Significado de Izquierda y Extrema Izquierda en Política

  • Por Daniel Moreira (Historiador)
  • Jul, 2020
  • ¿Qué se entiende por política de izquierda?

    Es un posicionamiento ideológico que se manifiesta a través de iniciativas y acciones entorno a percibir y privilegiar las necesidades de los sectores más vulnerables de la sociedad, en detrimento de los grupos más pudientes y poderosos representados por la derecha. Pese a que la diferenciación de derecha e izquierda política (y, a partir de aquí, sus correspondientes extremos) se remontan en la acepción moderna del término a la época de la revolución francesa y, más concretamente, al lugar que ocupaban respectivamente la facción reaccionaria favorable al statu quo que mantenía los privilegios de la nobleza y el poder monárquico (derecha), y a la favorable en otorgar el poder al pueblo (izquierda), en la Roma tardorrepublicana ya podemos ver una distinción básica de ambas corrientes de pensamiento.

    Los populares serían homologables a la izquierda política actual, ya que buscaban otorgar mayor papel al pueblo, al ciudadano de a pie, para que este ganara peso en las decisiones políticas, mientras que los optimates -homologables, salvando las distancias, a la actual derecha- apostaba por seguir manteniendo el poder de la clase senatorial.

    Hasta la revolución francesa sería imposible ver nuevamente en el mundo, un ecosistema político que recreara aquel que en su momento enfrentó a los optimates con los populares. La facción más extremista de los jacobinos, liderada por Maximilien Robespierre y responsable de la época conocida con el explícito nombre de El Terror, podríamos equipararla con un precedente directo de la moderna extrema izquierda.

    Los socialistas y los comunistas entran en escena

    La revolución industrial comportó no solamente una era de desarrollo económico, sino también -y debido a los modelos productivos y su regulación legal con una escasa o nula protección de los trabajadores y ausencia total de medidas para que la riqueza creada llegara a todas las capas de población- una época de grandes desigualdades y mucha pobreza entre las clases trabajadoras que, debido a su peso específico en la nueva economía que se estaba generando, reclamaron recibir también una parte de las ganancias que estaban generando.

    El socialismo y el comunismo son teorías sociopolíticas que nacieron en aquella época, la primera en la década de los 30 del siglo XIX, y la segunda una década más tarde. Ambas apuestan por la revolución para alcanzar sus objetivos, de la cual es socialismo se desvinculará con el paso de las décadas, algo que no solamente no hará el comunismo, sino que seguirá fiel al ideal revolucionario para alcanzar el poder, sin descartar métodos para ello.

    Como siempre, los extremos se tocan, y la extrema izquierda no difiere de la extrema derecha en utilizar el arribismo, el populismo y la violencia, como métodos para llegar al poder, sin respetar necesariamente el juego democrático cuando no le conviene (pero haciéndolo, como ya postulara Mussolini, cuando sí obedece a sus intereses).

    En 1917 en Rusia, por ejemplo, los comunistas no dudaron en ir traicionando a sus aliados socialdemócratas, socialistas y anarquistas cuando les convino para hacerse con el poder, algo que harían también en España durante la Guerra Civil e, incluso, se aliarían con los nazis para repartirse Europa… sólo que Hitler acabó atacando a Stalin antes de que este pudiera hacer lo mismo contra el dictador nazi.

    Siglo XX: el enfrentamiento ideológico

    Prácticamente todo el siglo XX presencia el enfrentamiento ideológico entre las derechas y las izquierdas; los movimientos fascistas, que triunfan en los años 30 y que darán coletazos hasta los 90 en forma de dictaduras autoritarias principalmente en la parte sur del continente americano, y en el continente africano.

    Al principio aislada internacionalmente, la URSS recibe un balón de oxígeno tras la Segunda Guerra Mundial, gracias por una parte a los países satélite que crea tras el Telón de Acero, y por otra al triunfo de la revolución comunista en China.

    Es también tras la guerra cuando los partidos socialistas occidentales cortan los lazos con Moscú, que sigue ejerciendo su influencia en los partidos comunistas.

    No obstante, el devenir de la Guerra Fría, con la caída del Muro de Berlín, pondría en jaque y completamente desorientadas a las izquierdas.

    Hacia un cambio

    En occidente, muchos partidos comunistas cambiaron su nombre e hicieron frente común con los ecologistas, como en el caso de España, de Francia o de Italia (en Portugal, en cambio, continúa existiendo un partido comunista bastante ortodoxo). En los países del antiguo bloque del este, los movimientos de izquierdas, tanto moderados como radicales, fueron muy minoritarios durante unos años.

    China, sin dejar teóricamente el camino del comunismo, inició un extraño viaje a algo diferente a medio camino entre la ortodoxia comunista y la economía de mercado, un conjunto bastante difícil de digerir y que podemos ver como fruto de una voluntad de perpetuar las estructuras de poder.

    Poco a poco, los partidos socialistas se han ido posicionando en el centro del espectro político, con algunos de ellos abrazándolo abiertamente (tal es el caso de España, con el PSOE).

    Estos partidos, teóricamente de izquierda aunque más centrados, han adoptado una forma menos radical de ecologismo, y han abrazado el feminismo, adoptando también plenamente la economía de mercado, lo que ha dado situaciones tan paradójicas como la privatización de empresas públicas llevadas a cabo por partidos llamados socialistas.

    Dejando de lado grupúsculos minoritarios e, incluso, violentos, de extrema izquierda, la izquierda moderada se ha diluido completamente y, ahora, podemos calificarla de centro.

    También encontramos en la última década una serie de movimientos, de tipo populista, como Podemos en España, que se inspiran en el Chavismo venezolano, y que en teoría se encuentran más a la izquierda que los partidos que, con la caída del bloque del este, moderaron su ideología hacia el centro.

    Dichos movimientos están muchas veces guiados por un líder ‘mesiánico’, un recuerdo de los totalitarismos de izquierda del siglo XX.