Significado de Error: Reconocimiento y Aprendizaje

¿Qué es el error?

Es un acto dentro del proceso de aprendizaje que culmina de una manera que no fue deseada ni prevista, y que merece ser reconocida como tal para, en lo posible, evitar repetirse. Se plantea desde un terreno cultural, delimitado por los miedos, las consecuencias y el castigo, y al mismo tiempo, como un desafío para crecer. También, es común que uno no perciba que está equivocado, hasta que alguien se lo puntualice, o que tenga dificultad en ver su propia falla. Se observa etimológicamente en el latín en las formas error, errōris.

Errar es humano. ¿Por qué?

La frase popular que versa “errar es humano” expresa que equivocarnos es parte de nuestra naturaleza, algo tan inherente como inevitable.

No existen personas que no cometan desaciertos, es algo habitual y se lo debe despojar de un sentido negativo. Se trata, en parte, de aceptar nuestra propia “castración”, término freudiano que refleja a grandes rasgos que no todo se puede, que como seres imperfectos, incompletos, tenemos limitaciones.

Pero, así como errar es humano, el sentir impotencia o frustración ante ello es también frecuente. Muchas personas tienen dificultades para aceptar sus propios errores y, en general, son las mismas que no admiten errores ajenos, debido a que no lo asumen como parte esencial de lo humano.

Error y culpa

En la formación del psiquismo en la primera infancia es fundamental acompañar a los niños en sus aciertos y en sus dificultades. Ello se logra enseñándoles a caer y a levantarse, especialmente sin temer a esas caídas, pues el miedo al error es enemigo del progreso, es paralizante. Por miedo a equivocarme -ya siendo adulto- me quedo quieto en tal situación, en tal relación, en tal formación académica, etcétera.

Hay que animar a los niños a hacer las cosas como puedan, en la medida de sus posibilidades -que dependen del nivel de desarrollo evolutivo y de los tiempos de cada uno-, a valorar sus esfuerzos más allá de los resultados, a no medir sus logros con otros, a no pretender ser perfectos, sino felices, para que puedan construirse -con nuestro acompañamiento- una autoestima sana.

Cuando los niños se equivocan no hay que dar mayor importancia, pues si es algo natural, debe transmitirse de tal modo. Errar no debe ser doloroso, si bien no es lo esperado, sino señal para emprender otro camino hacia la meta. Me equivoqué, bueno, es cuestión de intentar otra cosa.

Los cuidadores que castigan severamente a los niños al equivocarse, que los encierran en su habitación o les dicen lo mal que hicieron tal cosa, no hacen más que dañar el amor propio del niño, sin miras a que dicho error pueda servir para dar lugar a algo novedoso. Son estos los tutores que favorecen en el niño la formación de un Superyó severo, el cual una vez siendo adultos les hará sentir gran malestar y culpa, cuando no logren cumplir con las exigencias de esta instancia psíquica -vinculada a las pretensiones parentales y culturales-.

Errores como oportunidad de aprendizaje

Tener fallos constituye una ocasión de aprendizaje, de crecimiento, de hacer las cosas de un modo diferente, para no tropezar con la misma piedra. Sin embargo, el ser humano es el único animal que, a veces, se enamora de la piedra y repite una y otra vez iguales yerros. Una terapia psicológica puede ser fructífera para explorar las motivaciones de estar eligiendo, sin saberlo, vías que nos conducen a equivocaciones.

Las personas que se permiten errar y no quedan suspendidas en ello, sino que avanzan a partir de allí, explorando posibilidades diversas, son personas creativas y con mayores posibilidades para arribar a sus objetivos.

Quienes examinan sus errores y sacan provechosas conclusiones a partir de los mismos suelen ser personas triunfadoras, es decir, que logran lo que quieren, en base a su propia escala de valores.

Por contraste, las personas perfeccionistas que intentan esforzadamente no equivocarse, suelen estar limitadas en sus pensamientos, acciones y emprendimientos y puede que se equivoquen menos, pero al precio de quedarse quietos en su zona de confort.

Antropología: error y relativismo cultural

Uno de los conceptos valiosos que aporta la Antropología es el de relativismo cultural, por el cual se entiende que debemos acercarnos a la comprensión de una cultura desde su propio enfoque.

Cada cultura tiene su propio sistema de valores y creencias, sus preconceptos, lo que entiende como bueno/malo, representaciones acerca del mundo y de las relaciones humanas, etcétera.

Equivocarse va a adquirir diferentes sentidos, según la cultura en la que se enmarque y lo que supone un yerro en ciertas culturas, puede ser sumamente valorado en otras.

Por lo tanto, en la realidad material no existen los errores, sino en la realidad simbólica. Se trata de pensamientos o acciones que la sociedad valora de tal modo y, como formamos parte de ella, hemos aprendido a visualizarlos así. Pero es importante desnaturalizar lo que nuestra cultura entiende como errores y evaluar si para nosotros, en nuestro caso singular, determinados actos suponen errores o no.