Derecha y Ultraderecha (en Política) Significado, Historia y Tendencia

¿Qué define a la Derecha y Ultraderecha en el marco político?

Es posible remontar el origen de la derecha política a una votación de la Asamblea Nacional Constituyente surgida de la Revolución Francesa en 1789, cuando los partidarios de mantener el privilegio de veto del rey, se situaron a la derecha del presidente de la cámara para poder ser contados, mientras los partidarios de limitar en gran medida el poder real, se ubicaron a la izquierda del presidente.

Nacía de esta forma el término, pero ¿podemos remontar el nacimiento de las derechas políticas tal y como las conocemos hoy también a dicho momento? ¿Qué son las derechas exactamente y cuál ha sido su evolución histórica?

¿Ya en el Imperio Romano?

Es difícil homologar los movimientos políticos de la Roma republicana a los actuales partidos, pero no imposible. Básicamente tenemos dos: el de los Optimates, partidarios del poder para la nobleza romana, el conservadurismo social y la ciudadanía romana solamente para quienes nacían con ella, y el de los Populares, partidarios de un régimen meritocrático en el cual se promoviera el talento (con lo que el progreso de las clases bajas era posible) entre otras medidas que tendían a la igualación social.

La facción de los Optimates de la República tardía puede ser homologable a las actuales derechas políticas, aunque estas últimas contienen mayores movimientos en su interior que aquella, pese a que muchas líneas comunes entroncan ambas posiciones.

Hasta el siglo XVIII

Con la desaparición de la República y el paso al Imperio, desaparecen de la escena pública ambas facciones, diluidas en un régimen que oscila entre una cierta oligarquía, y la completa autarquía.

Nada habrá que se parezca hasta lo que hoy conocemos como derecha política hasta las revoluciones político-sociales de finales del siglo XVIII y a lo largo del XIX hasta principios del XX.

Las derechas empezaron siendo vistas simplemente como un movimiento conservador, antirrevolucionario, que nacía como respuesta a la voluntad y decisión de un pueblo cada vez más empobrecido, de tomarse la libertad y la igualdad por su propia mano, con las consecuencias que ello produjera; era mejor morir matando que, simplemente, morirse de hambre.

Esta respuesta se basaba en el mantenimiento de los privilegios de la clase dominante, la nobiliaria, el mantenimiento de las tradiciones como una forma de subordinación y, por lo tanto, de mantenimiento del orden. La iglesia (o, más apropiadamente, las iglesias cristianas en sus diferentes confesiones) fueron las aliadas de la nobleza y las clases dominantes en esta lucha y, por lo tanto, las izquierdas acabaron por definición también enfrentadas a las iglesias.

La revolución francesa de 1789 es, como ya apuntaba al principio, el momento histórico a partir del cual se empiezan a configurar tanto las derechas como las izquierdas políticas tal y como las entendemos hoy en día, aunque con evidentes paralelismos a las facciones comentadas de la antigua República Romana.

De las Guerras Napoleónicas a la Revolución Industrial

La Europa que emergió de las Guerras Napoleónicas ya pugnaba en dos direcciones: una, la de volver al régimen anterior a los paseos militares del gran corso por todo el continente, y la otra la de aprovechar la reconstrucción del viejo continente para ahondar en una sociedad más justa en la que alguien pudiera progresar desde la base hasta la cumbre por méritos propios, poder elegir a los propios representantes…

Los movimientos reaccionarios lo conforman aquellos quienes ostentan el poder, no solo temerosos de perderlo, sino también que después de eso, el pueblo encumbrado en el poder quiera pasar cuentas con ellos. El enfrentamiento está servido.

Uno de los países en los que más claramente puede verse este enfrentamiento entre el viejo régimen y las nuevas propuestas es España; a la vuelta de Fernando VII, una parte del país pretende que este sea un monarca constitucional a imagen y semejanza de la Gran Bretaña (donde ya funcionaba un sistema parlamentario), mientras que otra, acorde con el rey, pretende restablecer el antiguo régimen de monarquía autocrática.

Fernando VII pudo acabar imponiendo su voluntad mediante una fuerte represión, pero no evitó que España se desgajara en dos irreconciliables mitades en un enfrentamiento que todavía hoy provoca disputas político-sociales.

