Significado de Rentismo y Petro-Estado Definición, Ciclo, Auge y Crisis en Venezuela

Definición formal

Una economía rentista empieza a funcionar cuando la recepción de una renta originada por la propiedad de la tierra-naturaleza sustituye como primer ingreso nacional, a la creación de valor mediante la mercantilización del trabajo.

Tomando como referencia el caso venezolano, desde las primeras décadas del siglo XX con el descubrimiento de grandes pozos petroleros, se empezó a implantar dicha industria, ya para la tercera década del siglo XX, el petróleo constituía la principal actividad económica.

La construcción del Petro-Estado en Venezuela

El nacimiento de esta industria coincide con el período de modernización del Estado venezolano, con la formación de la principales instituciones modernas (burocracia, aduanas y Ejército Nacional profesional), a través de la dictadura de Juan Vicente Gómez (1899-1935). Los gobiernos posteriores inauguran las primeras instituciones financieras modernas privadas y públicas (el Banco Central, entidades de ahorro y préstamo, bancos de hipoteca, bancos y fondos de crédito, entre otros), sobre la base del impacto petrolero en la economía nacional.

El Estado se vuelve un ente autónomo de la sociedad, pues no depende de los ingresos fiscales o de la productividad del trabajo social, sino del ingreso rentista. Por esta razón, el Estado tiende a generar relaciones clientelares con la sociedad, a partir de los mecanismos de distribución de la renta. De esta manera, la sociedad tiende a depender del acceso a la renta, y no de su productividad.

El ciclo del rentismo petrolero

Los momentos en que los precios del petróleo suben considerablemente, el desarrollo y el progreso parecieran estar cerca, el Estado se crece con un poder casi mesiánico con el cual logran inyectar en la economía una riqueza inimaginable. En períodos como la década de los 40s o más claramente en los 70s, pareciera que el país entrara finalmente en “el progreso” ansiado.

Sin embargo, mientras el petróleo más impacta en la economía, más dependiente se vuelve ésta, y más profunda es la crisis cuando cambia la coyuntura de los precios internacionales u otra variable respectiva al comercio de los hidrocarburos.

En los tiempos de auge, el rentismo tiende a estimular la importación e industrias dependientes de las divisas estatales, así como una abundante corrupción como mecanismo de distribución directa de la renta.

Auge y crisis en los años 70s

En el año 1976 el gobierno venezolano nacionaliza la industria petrolera, incrementando en gran medida el ingreso petrolero. La gran cantidad de petro-dólares que ingresaron al país generaron un exceso de oferta, el cual impactó en la economía venezolana, sobrevalorando la moneda internacionalmente y encareciendo la producción nacional frente a las importaciones que inundaban el país.

Los grandes proyectos productivos que prometían una nueva etapa del desarrollo industrial, intentaron protegerse bajo métodos como el control de precios y el ejercicio rector y protector del Estado, chocando directamente con las condiciones favorables a la importación que condenaron al fracaso las proyecciones productivas del momento.

El auge petrolero condujo al ascenso de viejos y nuevos grupos económicos que aprovecharon el buen momento para emprender procesos de internacionalización, llegando a casos como el del grupo Cisneros, que llegó a tener el 80% de su capital fuera del país. La fuga de divisas y la ausencia de crecimiento productivo fueron la base para que la deuda adquirida sólo pudiera alimentarse con mayor endeudamiento, hasta que finamente explota la crisis desde mediados de la década de los 80s y los 90s.

Siglo XXI: un nuevo ciclo rentista

A partir del año 2005, estructura su política petrolera a través del “Plan Siembra Petrolera”, el cual consistía en el aumento a todo nivel de la producción petrolera al mismo tiempo que garantizaba el compromiso de PDVSA (la industria petrolera nacional) con las inversiones necesarias para cubrir la inversión social que demandaba el poder ejecutivo.

La gran parte de estos recursos se centralizaron en fondo extra-presupuestarios, siendo vulnerables al manejo arbitrario del poder político y a las condiciones de reproducción del ciclo rentista: inversiones improductivas, mecanismos de distribución propios del clientelismo político, corrupción y fuga de capitales. Los bolívares que ingresaron en la economía venezolana desde la inversión pública correspondieron a la emisión de moneda inorgánica, produciendo un proceso inflacionario regular. Al mismo tiempo se fijaron tasas de cambio oficiales que sobrevaluaron la moneda nacional, estimulando la importación.

Paradójicamente, la deuda externa empezó a aumentar a medida de que aumentaba la renta petrolera, triplicándose del 2002 al 2015. El consumo voraz de recursos motivado por el clientelismo político y “espíritu” de bonanza, llevó a un excesivo endeudamiento, sólo sostenible (y difícilmente) en la abundancia coyuntural de la bonanza petrolera. En el caso de PDVSA la deuda externa creció alrededor de 2.000% en 10 años. La deuda interna creció un 12.000% entre 1999 y 2014.

El año 2014, empieza un período de recesión y crisis económica. El modelo rentista llega a un límite debido a la creciente improductividad, el peso que implica una economía importadora y fuertemente endeudada, y la abrumadora inflación. La renta llegó a un límite y ya no podía seguir manteniendo una economía absolutamente dependiente. La posterior caída de los precios del petróleo agudizó aún más la situación resultando en una crisis histórica, con una hiperinflación (una inflación mayor al 50% mensual) a partir de septiembre del año 2017, mientras que el salario mínimo decayó hasta unas pocas decenas de dólares en el mismo año.

Bibliografía

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Rangel, Domingo Alberto (1972). Capital y Desarrollo Tomo II y III. Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales, Facultad de Ciencias Económicas y Sociales.

Terán Mantovani, Emiliano (2014). El Fantasma de la Gran Venezuela. Fundación Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos.