Significado de Firmeza

  • Por Angela Estevez (Licenciada en Psicología)
  • Abr, 2020
  • Es una posición inquebrantable de certeza y confianza al respecto de los pensamientos y acciones, sin temor a la crítica ajena, no obstante eso no implica no escuchar al otro. Precisamente, es la investigación, el intercambio de opiniones y las experiencias lo que alimenta y fortalece una desición.

    Sobre la etimología, está asociado al adjetivo firme, expresando su interpretación directa en el latín firmus, con raíz en el indoeuropeo *dher(2)-, por sostener. Y lo complementa el sufijo -eza, que dicta cualidad, a partir de la relación con el adjetivo. Es interesante contrastarlo con la configuración del término enfermo, el cual formado por el sufijo latino in-, que se interpreta como no, y firmus, indicando un mensaje ausencia de firmeza, y por ende, indica un estado de vulnerabilidad.

    Importancia de manifestar un carácter firme

    La firmeza nos dota de confianza, ya sea que se trate de una propiedad perteneciente al mundo de los objetos (casas, puentes u otras construcciones, muebles, artefactos) o al de los seres humanos.

    Ser personas firmes puede conducirnos al progreso, a la superación de adversidades y al logro de metas complejas y/o lejanas. Significa no derrumbarse frente a cualquier escollo o permitir que el miedo se apodere de nosotros.

    También se vincula a la capacidad de tener constancia, paciencia, habilidad para la planificación y tolerancia a la frustración. En cuanto a lo moral, tener valores firmes quiere decir que se mantengan en el tiempo y frente a las tentaciones de provocar daño.

    Cuando la firmeza tiene lugar en el trabajo puede referir a una ardua exigencia relativa al puesto de trabajo, con poco lugar para los errores. Si, en cambio, se relaciona a la estabilidad dentro de un empleo, es una razón de tranquilidad para el empleado, frente a la posibilidad de un despido inesperado.

    En cuanto a lo interpersonal, poner límites con los demás, de modo firme, asegura que seamos tratados con respeto, según lo que hemos permitido o no. Además, transmitimos una imagen de seguridad y confianza, una autoestima saludable y claridad en cuanto a nuestros deseos.

    Excesos de firmeza

    Cuando esta característica excede ciertos parámetros, transformándose en terquedad, puede volverse un rasgo negativo, pues conlleva rigidez psíquica o poca permeabilidad al cambio.

    La falta de flexibilidad con nosotros mismos, con los otros y con los eventos inesperados de la vida, nos vuelve frágiles, poco adaptativos y necios. Puede impedir la aceptación de juicios ajenos, así como la imaginación y la capacidad inventiva.

    Por ejemplo, en los grupos de trabajo, cuando uno de los miembros está empecinado en hacer las cosas a su manera singular, sin atender a la voluntad del resto, se generan incomodidades, que impiden el buen funcionamiento general.

    La exageración en la fortaleza va contra la permeabilidad, siendo a veces lo más sano acomodarse, renovarse, tomar nuevos senderos hacia los objetivos, individuales o colectivos. Uno puede estar muy firme en una equivocación, frente a los otros o a las situaciones vitales, que intentan ampliarle la mirada.

    Cómo ser más firme en la toma de decisiones

    Principalmente, para escoger con solidez, debemos tener buenos argumentos en favor de esa elección, pensar qué queremos y por qué, cómo y cuándo. Así, cuando transitemos momentos de inestabilidad, de duda, podremos recordar dichas razones.

    Si estamos pasando por un mal momento universitario o laboral, por ejemplo, la perseverancia puede sostenerse, a partir de analizar que estamos donde nuestra voluntad nos ha puesto y que es normal tener que sortear dificultades en el camino.

    En el ámbito de la crianza, es más sencillo establecer límites, si estos tienen una buena razón de ser, por ejemplo, no dejar a un niño muy pequeño sin el cuidado adulto, solo en la calle, porque es peligroso.

    Cuando los límites parentales son muchos y tienen poco sentido, meramente demostrar autoritarismo y dominación, no suelen ser respetados por los hijos. En este sentido, una crianza firme no es una plagada de límites, sino con unos razonables y constantes, que pueden ponerse a discusión, siempre que sea con respeto.