Legión Significado, Reforma de Cayo Mario, y Tranformación

  • Por Daniel Moreira (Historiador)
  • Dic, 2020
  • Significado: ¿Qué se entiende por legión?

    Al principio de la historia de Roma, en época de los primeros reyes de la ciudad, esta denominación se refería a todo el ejército romano que formaba combatiendo al estilo de falange, es decir, con los guerreros formando en una larga línea con una profundidad relativamente escasa (de 8 a 16 soldados). O sea, que era una simple denominación para un ejército concreto.

    Con el advenimiento de la república, comandada por dos cónsules, la legión se dividió en dos partes (legiones), cada una de ellas al mando de uno de estos cónsules que, no obstante, seguían empleando la técnica de la legión para combatir.

    El problema de la legión es que, si bien funciona bien (incluso muy bien) en un terreno llano, cuando se utiliza en superficies irregulares el resultado puede ser catastrófico, ya que se abren huecos en la formación, que pueden aprovechar los enemigos para infiltrarse a través de estos y atacarla por detrás. La propia estructura de la falange provoca que los combatientes que participan en la formación, sean muy vulnerables a ataques por la retaguardia o por los flancos, pese a que es una formación prácticamente invencible si se la enfrenta por su parte delantera.

    Cada legión se dividía en centurias, comandada cada una de ellas por un líder llamado centurión. La composición de las tropas era formada a partir de todos los ciudadanos con propiedades, divididos en cinco clases según su riqueza.

    La lucha en terreno montañoso contra pueblos itálicos como los samnitas hizo variar las tácticas e, incluso el armamento (los romanos fueron famosos por no tener dificultades en adoptar el armamento de otros pueblos que pensaban podía ayudarles más en sus guerras), llevando a la legión a constituirse como una unidad formal, con una dotación entorno a los 3.000 hombres.

    En 494 a.C, el dictador Manio Valerio Máximo hizo reclutar hasta una decena de legiones, compuestas cada una por 4.500 hombres, para enfrentarse a diversos frentes que los romanos tenían abiertos. Es, tal vez, una de las primeras noticias sobre el uso de las legiones como unidad táctica.

    Hasta entonces, los ejércitos no se subdividían, como en la actualidad, en unidades con un número fijo de guerreros, sino que se acumulaban cuantos se podían, eran necesarios, o podían ser mantenidos durante las campañas (que eran estacionales).

    Para complementar a las legiones, dotándolas de caballería, arqueros, y guerreros para practicar guerra irregular (emboscadas, penetraciones en territorio enemigo, razzias,…), los romanos reclutaban tropas auxiliares, que se organizaban en centurias, o de forma totalmente irregular.

    La organización de una legión en esta época republicana primigenia consistía en infantería pesada, infantería ligera, y caballería, y la legión tenía una duración efímera, pues se reclutaba cuando era necesaria, y se licenciaban sus efectivos una vez ya no eran necesarios.

    La reforma de Cayo Mario

    Cónsul hasta siete veces y apodado «tercer fundador de Roma» por su importante papel en conjurar las amenazas militares a las que se enfrentó la República durante sus mandatos (guerras contra Numidia, contra las tribus germánicas de Cimbrios y Teutones, y contra los pueblos itálicos sometidos), también realizó una reforma a fondo del estamento militar.

    Destaca sobretodo el hecho de que enroló en el ejército romano a ciudadanos libres que no podían costearse el armamento, el cual iba a cargo ahora del tesoro público de la República.

    Este movimiento propiciaba la introducción del concepto de soldado y ejército profesional, en contraposición al de ciudadanos libres alzados en armas herencia de la cultura griega.

    Los soldados así reclutados servían por un periodo de veinticinco años, lo que dio lugar a las tropas permanentes que facilitarían la protección y control de un incipiente imperio que se iba extendiendo geográficamente.

    La profesionalización conllevó también una dedicación exclusiva de los soldados a la tarea militar, lo que implica un entrenamiento continuado, la necesidad de prestar servicios y alojamiento a esas tropas, y la oportunidad de prestarles servicios por parte de comerciantes y otros profesionales. Los soldados tenían prohibido casarse, aunque ello no impidió que muchos formaran familias de una forma más secreta o tolerada.

    También estandarizó el equipamiento militar, eliminó los distintos tipos de infantería convirtiéndola por completo en infantería pesada, y reestructuró la unidad, a partir de ese momento dividida en diez cohortes, con cada una de estas dividida en seis centurias.

    En total, eran 6.000 efectivos, de los cuales unos 5.200 eran soldados y, los demás, personal auxiliar para tareas como la logística o la cocina.

    En cierta forma, Mario puso los cimientos de lo que son los ejércitos modernos, incidiendo en la logística, en una preparación minuciosa de los detalles, y en la profesionalización y especialización de las tropas.

    Finalmente, Mario también dotó a los legionarios de una jubilación, consistente en una paga y un lote de tierras en zona conquistada. De esa forma, se reforzaba la influencia romana en las zonas conquistadas.

    Estas reformas se mantuvieron, con ligeros cambios como los introducidos por Julio César (en las tropas auxiliares), hasta bien entrada la época imperial.

    Tranformación y declive del modelo

    A principios de la época imperial, la formación de la legión estaba todavía plenamente vigente y, de hecho, el emperador Augusto inició la vinculación de cada legión a una base operativa llanada castra. Muchos de estos castra fueron el origen de posteriores castillos y ciudades.

    También se había ido dando, desde César hacia esta época, la ampliación del número de tropas auxiliares aliadas, de forma que acabaron igualándose al número de legionarios y elevando el número de soldados en la legión hasta unos 10.000.

    No deja de sorprender que este número es el mismo que los componentes de una división moderna, una unidad introducida durante las guerras posteriores a la revolución francesa.

    También en época imperial, las legiones crean un carácter propio y distintivo, una historia y unos méritos, con lo que permiten al legionario identificarse con un cuerpo concreto dentro del ejército romano.

    Hacia el final del imperio, y con el reclutamiento cada vez mayor de bárbaros de fuera del imperio, mercenarios, y uso de tribus enteras para llevar a cabo las funciones que antes desempeñaba el ejército, cambió la panoplia y se perdió la estandarización total del armamento.

    Al mismo tiempo, y al haber frenado su expansión, el mismo imperio no podía suministrar la pensión a todos los legionarios que se jubilaban, por lo que las legiones empezaron a «perder peso», disminuyendo el nombre de soldados para ahorrar en pagas, y reclutando auxiliares bárbaros o aliándose con otras naciones y tribus bárbaras (foederati) cuando las amenazas puntuales justificaban la movilización.

    Bajo el reinado de Constantino II (337-340 d.C) las legiones pueden ser de varios tipos, con las más pequeñas contando con una fuerza de unos 3.000 hombres.

    El modelo de legión se debilita y fragmenta paulatinamente, aunque sobrevive a duras penas en el Imperio Bizantino. Se considera que una de las últimas legiones de las que se tiene noticia, la Quinta Macedónica, es la más longeva: desde el 43 a.C. hasta el 637 d.C. cuando fue arrasada por los árabes en su conquista de Egipto. Siete siglos de recorrido ininterrumpido como unidad.

    Como he comentado con anterioridad, hasta la revolución francesa, con la introducción de la división, no volveremos a encontrar una unidad táctica con una organización tal como la legión romana, especialmente la tardorrepublicana y de inicios del imperio.