Significado de Adulto Mayor

¿Qué es el adulto mayor o la terceridad?

Es el escalón que concluye el ciclo dado por la niñez, adolescencia y adultez en la vida de la persona, que merece valorarse como tal, y sentir el apoyo y el acompañamiento de familiares y amigos cercanos como también del estado, dado que esto repercute de modo directo en la percepción que se tiene de la etapa que se está experimentando y a la cual hay que adaptarse. La OMS lo declara a partir de los 60 años desde una percepción que refiere a la capacidad física y cognitiva, sin embargo numerosos gobiernos contemplan edades mayores, de hasta 65, e incluso una distinción según el género.

Precisamente, la propia denominación, en las formas de adulto mayor o tercera edad (se lo mide por décadas), responde a un cambio cultural en pos de respetar y valorar al anciano, quien sufre con normalidad un estigma injusto que lo excluye y abandona en lugar de proporcionale apoyo, comprensión y respeto; El estado, desde sus políticas, es capaz de apreciar o denigrar esta etapa, y los medios optan por seguir o criticar las posturas en base a sus intereses, empujando un clima social y cultural favorable o no.

Percepción del adulto mayor como construcción social

Los modos de pensar la figura del adulto mayor resultan propios de construcciones sociales, las cuales se van modificando con el devenir histórico y en cada sociedad. Son atribuciones de significados, roles, cualidades, que la sociedad crea y que se transmiten con una cierta ilusión de certeza. Pareciera que ser anciano es, efectivamente, eso que la sociedad propone.

De allí que, más allá de constituir un momento marcado por la edad avanzada, el sentido es elaborado por la cultura. Ser anciano marca una posición social. La Antropología estudia, por ejemplo, lo que significa ser anciano en ciertas tribus, donde es una figura sumamente respetada, que posee autoridad incuestionable para la toma de decisiones.

En la psicología positivista y en la psicología actual

Tradicionalmente se han asociado múltiples significaciones negativas a la tercera edad, ligando a los ancianos a la pasividad y a la decadencia, como si sólo estuviesen en el mundo para relatar lo que han vivido, esperar el final de la vida y ser testigos de experiencias ajenas.

Esta perspectiva negativa es la perteneciente a la Psicología clásica, evolutiva y positivista que, por ende, une a la tercera edad con el déficit. Se restringe, en esta misma línea, la capacidad de decisión de estos sujetos sobre sí mismos, de igual manera que se hace con los niños o los presos.

Sin embargo, en contraposición con esta mirada, surgen en la Psicología actual otras concepciones más alentadoras, que hacen espacio a la singularidad en que cada persona vive su trayectoria vital, además de los significados compartidos que atrae.

La niñez, la adultez y la tercera edad son diferentes tiempos, cada uno con sus duelos, pérdidas y desafíos, pero también con sus ganancias.

La rama específica de estudio de la psicología, para esta franja etaria y sus implicaciones, se llama Psicogerontología. La misma ha propuesto nombrar a la vejez como tercera edad o adulto mayor, buscando hacer foco en la actividad y autonomía.

Dificultades y re-valorizaciones del adulto mayor

Hay una serie de dificultades propias de este momento, que son innegables y que cada persona atraviesa a su manera.

Surgen y se desarrollan problemas físicos, como dolores articulares y deterioro cognitivo, como fallas en la memoria. Son límites nuevos para asumir. Desde lo social, a veces (aunque no siempre) cuesta adaptarse a las nuevas costumbres, valores y maneras de hablar y/o pensar, así como al avance de las tecnologías.

Esta etapa constituye un esfuerzo de duelo por el cuerpo adulto y la aceptación del nuevo cuerpo, con arrugas y otros signos propios de la edad. Este puede, sin embargo, entenderse como un testimonio de vida, del camino trazado, como marca de logros alcanzados y de sabiduría. No obstante, el mercado publicitario se afana en señalar las arrugas como un enemigo, pero debemos ser conscientes de que ello es un medio para promocionar productos y tratamientos estéticos.

Los ancianos, generalmente, son dependientes en un sentido económico, ya que han dejado el mundo laboral y según la calidad de su envejecimiento, requieren de diferentes apoyos.

Pero también hay potencia. Los ancianos son capaces de emprender proyectos, de brindar afecto y contención. Pueden, por ejemplo, iniciar una carrera universitaria o un emprendimiento, que antes por falta de tiempo, no pudieron.

Los ancianos pueden enamorarse, colaborar (en caso de ser abuelos) con el cuidado de sus nietos, ser fuente de experiencia y conocimiento, brindar consejo, acompañar. Que todo esto pueda hacerse se relaciona, en gran medida, con que la persona misma se lo permita, así como los otros que la rodean.

En la ancianidad hay belleza, deseo y erotismo, aspectos que aún hoy se intentan velar, encubrir, acallar. Esto se debe a los prejuicios y tabúes culturales, que generan sufrimiento a los ancianos, al negar esferas esenciales de su existencia y de su placer.

Refuerzos de la tercera edad: cuidados físicos, cognitivos y sociales

Existen diversas actividades que favorecen un envejecimiento activo, gozoso y saludable (tanto en lo mental, como en lo físico). Como es una etapa en que ya no se trabaja, el tiempo libre puede ser vivido como una nueva oportunidad.

La educación física en la vejez, es un modo de encuentro con el cuerpo, desde lo placentero y recreativo. Es también una forma de cuidado. A lo largo de la vida el cuerpo cambia y hay que volver a conocerlo, resignificarlo, con las diferencias y nuevas cualidades que devuelve el espejo.

La música, la pintura, escultura y todos los terrenos del arte, son otro de los ámbitos propicios, para expresarse y sentirse realizado, para hacer.

También la participación de talleres temáticos, por ejemplo, de escritura o de memoria, permiten la interacción con otros pares, con quienes se puede compartir y acompañar el tránsito por la terceridad.