Meritocracia Significado, Historia, y Ejemplos

  • Por Daniel Moreira (Historiador)
  • Oct, 2020
  • ¿Qué plantea la meritocracia?

    Es una visión organizacional del estado proyectada sobre el mérito individual con el fin de que aquellos más capaces ocupen los cargos de mayor valor y responsabilidad y, del mismo modo, instaurarse en sentido descendiente para constituir las otras áreas del sistema, pudiendo trasladarse al sector privado. La palabra como tal se expone e instala en 1958, a partir del trabajo «The Rise of the Meritocracy», cuyo autor, el sociólogo británico Michael Young, plantea un ordenamiento humano regido por la capacidad de cada uno como solución a la desigualdad y los abusos.

    Un ejemplo práctico consiste en colocar a examen a los candidatos a un puesto de trabajo, para que aquél que posee el mayor conocimiento y experiencia lo asuma; esto es, de hecho, un ejercicio habitual en numerosos ámbitos en la actualidad, pero también lo es el hecho de no respetar los resultados, y optar por darle la oportunidad a alguien que responde a intereses particulares.

    Historia: Orden de poder

    Las primeras estructuras humanas que pueden ser consideradas propiamente como estados tienen gobernantes fuertes. Son quienes pueden tomar el poder al asalto y mantenerlo frente a conspiradores, generalmente guerreros. En estas sociedades se puede progresar siendo, básicamente, fieles servidores de quien manda (y en muchos casos, simples aduladores), o despiadados que no dudan en apartar de su camino a quienes les hacen sombra. Obviamente, también se puede progresar por méritos propios al ser útiles, pero distan mucho de poder ser consideradas meritocracias de una forma estructural.

    El poder también se transmite hereditariamente, por diversas vías (paterna, materna, adopción como en el Imperio Romano), y los herederos no son siempre los más capaces. De igual forma, la administración pública peca de funcionarios utilizando su puesto para aupar a familiares, amigos y otras personas con quienes se establecen redes clientelares.

    Un primer acercamiento a lo que podríamos denominar como meritocracia, aunque se quede solamente en eso, en un acercamiento, son las monarquías electivas que se dan en la Grecia clásica (S. X a.C.) y la Roma primigenia (S. VIII a.C.). No obstante, la elección de estos monarcas estaba muchas veces supeditada a la influencia de ciertas familias y la intimidación de quienes, a la postre, debían votar. Y tampoco debemos confundir democracia con meritocracia.

    En el siglo VI a.C. el Imperio Persa Aqueménida también poseía un cuerpo funcionarial con cierta estructuración, y aunque lejos de lo que podríamos considerar como meritocracia, disfrutaba de cierta profesionalización y ascenso por méritos, aunque limitado.

    Oriente inventa el funcionariado profesional y extiende la meritocracia

    El primer estado que se considera meritocrático como tal es el Imperio Chino del siglo VI a.C. gracias a un pensador tan influyente como Confucio. Es Confucio quien afirma que el funcionariado debe recaer en manos de personas preparadas, cuyos intereses personales no interfieran en su función pública. De hecho, Confucio estaba delineando el ideal de funcionario moderno y, para poder seleccionar también a los candidatos idóneos, inventa los exámenes, creando así las primeras plazas públicas y oposiciones de la historia, aunque no correspondan exactamente a los homólogos actuales.

    Las dinastías Qin y Han abrazan abiertamente la filosofía confuciana, en este y otros aspectos, lo que a su vez les permite administrar de una forma eficiente vastos territorios.

    En su expansión asiática, los mongoles del siglo XIII llegaron a China, e hicieron en ella lo que con acierto habían hecho en otros territorios conquistados: adoptar como propio lo mejor que encontraban.

    Pese a tener ya un sistema de administración para sus inmensos territorios, se inspiraron en la administración meritocrática china, llevándola con ellos y expandiéndola por todo el mundo entonces conocido gracias a sus contactos con los pueblos musulmanes y cristianos.

    El paso de la baja edad media al renacimiento en Europa da como resultado no solamente el aprecio por el conocimiento, sino su uso práctico y también su puesta en valor. Los textos confucianos llegan al viejo continente y su concepto de la meritocracia genera interés en las cortes europeas, aunque una aplicación práctica más bien comedida.

    Ejemplos con la independencia americana y la revolución francesa

    Con la emancipación de las colonias británicas de norteamérica, debe crearse un nuevo país que, en términos administrativos, viene de la casi nada. Si bien los nacientes Estados Unidos cuentan con funcionarios con experiencia ganada en la administración británica, no es suficiente, y en un país que nace con voluntad de ajustarse a los conceptos científicos y a un desarrollo ejemplar, por lo menos en teoría, adopta la meritocracia.

    Mientras, y en el viejo continente, con la caída de la clase noble dirigente a partir de 1789, los gobiernos revolucionarios deben administrar el territorio francés y su población, así como combatir a sus enemigos tanto internos como externos. Estas tareas requieren de los mejores y, naturalmente, un gobierno en el que reina la influencia de los enciclopedistas, abraza la meritocracia para reclutarlos.

    Más adelante, y ya en pleno siglo XIX, los británicos construirían una administración meritocrática en sus dominios coloniales y, especialmente, en la joya de la corona de su imperio, la India. No obstante, esta última experiencia todavía se ve lastrada por un clasismo persistente hasta después de la Segunda Guerra Mundial en la sociedad británica y, especialmente, dentro de esta en la inglesa, en la cual la nobleza mantiene un papel preponderante en todas las capas de la sociedad, y los ascensores sociales por méritos no llegan a las plantas superiores.

    A partir de aquí, y ya entrando en el siglo XX, la meritocracia es adoptada por todos los países con mayor o menor praxis real, convirtiéndose en un ideal social para la administración pública.

    Como ejemplos paradigmáticos de meritocracias actualmente podemos citar los países del norte de Europa, los del norte de América, y algunos países asiáticos como Singapur, y aunque el resto de países del mundo buscan en teoría acercarse al ideal meritocrático, en la práctica van desde algo discutible, hasta regímenes totalmente corruptos en los que prosperan quienes se envilecen y no tienen escrúpulos para trepar socialmente.