Significado de Sobreprotección

  • Por Angela Estevez (Licenciada en Psicología)
  • Mar, 2020
  • ¿Qué implica la sobreprotección desde lo psicológico y sociocultural?

    Es el cuidado desproporcional y desmedido de una madre, un padre o ambos compañeros al respecto de los niños fundado principalmente en el miedo ante los problemas que pueden sucitarse como también la incertidumbre que puede suponer salir de la zona de confort o a la posibilidad de un distanciamiento como resultado del proceso de maduración e independencia de los hijos.

    Los padres son los principales responsables por la salud y el desarrollo psicológico de sus niños, brindándoles una primer mirada y contacto con el mundo intra y extrafamiliar y un contexto de mayor o menor estimulación. Pero no existe una manera universal de desempeñar los “roles de amparo y sostén” y “corte y diferenciación” -títulos que proporciona la psicología infantil-, que pueden ejercerse indistintamente por madres y padres, una sola madre, un solo padre, dos madres, padres biológicos u adoptivos, entre otras tantas configuraciones familiares posibles e igualmente válidas.

    Algunos padres tienden naturalmente velar por la seguridad de sus hijos de un modo cauto, resguardando la libertad, sin aislarlos, preocuparlos o perjudicar su autonomía. Otros son más temerosos y se extreman en su función de amparo. Finalmente, no debemos negar la existencia de un tercer grupo parental, que cuida de modo deficiente o nulo a sus pequeños, lo que constituye un desamparo y es penado por las leyes de protección infantil de cada territorio.

    ¿Por qué es dañina la sobreprotección que nace del núcleo familiar?

    Uno podría pensar que, si salvaguardar es bueno, hacerlo más efusivamente también lo sería; no obstante, las exageraciones hacen mal en la crianza, ya sea por poco o por mucho.

    Por ejemplo, si regamos una planta con más agua de la necesaria, seguramente la ahogaremos y lo mismo sucede con los niños, que al ser desmedidamente amparados no tienen espacio para desarrollar su individualidad y estrategias de autocuidado.

    Los niños sobreprotegidos son aquellos que “viven en una burbuja”, un mundo ficticio sin peligros o, por el contrario, uno que está plagado de amenazas -según la manera en que expresen dicho exceso los padres- y tienen poca destreza para asumir riesgos -acordes a su edad y habilidades-.

    Miedos de los padres

    Como cada persona es un mundo y los padres antes que nada son sujetos con su propia historia y personalidad, no todos poseen las mismas cualidades, creencias y ansiedades.

    Un miedo frecuente es a todo lo que respecta el campo de la salud, como enfermedades e infecciones. Por ejemplo: llevar a los niños u adolescentes a numerosas visitas al médico -sin debidas causas-, abrigo excesivo, higiene desmedida, restricción de visitas y salidas al exterior, etcétera.

    Esto impide que los niños puedan desarrollar sus propias defensas de modo natural y saludable y hace que posean mucho temor en torno a su salud y se retraigan, desarrollen posibles fobias o hipocondría.

    Otros padres tienen miedo al dolor físico y, por ejemplo, prohíben que sus hijos jueguen en determinados lugares o con determinados compañeros, que hagan ciertas actividades por no golpearse, lo que lleva a una sobredimensión de las sensaciones corporales negativas.

    También puede tenerse miedo a las interacciones sociales del niño y al posible daño emocional que conlleven, por ejemplo, no queriendo que el hijo una vez adolescente se enamore, por miedo a que sufra, interviniendo en los conflictos con sus pares, etcétera.

    Razones de la sobreprotección

    Casi siempre los motivos se encuentran en la propia psiquis de los padres, independientemente de las características del infante o adolescente, aunque en ocasiones se agudizan por alguna dificultad del hijo o accidente que ha ocurrido.

    El exceso de miedo a que el niño sufra, física o emocionalmente, se enferme, muera, sea infeliz, son algunas causas de la sobreprotección, que lejos de ayudar al infante o joven, no lo preparan para su vida adulta y fomentan que desarrolle una baja autoestima y valoración de sus fortalezas.

    La creencia que engendran los cuidados desmedidos es que: “si necesito tantos cuidados externos, es porque soy frágil y dependiente”.

    A veces también se tiene miedo a que el niño crezca, se aleje y sea autónomo, ya no necesite de sus padres, por lo que se crea -consciente o inconscientemente- una dependencia a base de preocupaciones.

    Consecuencias para la construcción de la personalidad y el autoestima

    Puede suceder que el resultado sean niños muy intranquilos por los males que los acechan o, por el contrario, que se esfuercen tanto por expresar su autonomía que incurran en peligros, desafiando los cuidados adultos.

    También puede que sean inconscientes de los riesgos, pues siempre hay alguien más que se ocupa por ellos, desligándose del autocuidado.

    Otra posibilidad es que el efecto sean niños o adolescentes aislados, inseguros, poco sociables o tendientes a encasillarse en su zona de confort, con una autoimagen de vulnerabilidad.