La Revolución Industrial, acaecida durante el siglo XIX, también jugó un papel esencial en perfilar lo que acabaría siendo tanto la derecha como la izquierda, al situar a la masa de los obreros (proletarios, del término latín proletarii, que designaba la clase más baja de la ciudadanía romana; otra conexión con la Roma clásica) junto a los pequeños burgueses que querían una evolución social, a los nobles, grandes propietarios y terratenientes, industriales, y burgueses enriquecidos, que optaban por mantener el statu quo que les beneficiaba.

El año de 1848 será el punto álgido de los movimientos revolucionarios de izquierda por toda Europa, con estallidos en Francia, los estados alemanes, o los italianos, donde se vivieron con mayor intensidad. A estas revoluciones las combate un movimiento reaccionario que precede a la actual derecha política.

Dicha derecha se prefigurará a caballo entre los siglos XIX y XX, y se acabará comentando a las puertas de la Primera Guerra Mundial.

El periodo de entreguerras: el ascenso de la ultraderecha

¿A partir de qué momento podemos empezar a hablar de ultraderecha tal y como la entendemos hoy? Si bien podemos remontarnos a la Revolución Francesa, con pensadores reaccionarios que sitúan su modelo político-social en la edad media, realmente no podemos hacerlo con propiedad hasta el periodo de entreguerras, cuando el movimiento fascista y el nazi (curiosamente, el NSDAP, partido nazi, se define como Nacional-Socialista) se constituyen en Italia y Alemania respectivamente.

Los movimientos de ultraderecha se diferencian de la derecha en aspectos económicos, ya que los movimientos de derecha tienden a una economía liberal (aunque hay sectores que apuestan por la protección nacional de ciertos sectores productivos), mientras que la ultraderecha tienda a un control absoluto no solamente de la economía, sino de todos los aspectos de la sociedad. Esto enfrenta a la ultraderecha con el liberalismo tanto económico como social.

La ultraderecha también lleva un paso más allá a corrientes incluidas dentro de la derecha como pueden ser el nacionalismo y el anticomunismo.

La ultraderecha aspira al poder absoluto negando la posibilidad de cualquier otro movimiento político e, incluso, de disensión en la sociedad, mientras que la derecha política acepta el juego democrático y, en corrientes como el liberalismo, es profundamente democrática y defensora de las libertades individuales que la ultraderecha niega en favor de la homologación de todos los individuos de la sociedad en todos los aspectos.

La derrota de las potencias del Eje en la Segunda Guerra Mundial no acabará con la ultraderecha; distintos estados latinoamericanos ven el florecimiento de dictaduras de ultraderecha en la posguerra, auspiciadas por unos Estados Unidos interesados en contener el comunismo. En Europa, el régimen fascista del dictador Francisco Franco sobrevivía por los mismos motivos, así como regímenes nacionalistas de corte ultraderechista en Asia y África.

Tendencia e influencia actuales

Tras pasar varias décadas atomizada en distintos grupúsculos marginales, la ultraderecha experimenta un florecimiento en Occidente, en varias formas pero, especialmente, gracias a las corrientes populistas, que no tienen reparo a hablar abiertamente de temas sensibles en la sociedad y de buscar un culpable a los problemas que esta sufre (recurso fácil que podemos remontar a la culpabilización de los judíos entre otros colectivos por parte de los nazis para explicar todos los males de Alemania).

La actual extrema derecha populista no duda en generar y aprovechar noticias falsas (las famosas fake news) para movilizar a su potencial electorado, utilizando estas falsas informaciones contra sus rivales políticos, los cuales renuncian a entrar en según qué diálogos.

Exponentes de estas técnicas y de su éxito son, entre otros, Donald Trump en los Estados Unidos (que prácticamente ha fagocitado al Partido Republicano), Viktor Orbán en Hungría, o Matteo Salvini en Italia.

En otros países europeos, como Francia (Marine Le Pen), Países Bajos (Geert Wilders) o España (Santiago Abascal) también existen movimientos de ultraderecha, pero ninguno de ellos ha tocado el máximo poder. Por ahora.