Significado de Superficialidad

  • Por Angela Estevez (Licenciada en Psicología)
  • Mar, 2020
  • ¿Qué implica la superficialidad?

    Es una actitud humana que forma parte de la personalidad manifestada en un orden de prioridades distanciado de los valores socioculturales esenciales para la vida y la convivencia en sociedad. Así mismo, construye una perspectiva limitada, cerrada y engañosa de la realidad.

    Etimológicamente está compuesto por superficial, que tiene referencia en el latín como superficiālis, asociado a la palabra superficie, en el latín como superficies, uniendo super (señala aquello que está encima o sobre una cosa) y facies (interpretado como faz al respecto del rostro como también comprendiendo el lado externo y visible de algo); luego acompañan los sufijos -al (en latín -ālis) y -dad (en latín -tas), que funcionan como agentes de pertenencia y cualidad respectivamente.

    Superficialidad en la sociedad actual

    Cada momento histórico aporta un contexto, con determinadas cualidades, a la sociedad, que se encarna en cada uno de sus miembros, a nivel individual y relacional. Esto quiere decir que, nuestra personalidad se ve influida por las coordenadas temporo-espaciales en las que hemos venido al mundo.

    Hoy en día, lo que puede verse es que la mayoría de las relaciones humanas son poco profundas, superficiales y pasajeras; constituyen una máscara.

    Lo anterior conlleva una fragilización o debilitamiento de los lazos sociales, que se vuelven inestables y poco confiables. Las relaciones de amor y de amistad son cada vez más breves y prima el egoísmo, la competencia cruel y el “sálvese quien pueda”.

    Esto viene acompañado de una pérdida de los valores morales tradicionales, que eran guía y orientación, cuya importancia para los miembros de la sociedad se ha evaporado. Los valores nuevos son los propios del capitalismo: el disfrute, las apariencias, las posesiones materiales, los viajes y el vivir el presente.

    Todas estas cualidades superficiales responden a lo que el sociólogo Zygmunt Bauman (1925-2017) denominó “modernidad líquida”.

    En paralelo, la ecología, la inclusión y la equidad de género constituyen algunas de las respuestas alternativas, que intentan erigirse como nuevos valores, más sustanciales. Sin embargo, todavía no son lo suficientemente fuertes, como para contrarrestar el significado social y el efecto de los ideales capitalistas.

    ¿Qué cualidades posee la persona superficial?

    Son aquellas que dan mucha importancia a todo lo externo: la apariencia (vestimenta, peinado, estilo de vida y rasgos físicos), el placer, las posesiones y recursos materiales y el posicionamiento social.

    Los pensamientos de estos sujetos están puestos en el ahora, así como sus metas. Los temas de conversación favoritos son triviales y las relaciones transitorias.

    Gustan de estar actualizados acerca de las tendencias de la moda y se enamoran, especialmente, en base al placer estético, que genera en ellos alguna persona (que responde a los estereotipos de belleza de la época).

    Relaciones superficiales y miedo al compromiso

    Abrirse al otro, para que ocurra una conexión auténtica, un encuentro real, nos hace más vulnerables y de allí viene el famoso “miedo al compromiso”, pues acontece el terror que, ese poder concedido al otro, sea vuelto en nuestra contra.

    Por ende, si no profundizamos en la relación con el otro, no nos pueden lastimar o defraudar.

    Sin embargo, el riesgo y al dolor son parte natural e inevitable de la vida. Si nos atenemos a la superficialidad tampoco podremos amar, ni ser amados, en lo que hace a nuestra singularidad, ya que “lo esencial es invisible a los ojos”, como expresa Antoine de Saint-Exupéry (1900-1944), en su célebre obra “El principito”. Con la superficialidad, quedamos atados a lo efímero, en un acto de cobardía.

    Por lo tanto, amar e involucrarse, adentrarse en lo hondo, bajo la superficie, es una habilidad reservada para los valientes, que cuestionan y reflexionan sobre la frivolidad actual.

    Resolución de problemas: respuestas superficiales

    Existen tres maneras con las que manejamos los conflictos que nos preocupan: la negación, las respuestas superficiales y el tratamiento profundo.

    Por ejemplo, si tengo un trabajo que detesto, puedo excluir -voluntaria o involuntariamente- los pensamientos y sentimientos negativos, que vienen a mi mente (negación); faltar algunos días al trabajo para no encontrarme con el sufrimiento generado allí (respuesta superficial); o explorar qué cambios están en mi poder para mejorar mis condiciones laborales, así como buscar otros empleos más agradables (tratamiento profundo).

    El psicoanálisis, en este sentido, sería una terapia profunda, pues explora las raíces inconscientes del síntoma y no se queda sólo en la superficie, que estaría compuesta por la consciencia y el preconsciente. Así como nuestros cuerpos son nuestra superficie física, la consciencia es la capa externa en el psiquismo.

    Otras terapias se avocan más a las exteriorizaciones de los conflictos, lo mismo que sucede con el tratamiento farmacológico, cuando no es acompañado adecuadamente por la terapia psicológica y el trazado de un plan terapéutico.

    Es decir, la medicación es útil y, en muchos casos, necesaria, pero no debe utilizarse de modo indiscriminado, masivo, irresponsable o para tapar los problemas y/o postergarlos.