Significado de Siete Pecados Capitales

Representación de cada pecado capital

¿Qué son los siete pecados capitales?

En la moral cristiana los vicios reciben la denominación de pecados. Se llaman pecados capitales porque cada uno de ellos es considerado el origen de otras actitudes desviadas y perniciosas. En la Biblia no hay un listado concreto sobre las siete amenazas, pero existen referencias concretas sobre cada una de ellas.

El primer teólogo cristiano que introdujo los pecados capitales fue el monje Evagrio Póntico (345 d.C. – 399 d.C.). En su obra «Sobre los ocho vicios malvados» también incluía el pecado de la tristeza. Entendía que esta emoción se opone al placer espiritual y comparaba la tristeza con un gusano en el corazón.

Características de cada uno de los 7 Pecados Capitales

1) Una persona es soberbia cuando se cree superior a los demás. Si bien la seguridad en uno mismo es algo deseable y positivo, el orgullo desmedido dificulta las relaciones con los demás.

2) La avaricia consiste básicamente en el afán desmedido por poseer riquezas y bienes para el beneficio propio. La persona avara puede llegar a cometer cualquier tipo de acción para satisfacer su codicia.

3) El apetito sexual desmedido o lujuria constituye una amenaza en varios sentidos. En el plano personal, el individuo se somete a sus deseos más básicos y por este camino se aleja del verdadero amor. Por otra parte, el apetito sexual descontrolado es normalmente incompatible con la estabilidad en la pareja.

4) La ira es una emoción que genera agresividad. Cuando se desata una reacción iracunda no tenemos control sobre nosotros mismos y, en consecuencia, podemos llegar a realizar actos violentos. Por otra parte, la ira suele ir acompañada de otra emoción negativa, el odio.

5) La gula es un pecado porque atentamos contra nosotros mismos. Comer y beber más de lo necesario es insano y, por otra parte, la persona glotona demuestra que es incapaz de moderarse. Si alguien no se modera en un aspecto de su vida, es muy probable que no se modere en otros.

6) La persona dominada por la envidia se encuentra insatisfecha de manera permanente. Esta emoción es altamente tóxica porque genera un estado de frustración. Por último, desear lo que no tenemos es un camino peligroso hacia la infelicidad.

7) El pecado de la pereza atenta contra nosotros mismos. Sus efectos son diversos: sensación de insatisfacción, baja autoestima, falta de ilusión y dificultad para cumplir nuestros sueños.

Las 7 virtudes ejemplificadas en pos del equilibrio

1) Para combatir el pecado de la soberbia se debería adoptar una actitud humilde. Una persona es humilde cuando actúa sin falsas pretensiones y asume sus limitaciones con normalidad.

2) Para contrarrestar la tentación de la avaricia, debemos fomentar la ayuda a los más necesitados. En otras palabras, en lugar de acumular riquezas y bienes hay que apostar por la solidaridad con el prójimo.

3) La castidad es el antídoto contra la lujuria. Desde la perspectiva cristiana, mantenerse casto es una forma de no someterse a los impulsos instintivos más primarios. En otras palabras, la castidad cristiana es la superación del egoísmo que busca la satisfacción inmediata.

4) La ira debe ser combatida con una actitud paciente. Así, en lugar de seguir un impulso agresivo hay que actuar con serenidad y paciencia.

5) La inclinación exagerada por la comida y la bebida, conocida como gula o glotonería, tendría que ser contrarrestada con la moderación y la frugalidad.

6) La teología cristiana entiende que el pecado de la envidia se puede superar a través de la caridad. La caridad es una virtud teologal que nos empuja a amar a Dios y al prójimo.

7) El comportamiento perezoso se combate con una actitud diligente y con determinación.