Significado de Círculo Vicioso

¿Qué es un círculo vicioso?

Es una serie de elementos y acciones que tienen la capacidad de atar a uno produciéndole daño. Es un escenario en el que uno está atrapado, tal vez de modo imperceptible, y por ende naturalizado. En la esfera etimológica, círculo tiene referencia en el latín circŭlus, como derivación de circus, que remite a la figura geométrica que representa un pasaje que siempre lleva al punto de partida, y vicioso se relaciona a la palabra vicio, que tiene raíz en el latín vitium, entendiéndose como una falla o un defecto.

Características del círculo vicioso y cómo salir de éste

Situaciones que se repiten una y otra vez a lo largo de los años, con consecuencias negativas para la persona y/o el grupo familiar, afectando la calidad de vida de manera significativa.

Lo que tienen en común estos patrones es la imposibilidad de salirse de ellos, teniendo o no conciencia de que existen y nos dañan. No obstante, el conocer que estamos dentro de un circulo vicioso es el primer paso para poder hacer algo al respecto. Sin una toma de conciencia, no hay una percepción del problema y puede creerse que todo está bien, entonces no hay motivos para hacer transformaciones.

Sin embargo, conocer la reiteración de la que somos cautivos y también ponemos en marcha, involuntariamente, no nos garantiza lograr algo diferente en el futuro, como tampoco a veces la voluntad alcanza.

Esto que hacemos una y otra vez probablemente esté tan naturalizado en nosotros que necesitemos de ayuda externa profesional, de un psicólogo o un psiquiatra, dependiendo la cualidad de nuestro problema y las estrategias que podamos movilizar para hacer un cambio positivo.

De los círculos viciosos se puede salir, efectivamente, muchísimas veces, pero eso no quiere decir que sea sencillo, pues si hacemos algo de una misma manera hace mucho tiempo, es ilógico pretender que la solución sea rápida y simple.

Tendremos que poner mucho esfuerzo y voluntad, junto a la guía profesional, para deconstruir modos de pensar, de ser y de accionar, sobre nosotros mismos y el mundo que nos rodea. Es decir, cuesta trabajo, compromiso y, a veces, asesoramiento y acompañamiento de alguien debidamente capacitado, deshacernos de secuencias que están sumamente arraigadas en la profundidad de nuestra psiquis.

Círculo vicioso de la violencia

La agresión física o psicológica recibida en la infancia, momento más importante del desarrollo de la personalidad, pone a los pequeños en lugar de objetos, pasivos, manipulables, sujetos a la voluntad sádica de sus padres o personas a cargo.

Un pasado contaminado de esta violencia puede intentar justificarse por el adulto, para preservar una imagen valiosa de su historia infantil y de sus amados padres. También puede reprimirse hasta borrarse muchos de los recuerdos traumáticos de estos años. En tercer lugar, puede tenerse noción del maltrato vivido.

Generalmente los adultos que toman los dos primeros caminos (esto no es una decisión consciente) son los más propensos a repetir la misma historia con sus propios hijos o pareja, pues lo entienden como algo normal o no saben actuar de otra manera.

En caso de estar al tanto sobre el trato deshumanizado recibido, es más probable no hacer lo mismo, pero no siempre. Hay ocasiones en que la persona es violenta y luego se arrepiente, quiere cambiar, pero no lo logra. Es difícil dejar de comportarse del modo en que resulta habitual, pero eso bajo ningún punto de vista es una justificación.

Es probable que estos modos de interacción estén demasiado arraigados en la personalidad del sujeto violento y necesite de terapia psicológica y, en ocasiones, complementada con la ayuda profesional de un psiquiatra.

Mientras este individuo que se vincula violentamente no pueda hacer los cambios necesarios, de querer intentarlo, es fundamental tomar todas las medidas para la protección de los niños o pareja, es decir, las víctimas, quienes no pueden (ni deberían) interactuar bajo la ilusión de que en el futuro distante las cosas sean mejores.

Círculo vicioso de la pobreza

La escasez de recursos de todo tipo, básicos para tener una vida digna, se da en amplios sectores de la sociedad, las llamadas “clases sociales bajas” y tiene que ver, en gran medida, con decisiones políticas de gobierno.

Se genera un círculo cuando una familia de pocos recursos, no tiene la posibilidad, por ejemplo, de brindar una alimentación nutritiva y una buena educación a sus hijos, lo que dificulta (aunque no imposibilita) el progreso al que puedan arribar los pequeños, una vez siendo adultos.

Generalmente, los gobiernos e instituciones culpan a la propia clase social de su pobreza, cuando en realidad en gran parte, los sectores con mayor poder decisivo generan esta situación, por medio de una educación limitada y deficiente, con el objetivo implícito de formar seres dóciles y fáciles de manipular.

Por otra parte, el Estado, así como las clases más altas, se contentan con invisibilizar la pobreza y hacerla responsable, gracias al concepto de “meritocracia”, según el cual cada uno está en la posición que merece acorde a sus esfuerzos, sin contemplar que no todos nacemos con los mismos recursos y posibilidades.

En esta misma lógica, los políticos se enorgullecen de hacer pequeñas “donaciones”, lo que no revierte realmente la miseria por la que pasan muchas personas y que, en realidad, corresponden a un cumplimiento de derechos que deben ser garantizados.

La pobreza se combate con educación de calidad, accesibilidad a los servicios de salud y disponibilidad de fuentes de trabajo, en ambientes respetuosos y con un salario digno. Que esto llegue a todos las clases sociales es tarea del Estado.