas con ensañamiento, llegando a constituirse en sanguinarias.

• Por lo general, los perpetradores de tales crímenes son reincidentes: ya los han cometidos en oportunidades anteriores.

• Las fechas de celebración o conmemoración son de mucho interés para los grupos intolerantes, lo que hace que en aniversarios de ciertos hechos se cometan acciones vandálicas o contra las personas discriminadas por ellos.

La responsabilidad de sancionar, condenar y concientizar

El Derecho como garante de las relaciones en la sociedad y regulador de la conducta humana, no es ajeno a este fenómeno y ha debido actualizar sus preceptos para abarcar este tipo de hechos. Ciertamente, le corresponde normar la conducta, estableciendo y adecuando las sanciones o medidas de coerción correspondientes para garantizar que los Delitos de Odio no queden impunes.

En las diferentes legislaciones mundiales se han tomado las medidas necesarias para que estas acciones sean consideradas como criminales y sancionadas como tal. De hecho, la Convención Americana sobre Derechos Humanos ha estimado que las expresiones de odio (normalmente emitidas durante discursos y dirigidos a promover la discriminación o la violencia contra una persona o un grupo de ellas) son consideradas como delitos de odio.

Así como también ocurre que las organizaciones y personas intolerantes suelen proclamar su derecho a la libertad de expresión como justificativo para emitir expresiones de odio en sus diferentes manifiestos o discursos. Sin embargo, la misma Convención Americana de Derechos Humanos ha dejado claramente establecido que estas expresiones quedan al margen de tal derecho, pues no se puede vulnerar los de otros cuando se ejercen los propios

Dada la naturaleza violenta de tales acciones, así como la gravedad de sus consecuencias, donde muchas veces se pierde la vida y se degrada la dignidad humana, los ordenamientos y sistemas jurídicos se han ocupado de garantizar la igualdad de todos los seres humanas frente a las leyes, siendo este un principio fundamental del Derecho que concreta la ilegalidad de los delitos de odio.

¿Por qué en las últimas décadas se han “popularizado” estos delitos?

En las últimas décadas se ha notado un aumento considerable en la comisión de crímenes de odio, esto es motivado en gran medida a la globalización de la información, lo que permite que millones de personas tengan acceso directo y casi instantáneo a la misma. Y es que ese mismo hecho produce que algunas personas, sintiéndose ofendidas en o por sus creencias y valores, comienzan a gestar el odio hacia determinado grupo étnico, religioso o de cualquier otra índole, que consideren intolerable y distorsionador de la “correcta actuación humana”, según ellos, hasta solo por ver una noticia en las RRSS.

Un ejemplo claro y actual del odio étnico lo podemos establecer al analizar el caso de la migración venezolana. Al producirse en Venezuela lo que algunos han denominado la más grande diáspora hacia naciones mayormente latinoamericanas, debido a las condiciones económicas del país caribeño, muchos venezolanos salieron de su país buscando mejoras económicas que les permitieran vivir de manera más adecuada a sus aspiraciones.

Fue y es tan grande el número de migrantes venezolanos, que los nacionales de los países que los recibieron se sintieron amenazados y, al hacerlo público por redes sociales, se empezó a generar en países como Perú, Colombia y Ecuador, un rechazo “virtual” hacia los venezolanos, lo que en algunos casos se transformó en marchas, protestas y hasta ataques hacia este grupo poblacional.

Sin duda alguna, que la globalización de la información, el internet y las redes sociales, coadyuvaron en la difusión de tales sentimientos de odio y hasta en la convocatoria para las protestas o acciones que atentaron contra los venezolanos.

Del mismo modo, resulta lógico pensar que no solo se trata de las redes sociales y de la forma de expresión de tal odio, sino también de que muchos se vieron representados por estos y se sumaron a las acciones realizadas, en otras palabras, solo hace falta que un par de sujetos vociferen su odio para que unos cuantos más les aplaudan y se unan a la materialización criminal de tal sentimiento.

Saber diferenciar la libertad de expresión y soberanía de los pueblos de los delitos de odio

La libertad de expresión es un derecho del ser humano, su violación es considerada un delito y las leyes, en casi todos los países, la garantizan como un derecho inalienable. Sin embargo, la libertad de expresión no puede, ni debe usarse, como excusa para que grupos intolerantes puedan influir sobre el pensamiento y el accionar de otras personas.

En el afán de asirse de medios de comunicación e información que apoyen sus pensamientos e ideas, estos grupos que incitan a la realización de delitos de odio, utilizan este derecho como bandera para tratar que sus publicaciones o discursos sean publicitadas sin mayor control por parte de las autoridades. También, se cobijan en la soberanía de los pueblos para justificar sus ideas pervertidas de toda sensibilidad y respeto hacia sus congéneres.

Sin duda alguna, han encontrado en los medios informáticos un gran aliado para difundir sus ideas, pero igualmente se han topado con los que disienten de las mismas, enfrascándose en una guerra mediática por ganar adeptos y facilitadores. No se puede negar que las ideas prejuiciosas tienen un gran número de seguidores, muchos de ellos los apoyan de forma silenciosa y desde altas esferas gubernamentales.