Significado de Neotenia Definición, Ejemplos y Características en Perros

Definición formal

La neotenia es el proceso por el cual, en un animal adulto, se retienen rasgos particulares que le otorgan un aspecto infantil o juvenil, de cría. Estos rasgos pueden ser físicos, en cuanto a la morfología y fisonomía de ese animal; pero también conductuales, expresados en pautas de comportamiento definidas.

La conservación de una apariencia infantilizada se puede encontrar en la mayoría de las especies animales -con sus distintivas particularidades- pero más aún en aquellas que el ser humano ha domesticado. Para comprender bien de qué se trata, podemos enfocarnos en el bien llamado mejor amigo del hombre: El perro. Definitivamente, los millones de años compartidos en evolución paralela junto a los hombres, no han sido en vano.

Ejemplos en perros nivel conductual y morfológico

Desde lo conductual, la neotenia se manifiesta en comportamientos de juego, de colaboración en tareas con individuos de su misma especie o de otra -pensemos en perros dedicados a las terapias, entrenados para el rescate en desastres, de trabajo como el pastoreo o de caza-, en la motivación para interactuar y relacionarse con otros; en general, conductas sumisas y/o no agresivas, de mansedumbre.

En los perros, por ejemplo, se nota en la demostración de necesidades de atención: buscar procurarse contacto físico -como golpear el codo o la mano para recibir caricias-, ser altamente sociables interactuando positiva y frecuentemente con otros perros y personas, reducido temor frente a extraños o menor tensión para emprender experiencias y aprendizajes nuevos.

Desde la morfología neoténica, se destaca el acortamiento o achatamiento de hocico, cuerpo no tan grande, cabeza/cráneo reducidos en tamaño, orejas caídas, ojos redondeados y grandes. Los ejemplos gráficos por excelencia son el Baby Yoda de la serie de televisión The Mandalorian basada en la famosa Star Wars o la raza de perro bóxer.

Experiencia y vínculo entre lobos y perros

Actualmente la hipótesis más fuerte tiene que ver con el proceso de domesticación del hombre hacia ciertas especies. Por ejemplo, respecto de lobos y perros, la mayoría de los investigadores afirma que el perro desciende del lobo, pero que, a diferencia del lobo, el perro a través de la evolución y la domesticación tan invasiva que ha experimentado por parte del hombre, tiene actualmente menor tamaño, su cráneo tiene otra forma siendo más pequeño, las hembras tienen dos estros -periodo de celo- al año, son promiscuos, generalmente son muy sociables y colaborativos, etc. Características que además han mutado bastante en relación a las distintas razas que existen, y también cuando se comparan razas más antiguas con las más nuevas.

Los investigadores consideran que los cambios en la morfología y conducta entre un animal y otro, son producto de la domesticación que han sufrido porque los hombres han realizado una especie de “selección artificial” -sencillamente, esto quiere decir que a los animales que presentaban determinadas características que eran favorables y/o beneficiosas para él se los “elegía”-.

Por ejemplo, al lobo que aullaba menos y ladraba más o que tenía una actitud más sumisa, posiblemente se le haya permitido acercarse más a las comunidades humanas, permaneciendo en los asentamientos y alimentándose de sus sobras de alimento. Esto, repetida y sistemáticamente a través de miles de años, moviliza un proceso en el que estos rasgos que son más “demandados” vayan replicándose más, principalmente gracias a las hormonas (aunque esto lo sabemos recién hoy) de generación en generación dentro de esa especie.

Científicos como Coppinger y Smith van a decir que, incluso, los animales domésticos han sido elegidos por estos rasgos neoténicos, pues algunos de ellos como el tamaño de la cabeza o el hocico, contribuyen a que los animales sean más fácilmente manejables y tratables y esto es visto como algo atractivo para la vida cotidiana de las personas que comparten con estos animales.

Características anatómicas que posibilitan expresar las emociones

Juliane Kaminski, Psicóloga y científica de la Universidad de Portsmouth en Reino Unido, realizó una investigación en el año 2019 en la que comparó músculos faciales de cadáveres de lobos y perros muertos por causas naturales. Durante la investigación descubrió que los primeros no poseían un músculo que los perros sí, entendiendo que lo han ido desarrollando a través del tiempo y en la convivencia estrecha con las personas: el evator anguli oculi medialis o músculo elevador del ángulo medial del ojo. Este diminuto músculo consiste en una especie de mecanismo “resorte” en el interior de la ceja, que hace que los ojos se vean más grandes y redondeados, lo cual es popularmente asociado a un aspecto infantil humano, y que posibilita que se cree un ángulo descendente sobre el ojo, que se puede asociar a la emoción de la tristeza en los humanos.

Podríamos pensar que esta modificación anatómica de las cejas de los perros, que permite que cuando los miramos a los ojos ellos puedan moverlas, provoca una conexión emocional por asociación de expresiones emocionales que son similares al espectro de las nuestras como animales humanos. Kaminsky y su equipo, incluso, han demostrado que esta cualidad aumenta las probabilidades de ser adoptados en perros de refugio.

El tema de la mirada entre perros y humanos es fundamental. La modificación neoténica de las cejas ha contribuido, por ejemplo, a que podamos atribuir a ellos ciertos tintes emocionales, como cuando las personas comentan sobre sus perros: tiene mirada de culpable o está triste/alegre, esto permite tal nivel de identificación emocional que los vínculos afectivos con ellos son fácilmente reforzados.

Existe mucha bibliografía científica que ha demostrado que, cuando perros y personas se miran, se libera la hormona de la oxitocina en ambos. Esta hormona es conocida popularmente como la hormona del amor porque genera sentimientos positivos, tiernos, tranquilizadores. A estas alturas del conocimiento que se ha logrado sobre los perros y los humanos, se sabe que es la especie animal más eficiente y precisa -dejando muy atrás al chimpancés- para interpretar nuestros gestos, palabras, y emociones, más aún cuando existe un vínculo afectivo ya instalado entre un tutor y su perro de compañía. Los perros son excepcionales para responder al pointing -señalamiento con el dedo-, al ven o sentado, o a seguir la dirección de nuestra mirada.

Cute response (respuesta a lo adorable)

Este es un concepto que merece un apartado exclusivo, ya que tiene una vinculación muy importante con el de Neotenia. La cute response, según Lorenz (1943) y Serpell (2003), es la tendencia en los seres humanos a sentirse atraídos en forma innata -es decir, no aprendida si no instintiva y biológica- hacia todo aquello que tenga apariencia de cría: Da igual si nos imaginamos un cachorro de perro o un cachorro humano, pero enfoquémonos en los rasgos neoténicos que hemos descripto y explicado ¿Qué se despierta, normal y generalmente, en nosotros? Ternura, sobre todo, y deseos de proteger, por eso los tratamos con suavidad, como conscientes de su fragilidad.

Según Herzog las características como una frente y cráneo redondeados, ojos grandes y redondos, mejillas más regordetas y hocico corto, funcionan en los seres humanos como liberadores de instintos maternales, esto significa que instantáneamente se estimulan comportamientos de parentalidad -dícese de las tareas y roles que ejerce un padre, tutor, cuidador- de cuidado y amor.

En este sentido, podemos pensar que la neotenia es un proceso que habilita, estimulando a nuestros instintos ya presentes, a que podamos experimentar sentimientos y emociones ligadas al ejercicio de cuidado y afecto respecto de otras especies animales no humanas. Estos comportamientos constituyen la base de los lazos afectivos, la piedra angular de los vínculos de familiaridad entre tutores y animales de compañía, es decir, de las familias multi-especie.